● _____:
—Oh oh,
Sam. –me detuve antes de empezar a desvestirme.
—¿Qué pasa?
¿Problemas con el vestido? ¿Los nervios? ¿El pelo? ¿Maquillaje? –la nerviosa en
todo caso era ella.– Aún quedan dos horas, podemos arreglar lo que sea, creo.
—No es eso…
Acabo de recordar que… oh, estoy en un lío. –me cubrí los ojos con ambas manos,
mirándola por el espacio de entre dos dedos.
—Quieres
hacer el favor de explicarte, mujer. –empezó a exasperarse.
—Le pedí al
señor Fogg que pujase por mí. –entrecerré los ojos, esperando su reacción. Su
boca se abrió en forma de “o”.
—Sí,
señorita, estás en un gran lío. ¡Un enorme e inmenso lío!
—Calma,
solo tengo que hablar con Harry y explicarle las cosas, así no va a sacar
conclusiones precipitadas.
—Expliques
lo que le expliques, va a sacar conclusiones precipitadas de todos modos. –alzó
el ceño mirándome y continuó bailando alrededor de su cama con su largo
vestido.– Es más fácil si le pides al señor Fogg, amablemente, que no puje por
ti.
—Eso sería
muy irrespetuoso. Yo se lo pedí, como para decirle que no lo haga.
—Está bien,
nena, entonces no hagas nada y deja que se desate la tercera guerra mundial.
—¿Tan mal
crees que se lo va a tomar? –¡Y yo que sabía que las cosas terminarían así! Se
lo había pedido después de ver como Harry se enrollaba con Mía delante de mí en
un pasillo. Aquello me transmitió directa en el alma una punzada de dolor. Bueno, ahora solo estaría conmigo… Si
conseguía salir viva después de contárselo.
—¿¡Tú que
crees!? –vaciló como respuesta.– Eres su novia. Oficialmente. La primera, única
e incondicional. Si antes ya era celoso, ahora querrá despellejar a todos los
hombres que se te acerquen. Los novios son así, te sueltan el rollo de “confío
en ti, es en él en el que no confío” –burló la voz ronca de un hombre.– para
hacer que te sientas mal y accedas a no mirar a otro jamás en tu vida.
—Creo que
debería ir a hablar con él. –solté mi vestido sobre la cama.
—Pero… ¡la
subasta! ¡El vestido! Hay que cambiarse, _______. ¡Solo nos quedan dos horas!
–exageró.
—En
realidad apenas necesito veinte minutos. –mentí saliendo de la habitación a la
vez que buscaba el número de Harry para escribirle un mensaje.
«Mueve tu
culo perezoso de la cama y plántate en el banco del pasillo. Tienes cinco
segundos o te las verás conmigo. ¡Te quiero!»
Mandé el
mensaje mientras caminaba a paso rápido para doblar a la izquierda por el
pasillo de las habitaciones masculinas. Media carrera por el pasillo después,
pude divisar los inconfundibles rizos de mi novio.
«¿Qué bien
suena eso, no?»
Entonces
dejé de lado mi romanticismo para centrarme en lo que llevaba puesto. Formal
por arriba, informal por abajo. Lo había pillado cambiándose, sonreí antes de
que mi cara empezase a arder, la camisa blanca que llevaba medio abotonada y el
lazo negro colgando alrededor de su cuello, aún deshecho, le daban el toque condenadamente sexy, pero
el pantalón de chándal holgado de color gris le daba un toque más desaliñado.
Todo eso en mi mente mezclaba un cóctel explosivo. Tenía más ganas de decirle
que fuésemos a hacer obscenidades a cualquier lugar en vez de confesarle que le
había pedido a otro que no fuese él que pagase por una cita conmigo.
—¿____?
Últimamente vives en el pasillo. –aquel brazo sobre mis hombros deteniéndome
antes de llegar a mi destino me hizo levantar la cabeza. Hablando del rey de
Roma.
—¿Señor
Fogg? ¿No debería de estar cambiándose?
—Lo mismo
digo. –alzó el ceño.– A nosotros, los hombres, no nos hacen falta dos horas.
—Ya. Eh,
señor, yo… – «vamos, _____, dile que no puede pujar por ti porque tienes un
novio con el que quieres pasar toda la noche haciendo indecencias, y para el
cual escogiste un sexy vestido negro.»
—Hasta
después, señorita Selley. –soltó su agarre, caminando por el pasillo por el que
yo había venido. No, ¡tienes que decírselo!
—Espere,
¡Ruph…! –no terminé de decir su nombre antes de que se diese la vuelta, me
guiñase un ojo, y siguiese su camino. Oh, genial, él también recordaba que
debía pujar por mí.
Con dos
dedos masajeando mis sienes, retomé el camino hacia Harry, el que ya se había
dado cuenta de mi presencia y me esperaba, sentado en el banco con los brazos
cruzados y el ceño rozando las nubes.
—Hola
rizos. –sonreí sentándome a horcajadas sobre él y jugando con estos. A pesar de
su notorio cabreo, producido por los celos, acabó por rodearme la cintura.
—Sí, hola a
ti también, ¿qué tal le va al señor Fogg? –cuando pensé que su ceño no podía
fruncirse más, lo hizo también con los labios.
—Me encanta
cuando te pones celoso, es adorable. –dejé un beso en su mejilla.
—Ya, pero
si llego a ser yo quien te pone celoso–
—Tendrías
que estar suplicándome perdón durante años. –terminé la frase por él.
—No iba a
decir exactamente eso, pero supongo que también vale. –aún estaba enfadado, así
que planté un enorme y profundo beso sobre sus labios, moviéndome ligeramente
sobre él, hasta que sentí que toda la furia del momento desaparecía por su
manera de sujetarme.
—Si estás
enfadado por hablar con él, entonces espera a que te confiese lo que tengo que
contarte. –ignoró mi comentario y siguió dejando besos por mi cuello.
—¿Y si me
lo dices después? Tengo ganas de disfrutar de mi novia, la que se presentó así
de sexy. –se comió con la mirada mi ropa y mi escote, literalmente. Quizás el
short sí era algo corto de más, y la camiseta muy pronunciada, pero…
—Ya bueno,
yo no contaba con encontrarte así, llevaba recorrido solo la mitad del pasillo
y ya tenía ganas de gritarte cosas sucias desde allí. –confesé graciosa.
—No eres
tan santa como aparentas, en realidad eres una gatita salvaje. –le encantaba
llamarme así y a mí se me aceleraba el pulso cada vez que lo hacía.
—Creo que
eso quedó demostrado ayer en mi habitación. –brillos de lujuria reflejados en
nuestros ojos. Tenía que decirle algo importante y siempre conseguía que
acabásemos hablando de otros temas.
—Díselo a
las marcas que dejaste en mi espalda, cariño. –aquello sí me hizo sonrojarme de
verdad y desde mi posición era algo difícil ocultarlo a sus ojos. Sus manos
descendieron de mi cintura.
—Tengo que
decirte algo importante, Haz, deja de calentarme. –alzó las manos inocente.
—Está bien,
dime qué es eso que va a enfadarme tanto. –esperó impaciente a que las palabras
se dignasen a ordenarse en mi mente.
—El señor
Fogg va a pujar por mí. –me miró obvio, cosa que ya sabíamos todos, era lo
siguiente lo preocupante.– Porque yo se lo pedí. –aquello sí descolocó su
mandíbula y antes de que pudiese hacer o decir nada, aprisioné sus muñecas
contra el banco.– La razón es que yo… estaba celosa. –rabia, odio e
incertidumbre reflejados al mismo tiempo en su rostro.– Ya que tú… y Mía...
–sentí como se relajaba al pronunciar el nombre de ella como causa de mis celos.–
Bueno. Yo ya sabía que os traíais algo juntos otra vez. Pero no fue hasta que
lo vi con mis propios ojos cuando me sentí verdaderamente mal. Entonces le
conté mi idea al señor Fogg un día en mi habitación. –aquello volvió a
desencajar su mandíbula.– Hablamos de los pros y los contras y acabé pidiéndole
que pujase por mí. Sam irrumpió y no pasó nada. –recalqué la última palabra
intentando apaciguar su cabreo.
—Por una
vez Sam interrumpe en el momento apropiado. –masculló y no me esforcé en
aguantar las carcajadas.
—No te
enfades, ¿vale? –busqué sus ojos mientras él bufaba irónico.– Además tengo un
vestido negro esperando a que me lo quites. –la tentación que aquello suponía
casi consiguió que Harry ablandase la faceta.– Y… –gané su atención de nuevo–
tengo un rato libre para hacer que me perdones. –mi sonrisa inclinándose hacia
la derecha consiguió borrar hasta la última gota de rabia.
[ … ]
—¡Por fin!
–exclamó Sam cuando volví a entrar.– Por un momento pensé que no habías
sobrevivido.
—Styles se
enfadó de verdad, así que tuve que hacer que me perdonase. –sequé las comisuras
de mis labios con dos dedos y ella abrió los ojos de golpe.
—¡Oh dios
mío, se la has…! –la corté antes de que soltase alguna barbaridad.
—Claro que
no. –no iba a admitir ninguna de las cosas que hacía con Harry a una ninfómana
como ella. Prefería ahorrarme los “Te lo dije”.
Sin
embargo, ella me miró victoriosa como si supiese de antemano que había
acertado. Esta estaba en ropa interior, ya peinada y maquillada, y solo le
faltaba el vestido. Uno largo, como todos los de la fiesta, de color rojo
pálido. Decidí hacerme de nuevo los tirabuzones mientras Sam tarareaba una
letra de canción que sonaba en la radio.
A pesar de sus numerosos intentos, no dejé que fuese ella quién me
maquillase, quería llevar más cara que pintura.
Bailando
como chifladas en ropa interior del más fino encaje, esperábamos a que se nos
secasen las uñas, hasta que nos detuvimos delante de nuestras camas, observando
los vestidos. El vestido negro, palabra de honor, que contenía el escote
decorado con detalles plateados y una abertura lateral en la pierna se ajustó
perfectamente a mi cuerpo cuando Sam me ayudó a subir la cremallera.
—Antes de
que te des la vuelta… –roció sobre mí una especie de perfume. Olía genial.–
Ahora sí nena, –dejó que me viese en el espejo– Harry no va a querer quitarte
el vestido, va a necesitar arrancártelo.
Por primera
vez desde que había llegado me subí a unos tacones también color plata,
excesivamente altos, pero no tan incómodos como parecían.
—Vamos,
Selley, es hora de quedarse en el backstage de la pasarela. –la seguí por el
pasillo, deseaba más el final de la
fiesta, que esta en sí. – ¿Sabes? Me recuerdas a Angelina Jolie en la
película “El señor y la señora Smith” con ese vestido. Ella escondía un arma en
la abertura lateral cuando bailaron tango y él… –empezó a soñar despierta
hablando y hablando cosas que no lograba a comprender.– Cuando te vean, todo el
mundo querrá buscar esa arma en tus bragas. –se rió como una lunática cuando yo
me atraganté con el mismísimo aire.
Por suerte
tuvo que dejar de decir tonterías cuando estuvimos con todas las demás tías.
Sobre ellas, resaltaba su largo pelo rojo, que a diferencia de siempre, contaba
con mucho más volumen y un color más vivo. Era la primera vez que veía a Mía
con algo que cubriese sus piernas.
—Selley.
–me giré hacia la puerta, Jane a pesar de estar vestida para la gala, seguía
organizando.– Hay alguien fuera que quiere verte. –caminé hacia ella, él me
dijo que vendría, que tenía algo para mí.
No se dio
cuenta de que había salido al jardín, donde me habían indicado que se
encontraba, ya que estaba de espaldas a mí. A pesar de llevar tacones de diez
centímetros, él seguía siendo más alto, pero estos me facilitaron poder cubrir
sus ojos desde atrás. Supo que era yo al instante. Cogió mis manos para
separarlas y dejar un beso en la palma de ambas antes de girarse.
Sus ojos se
abrieron como platos y por un segundo parecía que le faltase el aire. Sujetando
una mano me hizo dar una vuelta sobre mí misma, descubriendo mi abertura
lateral. Estaba sin palabras.
—Joder,
_____. ¿Quieres que me de un infarto? –se mordió el labio, volviendo a
recorrerme con la mirada.– Estás jodidamente increíble esta noche. –pegó mi cuerpo al suyo y yo me acerqué a su
oído, esta vez sin necesidad de alzarme de puntillas.
—Bueno,
dentro de tres horas estarás arrancando este vestido trozo por trozo.
—Y no sabes
cuánto voy a disfrutar de ese momento. –susurró él también.
—«Como
actividad lúdica del tercer y último trimestre del Internado San Vicente de
Paul, damos comienzo a la pasarela.» –el anuncio resonó por todo el campus.
Jane estaba presentándolos ya.
—Tengo que
irme, Harry. –dije, pero no hice nada para apartarme.
—No quiero
dejarte ir. –me pegó más a él si fue posible y me hizo girar hasta que mi
espalda estuvo pegada a su pecho. Deslizó mis bucles por un solo hombro y
pronto sentí algo frío colgar de mi cuello. Cuando volvió a colocar mi pelo,
cogí en las manos la nueva cadena que llevaba. Un avión de papel, esa que
siempre había visto llevar puesta a Harry y por la que nunca había preguntado,
no sabía que tuviese un valor tan grande. – Ahora es tuyo. –habló en mi oído,
haciéndome caer de vuelta al mundo real.
—Yo no… no
sé si me lo merezco Harry. Siempre la has llevado y parece muy valiosa.
—Lo es. No
tanto como tú, pero sois las dos únicas cosas que me importan de verdad. Y me
encantaría que la llevases. –me giré en sus brazos, quedando más cerca de su
cara de lo normal gracias a la nueva altura adquirida.
—No voy a
quitármela nunca. –cuando los primeros aplausos, muestra de que la primera
chica había salido ya, supimos que debía darme prisa.– Te quiero. –dije antes
de que él me besase hasta dejarme sin aliento, inclinándome un poco hacia
atrás.
—Y yo,
______, y yo. –besé su comisura antes de caminar hacia el lugar por dónde había
salido del backstage, sintiendo su mirada en mi espalda.
—Gracias a
mi maravilloso apellido soy de las últimas en salir, ¿esperarás a tu princesa?
–me giré para sonreírle en el último momento.
—Todos y
cada uno de los días de mi vida. –contestó volviendo a conseguir que me faltase
el aire y completamente roja. Esa fue la última visión que tuvo de mí antes de
que me reuniese con las demás.
Las
cantidades de dinero que habíamos reunido solo al llegar a la mitad de las
chicas era impresionante y muchos seguían felicitándome por la idea que había
tenido. Sam acababa de salir y observé tras la cortina, sorprendentemente su
puja se debatía básicamente entre Zayn y Aaron. Ante el ímpetu de estos, los
demás no tenían nada que hacer. Sonreí mientras adjudicaban la cita al moreno y
Aaron bufaba de rabia.
—Eres
increíble. –reí cuando esta entró librándose de su faceta artificial.
—La
pasarela es genial, ¡eres el centro de
atención! –yo sí que empecé a prestar atención cuando salió Mía. Rowling, con
R, por lo que la siguiente…
—_____ Selley,
sales ahora. –la voz de Jane aclaró mis ecuaciones mentales. Cuando Mía entró,
los nervios se apoderaron de mi estómago.
Oír mi
nombre en la presentación los hizo desaparecer. Los focos me cegaron un
instante pero no dejé que se me notase. Recorrí la larga pasarela lo más
sensual que pude, con el colgante reluciendo y mis movimientos dedicados a su
anterior dueño. Más manos de las que esperaba se alzaron al empezar la puja.
Oculté una carcajada con la mano cuando me encontré con Harry fulminándolos a
todos con la mirada.
A medida
que el precio se elevaba, y no poco, algunas manos decaían. Mis manos se
apretaron contra mi estómago cuando el precio llegó a las dos mil libras. Era
una completa locura. La última mano decayó, dejando mi cita a manos de Harry y
el señor Fogg.
«Coge
palomitas, _____, esto se pone interesante.» –se burló mi cerebro, pero mis
maldiciones mentales lo hicieron acallar.
—Tres mil
libras. –esa era la voz del señor Fogg, la misma que me hizo mirarlo con los
ojos como platos y la boca en forma de “o”.
—¡Adjudicado!
–antes de que Harry pudiese decir nada y seguir pujando, mi noche cayó
completamente en manos del profesor.
·En el próximo capítulo·
—Eh, son las doce. Tengo que irme. –me levanté del suelo al mismo tiempo que él.
—¿Mi cinderella va a perder los zapatos de cristal? –aquello me hizo girarme para mirarlo. Lo mismo me había dicho Harry, ¿la diferencia? Yo no era la cenicienta del señor Fogg.
«Vamos, ____, no puedes enfadarte por eso.»
Soy una malcriada, por lo que tengo derecho a hacerlo.
Osstias...siguiente ya! Lo necesito el cap fue increible *--* HARRY ME DIO SU COLLAR!! SU PRECIADO COLLAR!! ME OYERON BITCHES!!??
ResponderEliminarOH MY FUCKING GOD!! SAMOS TONTOS?! COMO DEJAS EL CAPÍTULO AHÍ?! Me encanta tu novela, es tan cabezazos al teclado*-* muero y revivo cuando la leo(yo me entiendo) has tardado en subir(para mi ha sido una larga espera de sufrimiento) pero ha merecido la pena para encontrarse con este PEDAZO DE CAPÍTULO QUE HACE QUE TU PULSO SE ACELERE( por lo menos a mi e.e)
ResponderEliminarSam, que decir de ella, desde el primer día que conoció a Selley me encantó, es una chica muy atrevida, lanzada y pervertida(todo hay que decirlo) que hace que más de una vez me ría yo sola, ¿Qué va a hacer con Malik *O*? Harry y Selley hacen la pareja más maravillosamente maravillosa del mundo que hacen que cada día me enamore más de esa pareja*-*, y luego está el Señor Fogg, que me cae bien, PERO NO TENÍA QUE HABER PUJADO TANTO, SE TENÍA QUE QUEDAR ESA CITA HARRY, NO ÉL! Pero bueh, mientras que no le haga nada a la relación de Selley y Harry estoy contenta.
¿Y que te quiero decir con todo esto? Pues que quiero siguiente, no lo quiero, TE LO EXIJO SIGUIENTE CUANTO ANTES(notese mi desesperación) porque yo no pido siguiente, yo lo exijo y más como una novela como la tuya. CHAO! KISSES MÁS GRANDES QUE UNA CATEDRAL Y ESPERO QUE SEAS UNA CROQUETITA DEL SEÑOR BASTANTE FELIZ!!^^
P.D: Soy ''I Need Kill Myself''.