viernes, 28 de junio de 2013

VEINTINUEVE: CON LAS GANAS DE DECIRNOS TODO.

● ______:

—¿Señor Fogg? ¿Por aquí a estas horas? –dije al descubrir al profesor de literatura, cuando me giré.
—Ya te dije que podías tutearme. Y sí, no podía dormir. Los profesores no tenemos ese “bar” –entrecomilló la palabra con los dedos– para divertirnos los martes. Puesto que como tal no puedo entrar, decidí salir a caminar por el campus. Lo que me parece raro es que tú no estés en él, disfrutando de tu único día de fiesta, por así llamarlo, en vez de aquí, plantada en medio de un pasillo.
—No me apetecía nada ir, será eso.
—¿Entonces vienes conmigo a caminar por el campus? –la sonrisa que acompañó a su pregunta me sorprendió. Me tomé unos segundos para analizarlo como no había hecho antes, su pelo azabache algo alborotado, y barba muy poco poblada. Era alto, bastante, puesto que yo llegaba a la altura de su pecho. La camisa, que ahora llevaba sin la chaqueta correspondiente al uniforme del profesorado, la vestía arremangada hasta los hombros, y marcaba todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, que no estaban para nada poco desarrollados, y descubrí entre los botones sueltos de su camisa, que de su cuello colgaba una cadena. Sus ojos café me especulaban, esperando una respuesta. Pero yo seguía observándolo, hasta salir del trance.
—Sí. –acepté.– Vamos a mi habitación. –me dirigí hacia allí con su mirada en la espalda.
—¿Qué? –preguntó, confuso.
—A coger una chaqueta. –lo miré sobre los hombros, con el ceño en alto y una sonrisa burlona. – Bienvenido a mi caseta de perro, que aun por encima comparto con otra persona. –vacilé cuando llegamos.– No te asustes de nada de lo que puedas encontrar por el suelo, la comparto con una ninfómana empedernida.
—Si quieres, puedo conseguir que tengas una habitación para ti sola, y dejes la…sesenta y nueve. –solté una risa floja.– Al fin y al cabo, ahora estoy en el consejo escolar.
—Seguiría teniendo el problema de que la habitación sería demasiado pequeña. –cerré la puerta con la llave, después de salir. Mandaría un mensaje a Sam diciéndole que no me esperase.
—Así que estás acostumbrada a tener cien metros cuadrados para ti sola.
—¡No te pases! –golpeé suavemente su hombro.– Bueno, sí, tienes razón.
—¿Ya no son cosas mías, eh? –se burló cuando llegamos a la parte delantera del campus, debajo de los altos pinos que se extendían a los lados del camino principal, por el que había llegado hace casi un mes, había un hueco en entre ellos, en el que las ramas no tapaban el cielo y en el que decidimos sentarnos.  La vista al cielo era preciosa y para nada decepcionante,  la única tacha era el frío, impropio para estar casi a mediados de abril, que recorría el ambiente. Me senté en la hierba, mientras que el señor Fogg se dejó caer, tumbado, a mi lado.
—Siento sacar el tema, ______, pero me siento culpable, así que perdona por haberte presionado para que hablases con Harry. –saqué la vista del cielo para clavar la mirada en él. Apoyando la cabeza en sus brazos, también me miraba tumbado en el suelo.
—No te sientas culpable, si no llego a escuchar lo que dijo, ahora mismo estaría siendo una más de sus muñecas. –le resté importancia, pero por dentro mis entrañas estaban hirviendo.
—Esta mañana habéis hablado. ¿Te dio alguna explicación? –negué con la cabeza.
—Lo intentó, pero no quería escucharlo. Estaba tan en mis trece de que Harry había cambiado, que escuchar aquello de la cafetería o me había dolido, o me había enfurecido, o las dos cosas. Nada está sucediendo como yo quería. Nada tenía que suceder así. –abracé mis piernas y hundí la cabeza entre ellas, pero ya había dicho anteriormente que no derramaría una sola lágrima.
—¿Y qué está pasando ______?
—Y después de todo, no pasó nada, simplemente se acabó. –dije aquello que tantas veces repetía en mi mente, con la voz quebrada. Y para evitar que la primera lágrima se formase, volví a mirar hacia el cielo, uniendo en mi mente las estrellas, y creando diferentes formas. No dejé de abrazar mis piernas pues el frío seguía presente.
—¿Cómo te hacen sentir sus actos? –pronto sentí algo colocarse sobre mis hombros y evitar que el frío se colase bajo mi chaqueta. Descubrí su camisa tapándome del frío y volví a desviar la mirada, que se había quedado embobada recorriendo sus músculos, al ver que él se tumbaba de nuevo, esta vez sin ella, de su cuerpo.– No creas que no me doy cuenta de que te mueres de frío.
—Me la sudan sus actos. –dije sorbiendo por la nariz, y pasando la mano bajo mis párpados por primera vez, por lo que no sonó muy convincente.
—Que te la suda, ¿no? ¿Y entonces por qué lloras?
—No lloro. –dije lo más firme que me permitió la voz.
—¿Sabes que ahora mismo está hablando tu cabeza llena de ego verdad? –no le contesté, puesto que no quería darle la razón, ni dejarle ver lo caprichosa que me ponía en los casos en los que yo no tenía la racionalidad.– Entonces, que sea el orgullo quien te abrace cuando lo necesites y te bese cuando se lo pidas.
—¡No necesito nada de él! –hablé, quizás, demasiado alto.– ¡Ni sus besos, ni sus abrazos ni sus miradas! ¡Mucho menos que me dirija sus palabras! Y no sé por qué él es lo único de lo que no me arrepiento. –lo último lo dije inaudiblemente, ovillándome dentro de su camisa, y dejándome caer yo también tumbada en el suelo.
—A veces es más fácil fingir que no te importa, que admitir que te está matando. –soltó, mirando también las estrellas.

● Harry:
Ya conocía de sobra las curvas de la morena que se había sentado a mi lado en el sofá, después de pasar su mano por mi hombro y darme un beso en la mejilla, que yo interpreté como muestra de apoyo. Tampoco sabía qué es lo que estaba haciendo allí, si lo que más me apetecía en este maldito momento era despertarme en mi cama, hace once años, cuando formaba parte de una familia feliz. Falsa, pero feliz. Cuando mis únicos problemas eran que mi hermana no me encontrase jugando al escondite y procurar que mi padre no me pillase jugando con los coches de su colección de clásicos.
—Lo más triste es que ella pensaba que ahora eras diferente. –dijo quitando su brazo de mis hombros, y sentándose con las manos apoyadas en sus piernas, de la misma manera que yo, para quedar cerca y poder hablar sobre el gran ruido de aquella habitación.
—Creí que nadie podría hacerlo, Sam. Nadie pudo hacerlo antes. Desde que llegué aquí, jamás me he parado a pensar en cómo podía sentirse ninguna mujer después de que yo las dejase el día siguiente. Tampoco me había importado. Y ahora llega ella y trastorna mis sistemas.
—¿Ni Rose?
—Ni siquiera Rose.
—¿Entonces ya no eres el señor idiota-prepotente-engreído Styles? –me miró con el ceño en alto, sin ocultar la sonrisa pícara. Esa que decía, “te lo dije”.
—Sí lo soy. O eso intento seguir siendo. Pero quiero dos cosas y solo puedo elegir una.
—¿Hablaste con ella? –asentí.– ¿Pero…? –alargó la palabra.–  Siempre hay un pero.
—Siempre nos quedamos con las ganas de decirnos todo.
—Viene de una familia en la que hay que chasquear los dedos para tener lo que quieres, y tú de una en la que todo fueron desprecios y negaciones. Ella llegó aquí y se encontró con algo que no puede conseguir solo por desearlo y eso la saca de quicio. Por eso niega todo lo que te desea. Y tú, bueno, tú solo sabes vivir de desprecios y negligencia, así que tu vida despreciando mujeres te gustaba y te negabas a dejarla. ¿Y qué pasa cuando ______ entra en tu vida? Que por alguna razón no quieres hacerle daño, no quieres que sufra. No te ha cambiado, Harry, solo has encontrado a alguien que te importa lo suficiente como para no hacerle daño.
—No le importo, Sam. Ni siquiera se ha molestado en escucharme.
—Si actúa como si no le importas, es cuando más te necesita. –continuó antes de dejarme hablar.– Simplemente se comporta bordemente para que te alejes, solo intenta hacerse daño a ella misma, aprender a base de golpes que no te necesita, porque no puede tenerte.
—¡Sí que puede! ¡Y odio sentir que cuanto más borde me contesta, más la necesito! –su primera respuesta fue un abrazo. Y se lo agradecí.
—¿En qué piensas? –volvió a hablar cuando me quedé callado.
—Algo me dice que no podré conseguirlo nunca.
—¿Conseguir el qué?
—Estar con ella como estoy contigo.
—¿Eso es lo que quieres, Harry?

—No. Pero me conformaría. 

·En el próximo capítulo·

Seguramente no he hecho todo lo que ha estado en mi mano para recuperarla, pero ella tampoco ha querido escucharme. Y por una vez desde que llegó, voy a hacerle caso.
—¿A qué te refieres?
—Se acabó. 

viernes, 21 de junio de 2013

VEINTIOCHO: HASTA QUE LOS DOS DEJEMOS EL ORGULLO DE LADO.

                                       
● Harry:

—¿Algo más que añadir? –preguntó con el ceño en alto.
—Quizás un, “¿Solo han pasado dos días y ya te has buscado a otro?” –mierda, quería desmentir lo que había oído, no empeorar las cosas.
—¿Viniste a reclamarme? –me miró alzando en ceño– Porque en ese caso yo también tengo bastantes cosa que reclamarte a ti. ¿Eh, Mía?
—En realidad yo venía a explicarte que...–no me dejó acabar de hablar. Enfureció.  
—¿A explicarme qué, Harry? Tranquilo,  sé cómo eres y sabía perfectamente cómo acabaría esto.  Así que te ahorraré la molestia y el tiempo de repetirme que solo me querías para el sexo y te dejo en paz para que puedas volver a tu vida de acostarte con una diferente cada noche. Ya no tienes que andar detrás de mí para hacerme pasar por tu cama, así que, ahora cumples tu parte del trato de olvidarte de que existo.  –sonrió para ocultar el daño que sus palabras provocaban en ella.
El mismo que provocaría en mí, si no supiera que son mentira. O eso es lo que quería creer y lo que esperaba.
 —¿Ahora me vas a dejar hablar?
—No,  porque no quiero escucharte. Tus actos ya lo han dicho todo.
—¿Con actos te refieres a un trozo de conversación que escuchaste, y que sacaste de contexto?
 —No. Me refiero al hecho de que la noche después de que... –o le costaba decirlo en una situación como esta, o le costaba creerlo. – Follásemos, –se me escapó una sonrisa al recordarlo, la obligué a desaparecer. – te acostaste con Mía.  –abrí los ojos. ¿De dónde había sacado eso?
—¿Ah sí? ¿Y de dónde sacaste esa información?  –la miré con el ceño en alto, produciéndole dudas.
—Es lo que tiene llegar tarde a clase. Te enteras de la vida de todos.
—Cambia de contactos.
—¿Por qué debería creer que es falso, después de la confirmación que me has dado ahí dentro? –gritó a plena voz. Estaba muy enfadada, por no decir que me estaba descuartizando con los ojos.
—¿Que por qué? –los gritos también salieron de mi garganta. – ¡Porque puedo ser un cínico, prepotente, un mujeriego de primera y un arrogante, pero no un mentiroso! ¡Porque estoy harto de no poder hacer nada y tener que ver como irremediablemente me cambias! ¡Sí, es cierto que antes había una tía diferente en mi cama cada noche, y eso puede hacerte dudar ahora! ¡Pero lo has conseguido Selley, me has cambiado! ¡Y no pude hacer nada!  Estoy echando a todas las tías que llaman a mi puerta. ¿Y tú dices que me he acostado con otra?  No sé qué te ha dicho el nuevo profesor. Pero está en tu mano creer lo que quieras.
—Él me ha dicho que fuera a arreglar las cosas contigo. Que sabía que sería más feliz que con mi ego. –susurró. – Adiós Harry. –sabía que se iba porque, de nuevo y como ya había pasado antes, su orgullo no dejaría que la viese llorar.
—¿Para siempre? ¿O hasta que los dos dejemos el orgullo de lado? –le grité mientras caminaba hacia el instituto.

[…]


—Las dos veces que he ido en todo el curso, han estado a punto de violarme. Así que si no te importa, me quedo en nuestra habitación.
—No es mi culpa que bebas más que todo el internado junto.
—Si no me abandonases por el primero que te da sexo…
—Selley, quiero verte entrar por la puerta de ese antro en cinco minutos, así que prepárate. –Sam me miró con el ceño en alto, antes de abandonar el pasillo, dejándome sola. ¿Volver ahí? ¿Hoy? Como si tuviese alguna gana de fiesta en todo el cuerpo. Continué con el intento de que mi padre me cogiese el teléfono por tercera vez, haciendo un recorrido turístico por todo el pasillo, hasta que acabé en el lugar inicial, y, por fin, oí su voz al otro lado.
—¿______?
—Hola papá.
—¿Qué tal por el internado?
—Bien, supongo. Aunque llamaba por otra cosa…¿Tenéis noticias sobre el asesino de mamá?
—Todavía no, entiende que los detectives privados hacen lo que pueden, pero no es fácil si no hay una mísera pista más que aquel trozo de papel.
—Ante todo caso, en los dos meses que me quedan, te quiero aquí.
—¿Tantas ganas tienes de volver a casa ya?
—¿Tú que crees, papá?
—Pues por lo que me cuentan, el beso que le diste a aquel chico, el que dices que no es tu novio, delante de todo el mundo, parece lo contrario a una tortura. –hablaba del beso de la obra. Y eso había sido un golpe bajo. Una puñalada directa al corazón, que así como había entrado, había atravesado hasta el otro lado. Me apresuré a hablar antes de que se me quebrara la voz.
—Simplemente estaba actuando.
—Igual eres capaz de hacer creer eso a los demás, pero recuerda que eres mi hija, y te conozco. –se hizo silencio al otro lado de la línea y se escuchó una voz de fondo.– Lo siento, cariño, tengo que dejarte, reunión de última hora. Recuerda que para cualquier cosa que necesites, puedes llamarme. Te mantendré informada sobre lo de tu madre. Espero verte pronto, la casa sin su pequeña ya no es lo mismo. Te quiero, _____.
—Y yo a ti, papá.
Al colgar supe que algo iba mal. Papá no solía expresar su afecto, y mucho menos decir te quiero y que quiere verme pronto. Sabía algo y no parecía por la labor de querer decírmelo, aunque sabía que posiblemente fuese por mi bien, había empezado a hartarme de que me ocultaran cosas. Y que fuera la pequeña de la casa ya no tenía excusa.
Pretendía hacer caso a Sam en lo que volver a la habitación se refería, sin embargo, me quedé allí, como una boba, plantada en medio del, ahora, oscuro pasillo, observando la pantalla de aquel IPhone blanco. Cavilaciones sobre qué podía estar pasando con mi familia, y si alguna vez volvería a ser lo de antes, ocupaban mi mente en estos instantes, pero una voz ronca y grave, ya conocida, se ocupó de librarme de ellos.
—________? –provenía de mis espaldas.



·En el próximo capítulo·

—¿Hablaste con ella? –asentí.– ¿Pero…? –alargó la palabra.–  Siempre hay un pero.

—Siempre nos quedamos con las ganas de decirnos todo. 

viernes, 14 de junio de 2013

VEINTISIETE: TODO SEGUIRÁ IGUAL QUE ANTES.

● _____:

Reí ante la ocurrencia del nuevo profesor. Me disculpé con él por el comportamiento que había tenido a primera hora. Tenía treinta años recién cumplidos y me recordó a mi madre, de treinta y dos años,  que en un mes cumplía uno más.  Me prometí llamar a papá para saber si tenía noticias.  Al fin y al cabo, tenía una especie de asesino buscándome. Dejé de mirar la sonrisa del señor Fogg. Un error, puesto que crucé una mirada con Harry. ¿Ahora me miraba decepcionado? ¿¡Y cómo debía mirarlo yo a él!? ¿Le miraba como si dijera un "¡muy bien, te has tirado a otra! ¿quieres un premio?"?  
—¿______? –preguntó y retiré la mirada de Styles para volver a centrarme en él. – Ahora ya entiendo el porqué de tu comportamiento tan arisco a la mañana. –me sonrió con las cejas en alto.
—¡No! No es lo que estás pensando. –me excusé al notar el calor en mis mejillas.
—¿Entonces vas a decirme que no te gusta ese chico? ¿Ese que no ha dejado de mirarte durante toda la clase? –subía y baja las cejas mientras seguía sonriendo. Me sentía como una charla de padre e hija, pero sin el factor incomodidad.  
—No es exactamente así...
—A ver si acierto, estás enfadada con él y tienes ganas de arreglarlo. Pero tienes un orgullo el doble de grande que tú. –también burló mi estatura, para evitar que la situación se incomodase.
—¿Qué? ¡N...! Sí. –acabé admitiendo.
—¿Entonces por qué estás aquí?  –lo miré sin entender lo que decía– ¿Por qué no estás yendo hacia allí dispuesta a arreglarlo?
—Porque...–bajé la mirada para ocultar mi rubor. En cierto modo no tenía excusa a parte del orgullo.  
—¿Qué prefieres, ser feliz con él o con tu orgullo? –soltó y yo ya sabía lo que quería. Pero no era capaz.  
—Yo...sé lo que quiero. Pero no puedo hacerlo. –no quería explicarle por qué razones no podía hablar con Harry. Debía hacerlo y lo sabía. Pero no podía simplemente por el hecho de que él ya se ha buscado a otra.
—Ve. –dijo y me dio un leve empujón para que me levantase.– Quizás no sabes aun lo que quieres de verdad, pero cuando llegues a su mesa y te plantes delante de él. Lo sabrás.  –sonrió y me dio valor. Caminé hacia su mesa, él tenía la vista puesta en su plato y clavaba su cuchillo en la carne. ¿Qué iba a decirle? Lo primero debía ceder y pedirle perdón. Y que quería ser su amiga. Y también que arreglásemos todo.
Sonreí al pensar que todo quedaría atrás. Estaba dispuesta a olvidar los rumores de esta mañana. Quería ser como Sam, no quería esta mierda. Me detuve delante de su mesa, dispuesta a hablar, pero no lo hice.
—Nada. No va a pasar nada. –no era tonta y sabía que hablaba de lo que había pasado con nosotros–  Ya me la he llevado a la cama, ¿no? Es lo que quería desde un principio. La nueva ha caído como todas las demás. Y ahora, todo seguirá como antes de que ella hubiese llegado. –después de escucharlo supe que me había equivocado. ¡Bien Selley!  Ahora ya sabes que no deberías haberte acostado con Harry nunca.
— Debería habérmelo imaginado. –dije, aunque no era mi intención decir nada. Solo quería irme de ahí. Y eso es lo que hice. Vi por el rabillo del ojo como levantaba su cabeza y me miraba.
Pero no, ya no se lo merecía.  
Dejé que la puerta se cerrase con un golpe detrás de mí. No iba a llorar, él no se merecía una lágrima. No sé en qué momento pensé que había cambiado,  pero me equivoqué completamente.  
De acuerdo,  Harry, todo seguirá igual que antes de que yo hubiese llegado.


•Harry: 
La mesa se quedó en silencio hasta que la puerta de la cafetería se cerró de golpe.
—Me pregunto por qué no estás corriendo detrás de ella para decirle que lo que ha oído es una completa mentira. –ignoré el comentario de Zayn, aun ahora me parecía estar viendo sus ojos mirarme de reojo con decepción.– Harry o vas tu o va él. –volvió a hablar y ahora sí que me centré, Zayn señalaba al nuevo profesor saliendo de la cafetería seguramente detrás de ella.– Y ya sabemos como pretende subirle la moral a Selley.
 
—Sexo. –canturreó Niall, y si ya antes estaba de camino, esto solo me hizo acelerar el paso.
Seguí al nuevo profesor hasta el exterior del edificio y vi cómo se detenía al lado de un árbol, sentada a los pies de este, estaba ella.
Necesitaba tiempo para aclarar que pasaba por mi cabeza en este momento. ¿Qué podía tener este pequeño diablo para hacerme sentir esto?
 
Yo no quería que después de haber experimentado lo que era tener su pequeño cuerpo bajo el mío, lo nuestro se quedase en nada.
 
<<Lo nuestro>>
Sonaba a relación. Y en eso era completamente inexperto. Tampoco estaba seguro de querer ganar experiencia. Pero por alguna razón no quería perderla, no a ella. Porque tenía algo que me atraía irremediablemente,  e iba a creer que solo era atracción a ese algo.
—¿Puedes dejarnos a solas? –escupí bordemente al que era mi nuevo profesor de literatura. Selley intentó protestar, pero este acabó cediendo.
 

—Todo va a estar bien. –oí como le susurraba y juro que no le pegué la ostia de su vida porque no quería admitir ni dejar ver que podía sentir celos de ningún tipo.
Vi como _____ soltaba todo el aire de golpe antes de levantarse y quedarse cara a cara conmigo.

·En el próximo capítulo·
—¿Para siempre? ¿O hasta que los dos dejemos el orgullo de lado? –le grité mientras caminaba hacia el instituto.

viernes, 7 de junio de 2013

VEINTISEIS: A SOLAS.

● _____:
La alarma volvió a sonar, interrumpiendo mis sueños para traerme de vuelta al mundo real, con todos los problemas que eso conllevaba.  
—¡Hoy es martes! –exclamó ilusionada Sam, gritando ya de mañana.  
—¿Qué tienen de bueno? –me quejé mirando mi horario. Los martes, jueves y viernes tenía a primera hora de la mañana lengua y literatura. En realidad mis primeras horas daban asco siempre.
—Fiesta cariño,  hoy toca fiesta.  
—Y hoy vas tu solita. Yo a aquel antro no vuelvo.
—Acabaré convenciéndote.  –negué con la cabeza ante su terquedad y acabé de ponerme el uniforme. – ¿Sabes que vas a llegar tarde?  –soltó una carcajada mientras salía corriendo. Y no mentía,  hoy ni de broma me daba tiempo a pasarme por la cafetería. Con las cosas de lengua en mano salí corriendo yo también. El pasillo estaba ya prácticamente vacío. Solo un par de rubias al fondo parecía seguir hablando sin importarles nada.
—Hay rumores de que se ha visto a Harry salir de la habitación de Mía a altas horas de esta noche. –oí a la más alta de las dos.
—¿Crees que volvieron?  –esta vez fue la otra la que habló. "Que yo sepa nunca tuvieron nada", gruñí mentalmente antes de llegar a clase. La puerta ya estaba cerrada, recordé que hoy había profesor nuevo,  debido al incidente de ayer. Mi cabeza hervía de rabia,  y seguramente fuese por lo que habían dicho las rubias. No iba a negar que me jodía que después de haberse acostado conmigo se fuese con Mía por muy enfadado que estuviese.  Intentaría que toda la rabia que empezaba a acumularse en mi cabeza pasase desapercibida,  pero cuando abrí la puerta de clase de golpe, a lo bruto y sin llamar, sabía que no lo conseguiría.  
—¿Y usted es? –preguntó el que debía ser el nuevo profesor.
—_______ Selley, puede llamarme ______, puede llamarme Selley, o puede no llamarme.
—Bien señorita Selley, yo soy Ruphert Fogg, su nuevo profesor.  
—¿En serio?  ¿De dónde han sacado su nombre?  ¿De la vuelta al mundo en ochenta días?  –recordé el apellido del protagonista de aquella obra.
—Puede ser, ahora siéntese.  
—Ya tenía pensado hacerlo. –susurré mientras tomaba mi sitio de siempre. Abrí una página al azar y me centré en mirar por la ventana  los miles de árboles que había en el acantilado donde estaba el internado. Tenía la sensación de tener sus ojos claros clavados en mi, pero no me dignaría a mirarle. Ni ahora ni nunca. ¿En qué momento se me olvidó quién era Styles de tal manera como para acostarme con él? Debería haber esperado lo de Mía.  
—La clase ha acabado. –la voz del nuevo profesor me hizo centrarme.
—¿Ya? –preguntaron al fondo– Si aún quedan diez minutos...
—Es el primer día,  por hoy ya he acabado. –dio vía libre y la gente empezó a juntarse y a hablar. Yo seguí contemplando las vistas intentando ignorar los comentarios del pasillo de las rubias.  No sé por qué no podía creérmelo. O a lo mejor intentaba convencerme de que Harry había cambiado y no se había acostado con otra. Noté los párpados húmedos, un estrepitoso estruendo evitó que se derramaran esas lágrimas. Solté el aire de golpe y oculté la cabeza entre mis brazos. Me tomé un momento para reflexionar. Esto ni siquiera debería afectarme.
—Señorita Selley. –el nuevo profesor me llamó,  evitando que saliese aún de clase.
—¿Sí?
—Necesito hablar con usted.


●Harry:
—Vaya para el profesor nuevo. –Niall y los demás lo observaban a la hora de comer. – Acaba de llegar y ya las tiene a todas detrás suyo.
—Normal, desde que Harry ya no hace caso a ninguna, y sumando lo necesitadas que están y que el profesor no tiene más de treinta años…
—¿Qué tengo yo que ver? –hablé ahora, pero en ningún momento levanté la cabeza del plato– Hay otros doscientos tíos en el instituto,  suficientes para todas. Y me da absolutamente igual con quién se quede el profesor ese. Y me importa aún menos si se las lleva a la cama.
—¿Y si esa chica es _______ y está ahora mismo allí sentada con él,  a solas? –recalcó ese último "a solas" y me hizo levantar la cabeza. Allí estaba ella, sentada con él, y riéndose a más no poder. La observé hasta que nuestras miradas se encontraron, ambas reflejaban lo mismo.
—Que haga lo que quiera. –dije volviendo a centrarme en mi plato.
—Eso ha sonado más falso que un billete de tres dólares.
—¿Por qué tendría que importarme lo que haga?
—Porque la quieres,  es obvio.
—¿Que tengo que hacer para que creáis de una vez que no me gusta?
— Absolutamente nada. No hagas nada y limítate a observar como otro la hace reír y se la lleva a la cama. Cuando la pierdas, tú mismo te darás cuenta de si la querías o no.
—¿Qué te pasa, Zayn?  Últimamente estás muy filosófico.  –intenté cambiar de tema. No iba a negar que no me gustaba verla a solas con otro tío en otra mesa.  Y mis celos son los que nos habían dejado en la situación en la que estábamos. Pero debía hacerlos callar.
—No estoy filosófico. Solo digo lo que veo, y lo que tú no te quieres creer. –jugué con lo que parecía ser puré de patatas que me habían echado en el plato.– O si no, dime Harry, ¿qué va a pasar ahora con vosotros? –preguntó y ahora iba a mentir. Pero como nunca antes  lo había hecho.  
—Nada. No va a pasar nada. –a cada palabra que decía,  el vacío que sentía dentro desde que discutimos, se retorcía–  Ya me la he llevado a la cama, ¿no? Es lo que quería desde un principio. La nueva ha caído como todas las demás. Y ahora, todo seguirá como antes de que ella hubiese llegado. –dije todo ello clavando el cuchillo en lo que pretendía ser un cacho de carne, para intentar que sintiese él, el dolor  que aquellas palabras provocaban en mí sin poder evitarlo.

—Debería habérmelo imaginado... –oí,  pero aquella voz no era de ninguno de mis amigos, y me hizo levantar rápidamente la cabeza.  

·En el próximo capítulo·
Pero por alguna razón no quería perderla, no a ella. Porque tenía algo que me atraía irremediablemente,  e iba a creer que solo era atracción a ese algo.