● Harry:
—¿Algo más
que añadir? –preguntó con el ceño en alto.
—Quizás un,
“¿Solo han pasado dos días y ya te has buscado a otro?” –mierda, quería
desmentir lo que había oído, no empeorar las cosas.
—¿Viniste a
reclamarme? –me miró alzando en ceño– Porque en ese caso yo también tengo
bastantes cosa que reclamarte a ti. ¿Eh, Mía?
—En realidad yo venía a
explicarte que...–no me dejó acabar de hablar. Enfureció.
—¿A explicarme qué,
Harry? Tranquilo, sé cómo eres y sabía
perfectamente cómo acabaría esto. Así
que te ahorraré la molestia y el tiempo de repetirme que solo me querías para
el sexo y te dejo en paz para que puedas volver a tu vida de acostarte con una
diferente cada noche. Ya no tienes que andar detrás de mí para hacerme pasar
por tu cama, así que, ahora cumples tu parte del trato de olvidarte de que existo. –sonrió para ocultar el daño que sus palabras
provocaban en ella.
El mismo que provocaría
en mí, si no supiera que son mentira. O eso es lo que quería creer y lo que
esperaba.
—¿Ahora me vas a dejar hablar?
—No, porque no quiero escucharte. Tus actos ya lo
han dicho todo.
—¿Con actos te refieres
a un trozo de conversación que escuchaste, y que sacaste de contexto?
—No. Me refiero al hecho de que la noche
después de que... –o le costaba decirlo en una situación como esta, o le
costaba creerlo. – Follásemos, –se me escapó una sonrisa al recordarlo, la
obligué a desaparecer. – te acostaste con Mía.
–abrí los ojos. ¿De dónde había sacado eso?
—¿Ah sí? ¿Y de dónde
sacaste esa información? –la miré con el
ceño en alto, produciéndole dudas.
—Es lo que tiene llegar
tarde a clase. Te enteras de la vida de todos.
—Cambia de contactos.
—¿Por qué debería creer
que es falso, después de la confirmación que me has dado ahí dentro? –gritó a
plena voz. Estaba muy enfadada, por no decir que me estaba descuartizando con
los ojos.
—¿Que por qué? –los
gritos también salieron de mi garganta. – ¡Porque puedo ser un cínico,
prepotente, un mujeriego de primera y un arrogante, pero no un mentiroso!
¡Porque estoy harto de no poder hacer nada y tener que ver como irremediablemente
me cambias! ¡Sí, es cierto que antes había una tía diferente en mi cama cada
noche, y eso puede hacerte dudar ahora! ¡Pero lo has conseguido Selley, me has
cambiado! ¡Y no pude hacer nada! Estoy
echando a todas las tías que llaman a mi puerta. ¿Y tú dices que me he acostado
con otra? No sé qué te ha dicho el nuevo
profesor. Pero está en tu mano creer lo que quieras.
—Él me ha dicho que
fuera a arreglar las cosas contigo. Que sabía que sería más feliz que con mi ego.
–susurró. – Adiós Harry. –sabía que se iba porque, de nuevo y como ya había
pasado antes, su orgullo no dejaría que la viese llorar.
—¿Para siempre? ¿O
hasta que los dos dejemos el orgullo de lado? –le grité mientras caminaba hacia
el instituto.
[…]
—Las dos veces que he
ido en todo el curso, han estado a punto de violarme. Así que si no te importa,
me quedo en nuestra habitación.
—No es mi culpa que
bebas más que todo el internado junto.
—Si no me abandonases
por el primero que te da sexo…
—Selley, quiero verte
entrar por la puerta de ese antro en cinco minutos, así que prepárate. –Sam me
miró con el ceño en alto, antes de abandonar el pasillo, dejándome sola.
¿Volver ahí? ¿Hoy? Como si tuviese alguna gana de fiesta en todo el cuerpo.
Continué con el intento de que mi padre me cogiese el teléfono por tercera vez,
haciendo un recorrido turístico por todo el pasillo, hasta que acabé en el
lugar inicial, y, por fin, oí su voz al otro lado.
—¿______?
—Hola papá.
—¿Qué tal por el
internado?
—Bien, supongo. Aunque
llamaba por otra cosa…¿Tenéis noticias sobre el asesino de mamá?
—Todavía no, entiende
que los detectives privados hacen lo que pueden, pero no es fácil si no hay una
mísera pista más que aquel trozo de papel.
—Ante todo caso, en los
dos meses que me quedan, te quiero aquí.
—¿Tantas ganas tienes
de volver a casa ya?
—¿Tú que crees, papá?
—Pues por lo que me
cuentan, el beso que le diste a aquel chico, el que dices que no es tu novio,
delante de todo el mundo, parece lo contrario a una tortura. –hablaba del beso
de la obra. Y eso había sido un golpe bajo. Una puñalada directa al corazón,
que así como había entrado, había atravesado hasta el otro lado. Me apresuré a
hablar antes de que se me quebrara la voz.
—Simplemente estaba
actuando.
—Igual eres capaz de
hacer creer eso a los demás, pero recuerda que eres mi hija, y te conozco. –se
hizo silencio al otro lado de la línea y se escuchó una voz de fondo.– Lo
siento, cariño, tengo que dejarte, reunión de última hora. Recuerda que para
cualquier cosa que necesites, puedes llamarme. Te mantendré informada sobre lo
de tu madre. Espero verte pronto, la casa sin su pequeña ya no es lo mismo. Te
quiero, _____.
—Y yo a ti, papá.
Al colgar supe que algo
iba mal. Papá no solía expresar su afecto, y mucho menos decir te quiero y que
quiere verme pronto. Sabía algo y no parecía por la labor de querer decírmelo,
aunque sabía que posiblemente fuese por mi bien, había empezado a hartarme de
que me ocultaran cosas. Y que fuera la pequeña de la casa ya no tenía excusa.
Pretendía hacer caso a
Sam en lo que volver a la habitación se refería, sin embargo, me quedé allí,
como una boba, plantada en medio del, ahora, oscuro pasillo, observando la
pantalla de aquel IPhone blanco. Cavilaciones sobre qué podía estar pasando con
mi familia, y si alguna vez volvería a ser lo de antes, ocupaban mi mente en
estos instantes, pero una voz ronca y grave, ya conocida, se ocupó de librarme
de ellos.
—________? –provenía de
mis espaldas.
·En el próximo capítulo·
—¿Hablaste con
ella? –asentí.– ¿Pero…? –alargó la palabra.– Siempre hay un pero.
—Siempre
nos quedamos con las ganas de decirnos todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario