● _____:
La alarma
volvió a sonar, interrumpiendo mis sueños para traerme de vuelta al mundo real,
con todos los problemas que eso conllevaba.
—¡Hoy es
martes! –exclamó ilusionada Sam, gritando ya de mañana.
—¿Qué
tienen de bueno? –me quejé mirando mi horario. Los martes, jueves y viernes
tenía a primera hora de la mañana lengua y literatura. En realidad mis primeras
horas daban asco siempre.
—Fiesta
cariño, hoy toca fiesta.
—Y hoy vas
tu solita. Yo a aquel antro no vuelvo.
—Acabaré
convenciéndote. –negué con la cabeza ante su terquedad y acabé de ponerme
el uniforme. – ¿Sabes que vas a llegar tarde? –soltó una carcajada
mientras salía corriendo. Y no mentía, hoy ni de broma me daba tiempo a
pasarme por la cafetería. Con las cosas de lengua en mano salí corriendo yo
también. El pasillo estaba ya prácticamente vacío. Solo un par de rubias al
fondo parecía seguir hablando sin importarles nada.
—Hay
rumores de que se ha visto a Harry salir de la habitación de Mía a altas horas
de esta noche. –oí a la más alta de las dos.
—¿Crees que
volvieron? –esta vez fue la otra la que habló. "Que yo sepa nunca
tuvieron nada", gruñí mentalmente antes de llegar a clase. La puerta ya
estaba cerrada, recordé que hoy había profesor nuevo, debido al incidente
de ayer. Mi cabeza hervía de rabia, y seguramente fuese por lo que habían
dicho las rubias. No iba a negar que me jodía que después de haberse acostado
conmigo se fuese con Mía por muy enfadado que estuviese. Intentaría que
toda la rabia que empezaba a acumularse en mi cabeza pasase desapercibida,
pero cuando abrí la puerta de clase de golpe, a lo bruto y sin llamar,
sabía que no lo conseguiría.
—¿Y usted
es? –preguntó el que debía ser el nuevo profesor.
—_______
Selley, puede llamarme ______, puede llamarme Selley, o puede no llamarme.
—Bien
señorita Selley, yo soy Ruphert Fogg, su nuevo profesor.
—¿En serio?
¿De dónde han sacado su nombre? ¿De la vuelta al mundo en ochenta
días? –recordé el apellido del protagonista de aquella obra.
—Puede ser,
ahora siéntese.
—Ya tenía
pensado hacerlo. –susurré mientras tomaba mi sitio de siempre. Abrí una página
al azar y me centré en mirar por la ventana los miles de árboles que
había en el acantilado donde estaba el internado. Tenía la sensación de tener
sus ojos claros clavados en mi, pero no me dignaría a mirarle. Ni ahora ni
nunca. ¿En qué momento se me olvidó quién era Styles de tal manera como para
acostarme con él? Debería haber esperado lo de Mía.
—La clase
ha acabado. –la voz del nuevo profesor me hizo centrarme.
—¿Ya?
–preguntaron al fondo– Si aún quedan diez minutos...
—Es el
primer día, por hoy ya he acabado. –dio vía libre y la gente empezó a
juntarse y a hablar. Yo seguí contemplando las vistas intentando ignorar los
comentarios del pasillo de las rubias. No sé por qué no podía creérmelo.
O a lo mejor intentaba convencerme de que Harry había cambiado y no se había
acostado con otra. Noté los párpados húmedos, un estrepitoso estruendo evitó
que se derramaran esas lágrimas. Solté el aire de golpe y oculté la cabeza
entre mis brazos. Me tomé un momento para reflexionar. Esto ni siquiera debería
afectarme.
—Señorita
Selley. –el nuevo profesor me llamó, evitando que saliese aún de clase.
—¿Sí?
—Necesito
hablar con usted.
●Harry:
—Vaya para
el profesor nuevo. –Niall y los demás lo observaban a la hora de comer. – Acaba
de llegar y ya las tiene a todas detrás suyo.
—Normal,
desde que Harry ya no hace caso a ninguna, y sumando lo necesitadas que están y
que el profesor no tiene más de treinta años…
—¿Qué tengo
yo que ver? –hablé ahora, pero en ningún momento levanté la cabeza del plato–
Hay otros doscientos tíos en el instituto, suficientes para todas. Y me
da absolutamente igual con quién se quede el profesor ese. Y me importa aún
menos si se las lleva a la cama.
—¿Y si esa
chica es _______ y está ahora mismo allí sentada con él, a solas? –recalcó
ese último "a solas" y me hizo levantar la cabeza. Allí estaba ella,
sentada con él, y riéndose a más no poder. La observé hasta que nuestras
miradas se encontraron, ambas reflejaban lo mismo.
—Que haga
lo que quiera. –dije volviendo a centrarme en mi plato.
—Eso ha
sonado más falso que un billete de tres dólares.
—¿Por qué
tendría que importarme lo que haga?
—Porque la
quieres, es obvio.
—¿Que tengo
que hacer para que creáis de una vez que no me gusta?
—
Absolutamente nada. No hagas nada y limítate a observar como otro la hace reír
y se la lleva a la cama. Cuando la pierdas, tú mismo te darás cuenta de si la
querías o no.
—¿Qué te
pasa, Zayn? Últimamente estás muy filosófico. –intenté cambiar de
tema. No iba a negar que no me gustaba verla a solas con otro tío en otra mesa.
Y mis celos son los que nos habían dejado en la situación en la que
estábamos. Pero debía hacerlos callar.
—No estoy
filosófico. Solo digo lo que veo, y lo que tú no te quieres creer. –jugué con
lo que parecía ser puré de patatas que me habían echado en el plato.– O si no,
dime Harry, ¿qué va a pasar ahora con vosotros? –preguntó y ahora iba a mentir.
Pero como nunca antes lo había hecho.
—Nada. No
va a pasar nada. –a cada palabra que decía, el vacío que sentía dentro
desde que discutimos, se retorcía– Ya me la he llevado a la cama, ¿no? Es
lo que quería desde un principio. La nueva ha caído como todas las demás. Y
ahora, todo seguirá como antes de que ella hubiese llegado. –dije todo ello
clavando el cuchillo en lo que pretendía ser un cacho de carne, para intentar
que sintiese él, el dolor que aquellas palabras provocaban en mí sin
poder evitarlo.
—Debería
habérmelo imaginado... –oí, pero aquella voz no era de ninguno de mis
amigos, y me hizo levantar rápidamente la cabeza.
·En el próximo capítulo·
Pero
por alguna razón no quería perderla, no a ella. Porque tenía algo que me atraía
irremediablemente, e iba a creer que solo era atracción a ese algo.
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