jueves, 1 de agosto de 2013

CUARENTA Y DOS: SOLO VOY A MATARLO.


● _____: 
—Hoy club, preciosa. –irrumpió Sam en la habitación mientras yo me secaba las puntas del pelo con una toalla.
—De acuerdo. –le sonreí y eso le hizo pararse y mirarme con el ceño en alto.
—¿No te vas a negar, ni a protestar, ni a echarme en cara todos los peligros y desgracias que te han pasado allí? Vaya, Harry sí que hace bien su trabajo.
—¿No puedo estar feliz acaso sin haber mantenido relaciones sexuales?
—Sí…En caso de que fueras cualquier otra persona. Pero no siendo tú, guapa.
—Creo que te has confundido de persona, “guapa”. –le guiñé un ojo mientras ella vaciaba sobre su cama todos sus vestidos.
—¿Qué vas a vestirte? Yo tengo una crisis de vestuario.
—Supongo que un short y una camiseta. –me miró alzando el ceño.– Bien cortos y escotados. –rodé los ojos.
[ … ]
Sam me cogió las manos mientras bailábamos en la improvisada pista de baile de aquella estancia. Reímos como locas hasta que se pegó más a mí y se acercó a mi oído para que pudiese escucharla.
—Se de alguien que mira y parece gustarle tu short, tanto que no puede parar de hacerlo. –giré la cabeza a lo descarado, como si de un exorcismo se tratase, pero no encontré a nadie conocido. La miré interrogante hasta que ella ladeó la cabeza hacia la izquierda.  Mis ojos se toparon con una mirada esmeralda, y mi cuerpo continuó moviéndose con Sam mientras mi mente estaba con Harry. Me guiñó un ojo y yo le soplé un beso para luego reírnos. El bolsillo derecho de mi short comenzó a vibrar, obligándome a volver al mundo real. Saqué el móvil e indiqué a Sam que salía a hablar por teléfono. Cuál fue mi sorpresa al ver “Papá” en la pantalla.
—¿Papá?
—Hola, cariño.
—¿Ocurre algo? No sueles llamarme muy a menudo.
—Lo sé. Sólo quería saber cómo estabas y si al final te has adaptado al internado.
—Ah, pues sí, en realidad no es tan malo.
—Sea como sea, en tres semanas acaba el trimestre y volverás a casa. –aquello me sentó como una estocada directa en el alma.–
—Lo sé. ¿Hay alguna novedad? –junto con la última palabra me pareció oír algo moverse entre los árboles y unos pasos.
—¿Sobre tu madre? No. Los detectives siguen la pista, pero con solo aquella mísera prueba es prácticamente imposible. –prestaba más atención a los pasos que ahora se habían detenido justo a mi lado que a lo que había dicho mi padre. Su presencia me ponía nerviosa.
—Vale, eh, ¿te importa que hablemos luego? Ahora…estoy…me pillas en mal momento.
—¿Estás bien? –preguntó al oír mi voz temblar.– ¿Pasa algo, _____?
—No. Todo está bien. Mañana te llamo yo. Adiós, te quiero. –colgué sin darme tiempo a oír su respuesta y mantuve el móvil en la mano antes de girarme. Activé mi modo natural de defensa contra la estupidez, también llamado sarcasmo, al encontrarme al alto, castaño y de ojos grises jugador de fútbol, o más bien depravado acosador, Erik Evans.
—Oh, Erik, qué alegría me da verte.
—El sentimiento es mutuo, nena.
—Te aseguro que me encanta perder el tiempo contigo, en serio, pero si no te importa…–indiqué el club con la cabeza– me voy. –su mano sujetó la mía antes de que pudiese dejarlo atrás. Rodé los ojos, cansada.– ¿Qué quieres ahora?
—Sabes de sobra lo que quiero. –mostré la mayor mueca de asco, mientras intentaba soltarme de su agarre, que cada vez se hacía más fuerte.
—Pues sigue esperando. –me presionó más hacia él, para que no me largase.
—Ya es la tercera vez que lo intentas, ¿por qué no desistes, guapo?
—Porque quiero que seas mía. –su voz ronca sonó más cerca de mi oído de lo que esperaba.
—¿Piensas que voy a quedarme quieta mientras me pones las manos encima? No seas iluso. –volví a intentar irme de allí, pero él mantenía fuertes sus manos enroscadas en mi muñeca.
—Suéltame. –le advertí mirándolo a los ojos. Apenas podía verse el color del iris, gracias a que sus pupilas se encontraban completamente dilatadas. Hizo caso omiso, en lugar de eso me presionó contra el árbol del que él había salido.
—He estado deseando hacer esto desde que entraste pisando fuerte y moviendo la falda en este internado. –seguía sin soltarme, y para que no hiciese una jugada en falso, inmovilizó mis piernas con las suyas.
—Pues vas a tener que esperar mucho, mucho más. –aun así seguí revolviéndome entre sus brazos. Intentando liberarme con todas mis fuerzas, aunque no me esperaba recibir un golpe que cortó mi labio e hizo que se me saltasen las lágrimas. Con la lengua limpié la sangre que empezaba a salir de la herida. Entonces supe que, por mi bien, debía oponer más resistencia. Pataleé y grité todo lo que pude, pero las manos de Erik ya se hacían paso por mi cuerpo, rasgando mi camiseta. Con una punzada de alivio, para después desaparecer, su nombre salió de entre mis labios en forma de susurro.
—Al suelo, perra. –con el insultó estampé mi muñeca libre en su cara. ¿Con quién se creía que estaba tratando? Solo conseguí enfurecerlo, así que tiró de mí hacia su cuerpo, para luego empujarme, literalmente, contra el suelo. Cuando su cuerpo se cernió sobre el mío no me creí capaz de librarme de él.
—¡Harry! –intenté llamarlo, rezando porque me escuchase, una y otra vez, necesitaba ayuda, su ayuda.
—Grita todo lo que quieras, preciosa, él no está aquí para salvarte esta vez. –sus caderas inmovilizaron mis piernas en el suelo. Mordió mi cuello, haciéndome llorar de dolor, y no se detuvo hasta que este sangró. Sentí el líquido rojo deslizarse por mis hombros mientras mis pantalones caían, no sin dificultad pues aun así seguía moviéndome e intentando hacerle daño y detenerlo de todas las maneras. No supe a qué prestar más atención, al dolor que ahora sentía en la oreja mientras él la mordía como un caníbal, o su mano en la cintura de mis bragas, deslizándolas por mis piernas a una velocidad increíble.
El miedo se reflejó en mi rostro cuando él me miró, con sorna, con repugnancia, más lágrimas brotaron cuando la hebilla de su cinturón sonó y su pantalón se soltó lo suficiente.
—Esto va a gustarte, muñeca.
Cerré los ojos con fuerza, deseando estar en cualquier otro lugar, y esperando que acabase de una vez, pero nunca llegué a sentir la primera embestida.
Antes de que pudiera reaccionar el peso de Erik ya no estaba sobre el mío. En realidad me pareció ver caer su cuerpo hacia un lado mediante un golpe. Pero las lágrimas, que no dejaban de caer, me emborronaban la vista, y recogiendo mi ropa me abracé las rodillas, apoyada contra el árbol, temblando, intentando desaparecer.
—Es la segunda vez que haces daño a alguien que me importa, Evans, y vas a pagármelas.

● Harry: 
Ella no volvió.
La vi salir hace tiempo por la puerta del club y aún no había vuelto. ¿Dónde está?
Indiqué a los chicos con la cabeza que me iba de la barra y me acerqué a la morena con la que antes bailaba.
—¿Dónde está?
—¿Quién? –preguntó, confusa, sin dejar de moverse.
—Selley.  –contesté obvio.
—La llamaron por teléfono y no volvió. –asentí y me hice paso entre la gente antes de salir del lugar. Imposible que estuviese muy lejos, ¿no? Recorrí con la vista todo el campus trasero y no apareció. No era capaz de encontrarla y, por lo tanto, salió a la luz mi instinto protector. Volví a clavar la vista lugar por lugar en el exterior. Paré de hacerlo cuando me pareció escuchar mi nombre. Sí, alguien me estaba llamando y no me hizo falta volver a escucharlo para saber que era su voz.
Justo la misma voz que tenía el día que tuvo que salvarla del cabrón de…Volver a oír sus gritos, acompañados con un sollozo me hizo desesperarme. A paso rápido seguí los sollozos hasta que estuve lo suficientemente cerca como para ver el cuerpo de Erik cernirse sobre otro más pequeño. El de Selley. La ira recorrió cada maldito centímetro de mi piel.
«A ella no.»
Ni un segundo me llevó coger a aquel cabrón de Evans por los hombros y separarlo de ella. Propiné un golpe en su mandíbula con toda la fuerza que pude reunir.
A pesar del miedo que tenía de lo que podría encontrarme si no había llegado a tiempo, la miré por el rabillo del ojo, acurrucándose contra el árbol, indefensa, inocente, y herida de por vida psicológicamente. Impacté otro golpe en la cara de aquella bestia.  
—Es la segunda vez que haces daño a alguien que me importa, Evans, y vas a pagármelas. –escupí, recordando a Rose, y en seguida desquité toda la rabia acumulada a modo de puñetazos y golpes en su cuerpo. Hasta que su cara estaba completamente formada por sangre y lo dejé caer al suelo, manteniéndose con vida gracias a una débil respiración, que luego me encargaría de rematar. Pero lo importante ahora era ella.
Me acerqué corriendo, para descubrir cómo temblaba y la expresión de pánico que lo que acababa de sufrir le había provocado, casi desnuda. Cubrí su pequeño e indefenso cuerpo con mi camisa blanca, para luego cogerla en brazos y dirigirme hacia el interior del edificio.
—¿Harry? –susurró cuando pareció recobrar la capacidad para hablar.
—Ahora todo está bien. –intenté calmarla un poco.
—Nada está bien. –con las mangas de mi camisa, que le quedaba enorme, se enjugó las lágrimas. Tragué saliva al verla en ese estado. Me rompía el corazón y yo me iba a encargar de romperle uno a uno los huesos a Evans.– Mírame, –continuó.– estoy echa un puñetero asco. Y acabo de manchar tu camisa blanca con el rímel. –suspiró, dejando escapar todo el aire que aguantaba dentro. Clavé la mirada en ella, ¿un asco? Estaba jodidamente perfecta como siempre. Como cada maldito segundo del día.
—Estás como una auténtica princesa, _______.  Nadie en este internado puede ser más hermosa que tú, ni en este momento.
—Eres idiota. –susurró acurrucándose en mi pecho, y aspirando el olor de mi perfume, como siempre.– Pero te quiero. –musitó más para ella que para mí.– Y muchísimas gracias.
Una maldita sonrisa idiota se formó en mis labios cada vez que la miraba, pero seguía rompiéndoseme el alma al ver que sus lágrimas no paraban de caer.
—¿Llaves? –pregunté al llegar a la puerta de su habitación. En la mano en la que llevaba la ropa interior y sus shorts, rebuscó en los bolsillos del último y, aún en mis brazos, consiguió abrirla. La cama se amoldó a su forma cuando la dejé sobre ella.
 —Siento lo de tu camisa. –mostró las mangas completamente negras y yo le resté importancia pasando un mechón de su pelo tras la oreja.
—Quiero que…–comencé, pero me corregí– Te exijo a que estés mejor y descanses. –me levanté de su lado.– Volveré después para molestarte otro poco. –le sonreí mientras ella murmuraba algo que no entendí, y me encaminé de nuevo a la puerta. La ira volvió a crecer en mí, estaba dispuesto a correr hacia donde había dejado a Erik inconsciente y hacerle sufrir golpe tras golpe lo que le había hecho a Selley.
—¡No! ¡Espera! –su quebrada voz me hizo detenerme y volver a mirarla, me observaba expectante desde la cama.– ¿Te quedarías conmigo esta noche?
A la mierda. Ni con veinte grados de locura podría decirle que no. No a ella. No existía tal fuerza de voluntad que me permitiese resistirme. Volví a la cama, mientras ella me hacía hueco a su lado.  Se pegó a mí en cuanto estuve tumbado, buscando protección. Seguía teniendo miedo y el hecho de verla insegura me llenaba de rabia. Como si leyese mis pensamientos clavó su, todavía cristalizada, mirada en mí.
—No hagas ninguna locura, ¿vale?
—Claro que no voy a hacer ninguna locura, Selley. Solo voy a matarlo por atreverse a ponerte una mano encima. –se tocó el labio y vi la herida recubierta de sangre seca.– Te pegó. –apreté los puños para no salir corriendo ahora, al fin y al cabo le prometí que me quedaría con ella. Definitivamente iba a matarlo. ¿Quién le hace eso a una mujer? ¿Quién le hace eso a Selley? Nadie que quiera vivir para contarlo.
— No, no vas a hacerlo. Y yo te prometo estar bien y recompensarte todo lo que has hecho por mí esta noche. –la estreché en mis brazos.
—No tienes que recompensarme nada, –susurré.– Siempre voy a estar ahí para protegerte porque...
—Soy tu chica. –me costó oírlo, debido a que su voz se volvía más queda por el sueño.
—Porque eres mi chica. Y yo...yo también...–el aire que se había acumulado en mi pecho salió en forma de suspiro– Yo también te quiero. –liberé un peso del pecho cuando conseguí decirlo. Este era mi maldito primer te quiero a alguien que no había sido de mi familia. Y era suyo, de la chica con la que quería una noche y acabó volviéndome loco hasta el punto de dejar de querer noches y empezar a quererla a ella. Besó mi pecho, cubierto por la básica blanca que llevaba bajo la camisa, dándome a entender que lo había escuchado.


·En el próximo capítulo·

—¡Vete! –exclamé, hasta que empecé a reírme como una loca, contagiándole la risa. 
—Oblígame. –subí al escenario y pasé de largo el piano, hasta colocarme lo más lejos de las escaleras. También subió y me obligué a acallar las carcajadas. 
—¿No ves que intento alejarme de ti? 
—Sí,  –contestó encogiéndose de hombros– otra cosa es que yo vaya a permitirlo. 

6 comentarios:

  1. ay dios ay dios te mato. Como puedes hacerme esto? he llorado y todo. Capullo Erik -.-
    Que bonito, les a costado reconocerlo y decir un "te quiero"... Ains que bonti son. Los amo.
    Me encanta *-*. Siguiente!! me matas enserio.
    Kisses

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  2. No hay nada que alegre mas la mañana que ver que hay nuevo capitulo. Ha sido jodidamente perfecto! Me encanta la relación entre Harry y Selley (si encuentras un novio asi , para mi eh ;P ) Pues eso , que escribes genial como siempre y que espero el siguiente muy pronto :)

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  3. OMG, es genial *-* lo ame. Es jodidamente PERFECTO. Tienes que seguirla o te juro que morire. Lo mejor del dia es ver un capitulo nuevo :3 Por favor. SIGUELA ! ♥

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  4. HOLA SOY UNA NUEVA LECTORA Y ME ENCANTA TU NOVELA ES PERFECTISIMA, TIENES TUENTI ?? ES QUE QUIERO QUE ME AVISES CADA VEZ QUE HALLA. UN NUEVO CAPITULO, PLISSS SIGUIENTE *_____________*

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  5. ¡Muchas gracias a todas por leer, en serio! *---*
    Ceci, mi tuenti es "Allysson Steweart", agrégame y te avisaré sin problema :')
    Adoro vuestros comentarios<3

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