● _____:
Me llevó el resto del lunes sacarme de la cabeza las malditas palabras
de Catharine. Y aún me había confundido más cuando el profesor de educación
física nos obligó a llevar bañador bajo la ropa de deporte. En resumen, mi
cabeza estaba echa un manojo de pensamientos que deambulaban de aquí para allá.
—Semana de natación, Selley. ¿Te has leído el programa escolar cuando
llegaste? –vaciló Sam mientras recorríamos juntas el pasillo, antes de
separarnos a nuestras respectivas clases.
—La verdad es que no. –me encogí de hombros– Tenía cosas más importantes
que hacer, ¡como idear un plan para escapar de aquí! –recordé– Deseché la idea
en el mismo segundo en el que se me ocurrió. –admití.
El señor Jones explicaba, en un intento de buen profesor de natación, lo
que debíamos hacer al meternos al agua, mientras yo especulaba a las demás
chicas, haciendo crecer mi duda.
¿Estábamos en una clase o en un certamen de Miss “a ver quién lleva
menos tela encima”?
Ignoré el duelo de miradas que se cocía entre ellas y recé por que la
última clase del día terminase pronto, y ni siquiera me había metido aún al
agua. Utilicé las numerosas veces en las que había tenido que recorrer el largo
de la piscina en diferentes estilos como método de escape de la realidad.
«Te quiere más de lo que crees, Selley.»
Me reí interiormente, no me habría leído el reglamento del San Vicente,
y ni siquiera me habría molestado en aprenderme el programa escolar, pero lo
primero que me habían enseñado al llegar aquí es que Harry Styles no se
enamora.
«Eres su chica y hay que estar realmente ciego para no verlo.»
Sí, su chica junto con todas las demás.
«Salid del agua.»
¿Ah?
La voz del profesor se había colado en mis delirios, la clase había
terminado y era hora de cambiarse. Tardé de más en la ducha de esos vestuarios,
a propósito para quedarme sola, entreteniéndome con el móvil. Lo dejé sobre la
encimera mientras me vestía el uniforme cara a cara con el espejo. Era
completamente diferente. No había ni rastro de la _____ Selley de hace casi
tres meses. La malcriada maleducada que se creía demasiado para este lugar, la
cual jamás contestaba de manera agradable se había convertido en una chica que
no para de darle vueltas al mismo nombre en la cabeza las veinticuatro horas,
que siente las famosas mariposas de los libros en el estómago y no sabe
disimular un ataque de celos. La realidad en la cara dolía y me obligué a huir
de ella, una vez más, largándome de allí.
[ … ]
—¿Dónde lo habré metido? –rebusqué mi móvil por todas partes.– Mierda.
Me lo había dejado en los vestuarios, por lo que no tenía manera de
llamar a Sam. Y eso traía dos problemas, tenía que buscar el IPhone y a mi
amiga para empezar la supuesta tarde de estudio, la que seguramente lo habría
olvidado cuando el primer tío con intenciones pasase por delante de ella.
Cerré la puerta de la habitación con la llave como una bala y corrí
hacia la piscina climatizada en la que hoy había hecho natación. Como no
estuviera en el mismo lugar en el que lo había dejado, todos y cada uno de los
alumnos de este internado conocerían a ______ Selley cuando alguien toca su
móvil.
Por suerte la puerta de la piscina no estaba cerrada. Abrí una pequeña
franja rezando porque no hubiese nadie, lo que corroboré cuando recorrí cada
centímetro de la estancia con la vista. Quería mi móvil, no meterme en
problemas. Cerré la puerta tras de mí con el máximo sigilo, pero el golpe seco
se prolongó por toda la estancia en eco.
Los ojos se me iluminaron cuando mi preciado IPhone volvió a estar en
mis manos. Lo guardé de nuevo en su sitio, –el bolsillo interior de la chaqueta
de mi uniforme del internado– y volví a paso rápido hacia la puerta. Hasta que
una voz me hizo detenerme.
—¿Así que ahora te gusta colarte en lugares prohibidos, Selley? –no
identifiqué el dueño de esa voz hasta que me detuve al final de las gradas.
—Tú también estás aquí, Harry. –tenía intención de ignorarlo, hasta
que en lo que reparé en lo que tenía entre dos dedos. Me planté de él antes
de lo previsto y en pocos segundos estábamos cara a cara.– ¿Fumas? –utilicé un
tono de afirmación, ni siquiera pretendía que pareciese una pregunta.
—No normalmente. –el cigarrillo estaba apagado, aunque advertí el
encendedor en la otra mano, por lo que supe que mi inesperada entrada había
interrumpido su labor.– Ya sabes, estamos en época de exámenes y miles de
trabajos. –ahora ni mi presencia lo detuvo. Se llevó el cigarro a la boca y lo
encendió. No tardé ni un segundo en arrebatárselo de las manos. A pesar de la
repugnancia que me daba el hecho de tenerlo entre los dedos.
¿Nadie se había dado cuenta de mi
especial repulsión hacia aquella droga?
Odiaba infinitamente los efectos negativos que un solo trozo de papel
como este podía producir al organismo y había visto suficientes caras de dolor
de mis amigos del antiguo instituto, al perder a seres queridos por culpa del
tabaco, que estaba segura de no querer vivirlo en un futuro.
—¿De verdad vas a joder tu vida por un trozo de papel que envuelve toda
basura cuanta hay?
—Dame eso, _____.
—No. Cómprate una pelota antiestrés si estás agobiado.
—No juegues con fuego, porque vas a quemarte.
—Pues qué mala suerte tienes de que esté aquí, querido. –dije
deshaciendo con la punta de mis Vans aquel cilindro de papel en el suelo y oí un gemido de frustración escapar de sus
labios. Se masajeó la sien con los dedos índice y corazón de ambas manos.–
¿Estás ebrio, Harry?
—No estoy ebrio, Selley. Solo estresado, y luego llegas tú y me das
dolor de cabeza. –fruncí el labio ante lo malagradecido que era y, después de
haber evitado que cogiese un cáncer, tenía intención de largarme, por lo que me
dispuse a bajar de las gradas.
—De nada por salvarte de una muerte segura. –antes de que pudiese bajar
la última grada, su mano se enroscó en mi muñeca y pegó nuestros cuerpos.
—No, mi amor, no me dejas sin el último Marlboro y te vas de rositas.
—¿Qué insinúas que te debo? –la verdad es que no pensaba darle nada.
—Vas a librarme del estrés. –no pensé que llegaría tan lejos hasta que
sus manos se colaron bajo mi falda y acariciaron mis glúteos.– Encaje,
seguramente negro, y además culote. Qué sexy Selley.
—No te molestes en ser culto conmigo, venga suéltalo. Lo que quieres es
un polvo que te haga olvidarlo todo, pero ¿sabes qué mi amor? , –imité el apodo
que él había usado con tono irónico– yo no soy una cualquiera, conmigo las
cosas no funcionan así. Así que lo único que voy a darte es el placer de
acompañarme a la puerta mientras me largo. –me revolví hasta que conseguí que
me soltase y caminé de nuevo hacia la gran puerta.
Después de un par de metros tuve la sensación de que caminaba sola, y
así era, me giré para descubrir a Harry en ropa interior.
—¿Qué coño se supone que… –se zambulló en el agua, para poco
después salir a la superficie–…haces?
—Métete.
—Ni de coña. –vacilé y seguí mi camino, me di la vuelta con intención de
decirle adiós, pero una prenda completamente mojada se estrelló en mi pecho.
Sus bóxer.– Estás en pelotas.
—Por lo menos yo tengo de eso. Rajada.
—No me retes, Harry. –lo amenacé. Sabía que tenía un orgullo el doble de
grande que yo y que no dejaría que me fuese después de un reto.
—Soy el diablo, vengo para tentarte.
–carcajeó. Me estaba retando, ¡lo estaba haciendo, maldita sea!
—Ni de broma.
—¡Échale valor, joder! –lo miré
con el ceño en alto.– ¿Te metes o te rajas? –negué con la cabeza, vacilante.
—Me meto. –dije dejando caer toda mi ropa al lado de la suya,
disponiéndome a saltar.
—Quieta ahí Selley. –me interrumpió.– Quítate las bragas.
—Ah no, eso sí que no.
—Cobarde.
—Solo si me prometes, o más bien asumes, una cosa.
—¿Qué?
—No vamos a tener sexo.
—Lo prometo. –alzó las manos sobre el agua, tenía los dedos cruzados.
—No voy a quitarme la ropa interior, pues.
—De acuerdo, así cuando vuelvas no llevarás nada bajo la falda. Y nunca
se sabe, puede hacer mucho viento. –lo último que vi antes de saltar fue su
mirada de autosuficiencia y un guiño de su parte.
Se acercó a mí cuando salí a la superficie, y no sabía a qué debía
atender, a sus caderas desnudas acercándose a las mías o a sus manos deslizando
las tiras de mi sujetador por mis brazos. Intenté alejarme de él, pero su afán
por quitarme el sujetador era tan fuerte que volvió a coger una de mis muñecas
para conseguir quitar el broche. Entonces retrocedí hasta toparme con una
esquina, mientras el lanzaba aquella prenda con las demás. No podía retroceder
más y solo estaba cubierta por el mísero trozo de encaje, –cierto, antes no se
había equivocado con la descripción de mi ropa interior– y para más él se
acercaba. Como si leyese mi mente, me señaló con el dedo.
—Te las quitas tú o te las quito yo. –amenazó, y siguió señalándome. Me
quedé mirando como sus rizos goteaban agua por su frente, las gotas seguían el
recorrido por el cuello, para finalmente acabar en su pecho y volver de nuevo a
la piscina.
—A la mierda las bragas. –me maldije por pensar en alto y me deshice de
mi última pieza de ropa. Entonces Harry volvió a pegarse a mi cuerpo, y yo no
podía retroceder.
—Me prometiste que no habría sexo, Harry.
—Y no lo va a haber. Confía en
mí, ¿quieres?
—¿Y
qué se supone que vamos a hacer los dos desnudos en una piscina? –vacilé.
—Pasar el rato. –se encogió de hombros – Estás conmigo, así que no necesito nada más.
Volví a quedarme embobada mirándolo. No me importaba que quizás aquello se lo dijese a todas las demás tías del internado para conseguir una noche con ellas, en este momento me lo había dicho a mí.
Y me había hecho pensar e imaginar veinte mil cosas seguramente no legales. Maldita sea Harry, ¿Por qué siempre me tientas a mí?
—Tengo que preguntarte algo. Así que vamos a jugar a las cinco preguntas.
—De acuerdo. –dijo acercándose.
—No te acerques tanto, me pone nerviosa. -sonrió de lado.
—¿Eso cuenta cómo pregunta? –vaciló con intención de pegarse a mí. Y si ya sentía vergüenza por estar desnuda con él en una piscina, más la sentiría si pegaba aún más. Me escabullí por la derecha y avancé hacia el centro de la piscina.
—No.
—Si quieres preguntarme, no huyas. –bufé y dejé que se acercase hasta el centro de la piscina.
—¿Por qué haces esto conmigo?
—¿El qué? ¿Estar en una piscina?
—No, o sea sí. Estar conmigo. ¿Por qué?
—Porque me gusta estar contigo. –se encogió de hombros.
—¿Y por qué yo? –insistí.
—Eh, me toca preguntar a mí. –rodé los ojos y le concedí la pregunta– ¿Me besarías? –mis ojos se abrieron y mis mejillas empezaron a arder.
—¿Qué?
—Voy a contarte eso como pregunta.
—Perdona por impresionarme si me pides que te bese. –ironicé.
—¿Lo harías? –distraída con las preguntas no me di cuenta de que se había pagado tanto.
—Sí. –borró el ápice de asombro que empezaba a dejarse ver en sus ojos mientras yo preguntaba.– Ahora responde, ¿Por qué yo?
—No me has besado.
—¿Qué?
—Deja de gastar preguntas, no me has besado. Dijiste que me besarías y no lo hiciste.
—Pero... No era un reto, solo era una pregunta. Y tú tampoco respondiste a la mía.
—Entonces... voy a besarte yo, y luego a responderte. –aunque me había avisado, su beso me cogió por sorpresa. Sus manos se deslizaron bajo el agua hasta la zona baja de mi espalda, alzándome contra él. Mis brazos pasaron alrededor de su cuello mientras el beso subía de tono y su lengua jugaba con la mía. Y lo más importante seguramente fuera que cumplió su promesa. No estaba intentando que cediera a tener sexo, no me estaba forzando, como cuando llegué, solo me estaba besando. Sin segundas.
Protesté con un gemido cuando separó sus labios un único centímetro, solo para responderme.
—Piensa, Selley, ¿con qué otra podría estar aquí? ¿Qué otra me vuelve lo suficientemente loco para retarla de esta manera? ¿Quién es tan bipolar como para acceder a bañarse conmigo desnuda y al día siguiente gritarme? Ni quiero estar aquí con alguien más ni otra sería merecedora de estarlo.
—Con eso da por agotadas todas tus preguntas. –dejé un suave beso en sus labios.
—Y tú aprovecha la última, no la gastes con un "qué".
—¿Qué estás pensando, Harry?
—Que me importas.
—Pasar el rato. –se encogió de hombros – Estás conmigo, así que no necesito nada más.
Volví a quedarme embobada mirándolo. No me importaba que quizás aquello se lo dijese a todas las demás tías del internado para conseguir una noche con ellas, en este momento me lo había dicho a mí.
Y me había hecho pensar e imaginar veinte mil cosas seguramente no legales. Maldita sea Harry, ¿Por qué siempre me tientas a mí?
—Tengo que preguntarte algo. Así que vamos a jugar a las cinco preguntas.
—De acuerdo. –dijo acercándose.
—No te acerques tanto, me pone nerviosa. -sonrió de lado.
—¿Eso cuenta cómo pregunta? –vaciló con intención de pegarse a mí. Y si ya sentía vergüenza por estar desnuda con él en una piscina, más la sentiría si pegaba aún más. Me escabullí por la derecha y avancé hacia el centro de la piscina.
—No.
—Si quieres preguntarme, no huyas. –bufé y dejé que se acercase hasta el centro de la piscina.
—¿Por qué haces esto conmigo?
—¿El qué? ¿Estar en una piscina?
—No, o sea sí. Estar conmigo. ¿Por qué?
—Porque me gusta estar contigo. –se encogió de hombros.
—¿Y por qué yo? –insistí.
—Eh, me toca preguntar a mí. –rodé los ojos y le concedí la pregunta– ¿Me besarías? –mis ojos se abrieron y mis mejillas empezaron a arder.
—¿Qué?
—Voy a contarte eso como pregunta.
—Perdona por impresionarme si me pides que te bese. –ironicé.
—¿Lo harías? –distraída con las preguntas no me di cuenta de que se había pagado tanto.
—Sí. –borró el ápice de asombro que empezaba a dejarse ver en sus ojos mientras yo preguntaba.– Ahora responde, ¿Por qué yo?
—No me has besado.
—¿Qué?
—Deja de gastar preguntas, no me has besado. Dijiste que me besarías y no lo hiciste.
—Pero... No era un reto, solo era una pregunta. Y tú tampoco respondiste a la mía.
—Entonces... voy a besarte yo, y luego a responderte. –aunque me había avisado, su beso me cogió por sorpresa. Sus manos se deslizaron bajo el agua hasta la zona baja de mi espalda, alzándome contra él. Mis brazos pasaron alrededor de su cuello mientras el beso subía de tono y su lengua jugaba con la mía. Y lo más importante seguramente fuera que cumplió su promesa. No estaba intentando que cediera a tener sexo, no me estaba forzando, como cuando llegué, solo me estaba besando. Sin segundas.
Protesté con un gemido cuando separó sus labios un único centímetro, solo para responderme.
—Piensa, Selley, ¿con qué otra podría estar aquí? ¿Qué otra me vuelve lo suficientemente loco para retarla de esta manera? ¿Quién es tan bipolar como para acceder a bañarse conmigo desnuda y al día siguiente gritarme? Ni quiero estar aquí con alguien más ni otra sería merecedora de estarlo.
—Con eso da por agotadas todas tus preguntas. –dejé un suave beso en sus labios.
—Y tú aprovecha la última, no la gastes con un "qué".
—¿Qué estás pensando, Harry?
—Que me importas.
·En el próximo capítulo·
—No tienes que recompensarme nada, –susurré.– Siempre voy a estar ahí
para protegerte porque...
—Soy tu chica. –me costó oírlo, debido a que su voz se volvía más queda
por el sueño.
—Porque
eres mi chica. Y yo...yo también...
Podrás flipar, pero las mariposas que siento en el estómago cuando leo tu novela aumentan por segundos. ¿Porqué nos haces esto?
ResponderEliminarNECESITO QUE SUBAS 173 CAPITULOS POR DIA! Tieneees mas novelas? Aunque sean antiguas?
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