"Ella se fue esperando que él la detuviera,
él la dejó ir esperando que ella regresara."
● _____:
Tan pronto
pude volver al backstage ignoré las miradas boquiabiertas de todas y salí de
allí a paso rápido. Me perdí entre la multitud de tíos que ahora pujaban por la
siguiente chica mientras buscaba al mío. Ni con los tacones conseguía superar
en altura a aquellos mastodontes, por lo que acabé perdida de verdad.
Un fuerte
brazo sujetó el mío tirando de mí hacia un lugar más privado.
—Te estaba
buscan…–me cortó.
—Lo siento.
–cogí su cara entre mis manos y lo obligué a mirarme.
—No lo
sientas, has hecho lo que has podido.
—Pero iba a
ser nuestra noche, yo iba a quitarte ese vestido.
—Y nadie
más que tú va a hacerlo, –lo miré, intentando tranquilizarlo, pero nada parecía
dar resultado– además va a ser justo a las doce.
—¿Cinderella
perderá los zapatos de cristal? –bromeó, por lo menos había calmado la
situación.
—No,
idiota. –tuve la necesidad de tirar por el lazo de su cuello y acercarlo a mí,
pero no quería caer en la tentación de saltarme las reglas y terminar en la
habitación ahora mismo.– A las doce adiós señor Fogg, hola noche con mi chico.
—¿Soy tu
chico, nena? –esa condenada sonrisa pícara me mataba, eso sí que incitaba al
pecado. Acabé sucumbiendo y tirando del cuello de su camisa para volver a unir
sus labios a los míos. Me inclinó hacia atrás como antes, solo que esta vez
llevó su mano a la abertura lateral de mi traje. Acarició mi pierna hasta hacer
que esta se alzara.
—Por
supuesto. –dije entre besos y dejé que pensase que me tenía controlada, para
luego dar un paso en falso y aprisionarlo contra la pared que nos escondía. Mis
labios a la altura perfecta de su cuello para succionar su piel, haciéndolo
soltar un gemido gutural mientras chupaba.– Y lo marco con uñas y dientes. –entre
la espalda y el cuello, quedaría rojo de por vida.
—«Atención,
citas, súbanse a la pasarela.» –Jane volvía a interrumpirnos y suspiré
resignada.
—A las doce
estaré en tu puerta.
—Pero y si…
–corté de cuajo sus dudas.
—Y si a las
doce y un minuto aún no llamé como una posesa, puedes avisar hasta a los
bomberos si quieres. –soltó una carcajada y me besó por última vez.
—Hoy pongo
yo el chocolate, gatita. –susurró en mi oído con el pecho pegado a mi espalda,
dándome una palmada en el trasero y haciéndome sonrojar. Acabé por reír ante la tentación antes de
cruzar el muro que nos hacía de refugio improvisado. No sin antes girarme y
soltar un ronroneo de gato, guiñándole un ojo.
A lo largo
de la pasarela nos colocamos todas las chicas por orden de lista, y nuestros
respectivos hombres subían a llevarnos de la mano. Sonreí cuando el señor Fogg
me tendió la suya y bajamos de la pasarela. Crucé miradas con Harry, el que
seguía apoyado en la pared en la que antes nos habíamos escondido, con las
manos en los bolsillos y su mirada clavada en nuestras manos unidas. Fruncí los
labios mientras seguía al señor Fogg a donde quiera que me llevase, hasta que
al adentrarnos en el bosque, me ganó la curiosidad.
—¿A dónde
me lleva?
—Hace un
par de días, en uno de mis usuales paseos nocturnos hice un par de
descubrimientos. –me miró con el ceño en alto, haciendo una pausa. Esa mirada
iba con segundas, pero en este momento no me apetecía descifrarlas.– Y entre
ellos encontré otro lugar en el bosque, muy cerca del claro, donde te tengo una
sorpresa.
Hace un par
de días, claro, noche, paseo nocturno, ¿estaba insinuando que me vio a mí y a
Harry…? Si es así no podría volver a mirarlo a la cara jamás.
Toda
vergüenza se esfumó cuando él se detuvo, haciendo que chocase con su espalda
él, consiguiendo que tuviese que recomponerme. Incliné la cabeza hacia un lado,
observando el lugar detrás de él. Cientos de velas de diferentes colores hacían
un doble círculo sobre la hierba, justo resaltando los pétalos caídos de las
flores de los árboles en su interior. Me guió hasta que estuve en el círculo,
había unas vistas impresionantes del cielo, mejores incluso que las del claro.
Se alejó un momento para luego volver con una toalla blanca, y estirarla en el
suelo del centro del círculo.
—Para que
no te manches el vestido, que por cierto, estás preciosa. –me sonrió sin
desviar su mirada en ningún momento de la mía.
—Gracias.
–me dejé caer con cuidado en ella mientras él se sentaba a mi lado.– ¿Cómo has
conseguido hacer todo esto?
—Bueno,
muchas veces me has hablado de lo mucho que te había gustado el campus el día
que interpretaste una obra, y me lo has descrito con el mínimo detalle, así que
lo primero que he pensado para nuestra cita han sido las velas. –nuestra cita. De acuerdo, eso sonaba muy
raro. Él había estado pensando en algo para hacer esta cita perfecta, mientras
que yo creía que la cita perfecta era pasarme la noche en la cama de Harry. Ahora
me sentía muy… ¿cómo Sam?– La verdad es que sé tantas cosas de ti que no sabía
cuál de todas las que te gustan escoger para nuestra cita. –reiteró las últimas
palabras, remarcándolas, aparentemente a propósito.
—Eso es
porque siempre hablamos de mí. Tú nunca me cuentas tu vida. –entonces clavé la
mirada en él.– ¿Estás casado? ¿Con hijos? ¿Casa y coche?
—Iba a
casarme, pero mi prometida falleció.
—Oh, lo… lo
siento. –tartamudeé, por lo que busqué una excusa para hace la situación más
amena.– Pero aun así te has pasado con todo esto. Aún por encima de que te
obligo a pujar por mí…
—No me
obligaste, yo te lo prometí. –asentí y me quedé callada. Quizás, si fuese menos
celosa, ahora no pasaría esto.
—Sé que
estás con Harry. –su voz irrumpió en mis pensamientos, y volví a mirarlo,
creyendo haber escuchado mal. Pero cuando él me devolvió la mirada, expectante,
supe que lo había dicho en serio. ¿Cómo se habrá enterado? ¿O lo insinúa porque
sí nos ha visto el viernes?
—¿Cómo lo
sabes?
—Todas las
alumnas están revolucionadas hablando de ello, es el cotilleo oficial. Y no
escatimáis en muestras de amor públicas. –rió con lo último.
—Bueno, eh…
–ahora sí que me sentía avergonzada. Desvié la mirada de él, hacia abajo,
fijándome en el reloj que llevaba en su mano. Las doce justas. Ahora sí que
empezaba mi cita de esta noche.– Eh, son las doce. Tengo que irme. –me levanté
del suelo al mismo tiempo que él.
—¿Mi cinderella
va a perder los zapatos de cristal? –aquello me hizo girarme para mirarlo. Lo
mismo me había dicho Harry, ¿la diferencia? Yo no era la cenicienta del señor
Fogg.
«Vamos,
____, no puedes enfadarte por eso.»
Soy una
malcriada, por lo que tengo derecho a hacerlo.
—Sí.
–disimulé mi repentino cabreo con una sonrisa y retomé mi camino hacia el
instituto.
—Espera,
____. –me retuvo sujetándome por el brazo, obligándome a girarme hacia él de
nuevo.
—¿Qué pasa,
señor Fogg?
—Nunca te
lo he dicho, pero eres muy parecida a tu madre.
—Gra…
–estuve a punto de agradecérselo, como a todas las personas conocidas de la
familia que me decían ese, para mí, enorme cumplido, hasta que caí en la cuenta
de que nunca le había hablado a él de mi madre. Y mucho menos haberle enseñado
ninguna foto como referencia.– ¿De qué conoce usted a mi madre? –di un paso
atrás, desconfiada, soltándome de su agarre.
—Yo quería
a tu madre, _____, iba a casarme con ella. –di otro paso atrás, pero él se
acercó. Mi mano se alzó temerosa contra él, para mantener las distancias.
—No. ¿Tú la
mataste? –a pesar de las numerosas veces que me atraganté con las palabras, él
pareció entenderme. Si lo afirmaba, sacaría fuerzas de donde fuese y sería yo
la que lo mataría a él.
—Ella
quería a tu padre. –aquella fue la corroboración que necesitaba.
● Harry:
—No viene. –dije ya en la tercera vuelta con la que recorría la
habitación.
—Cálmate Harry, si está de camino, aún tiene que recorrer todo el
pasillo.
—Ella dijo
que estaría aquí a las doce.
—Bueno, son
las doce y diez, –Niall, aquello no iba a conseguir que me calmase, y menos
sabiendo que se retrasaba esos diez minutos por culpa del profesor de
literatura.– en un par de minutos ella entrará por esa puerta y nosotros nos
iremos, para que podáis hacer de las vuestras.
—Lo que voy
a hacer es ir a buscarla.
—Va a
enfadarse porque creerá que no confías en ella. –me detuve en la puerta y miré
al rubio, que jugaba a tocar unos acordes en su guitarra, sentado en la cama.
—Prefiero
que esté enfadada conmigo a que pase un minuto más a solas con ese tipo.
—De
acuerdo, novio obsesivo compulsivo, controlador celoso. –se burló y yo salí de
allí soltando un gruñido, para luego correr, literalmente, por el pasillo hasta
salir al campus.
La última
vez que la había visto había sido de la mano con el profesor, mientras este la
arrastraba al interior del bosque. Caminé hacia el claro, pero este estaba
vacío. Si tenía que buscar en todo el campus que rodeaba el edificio, me iba a
llevar horas. Pero para mi suerte, un ápice de luz brillaba un par de metros
más allá, tras los árboles en flor. Luz de velas, por lo que supuse que serían
ellos y aún no se habrían ido.
Me quedé
detrás del árbol, viendo como continuaban la conversación. Uno delante del otro
y _____ no parecía muy contenta. Supuse que sería una discusión.
—Destruiste mi familia. –ella musitó. Pero yo
estaba lo suficientemente cerca, y confuso, como para escucharla.
—¡No,
______! Tu madre tenía que… –ella negó con la cabeza y retrocedió cuando él se
le acercaba.
—Ni se te
ocurra acercarte. –su voz temblaba, quebrada.– ¿¡Por qué tuviste que matarla!?
–abrí los ojos y di un paso adelante.
—¡Ella era
mía! –el profesor parecía fuera de sí.– Y tu padre tuvo que meterse en medio.
¡Teníamos tantas cosas planeadas! Íbamos a formar una familia y él me la quitó.
—¡No era
tuya, ¿sabes?! No era un maldito objeto. ¡Era mi madre! Y se quedó por mí.
—Cállate.
–enfurecí cuando se acercó aún más a ella.
—¿Sorprendido?
–se mantuvo fuerte, pero sus ojos decían
que estaba a punto de caer sin poder volver a levantarse.– Ella se quedó por
mí, ¡tú estropeaste todo! Tú me quitaste lo único bueno que tenía, hiciste que
mi vida se desmoronase de golpe. –tensó la mandíbula, apretaba los dientes para
evitar llorar.
—Pero, ¡tu
padre…! –él la cogió del hombro y mis puños se cerraron con fuerza.
—¡Deja de
echar las culpas a mi padre! ¡Él no la mató! ¡Fuiste tú! Y aunque me joda
decirlo, mi madre te quería, capullo.– primera lágrima y empecé a andar hacia
allí.– Ella solo quería que yo fuese feliz, y por un imbécil como tú perdió la
vida. –escupió.– ¡Suéltame! –finalmente las lágrimas empezaron a deslizarse
desde sus párpados, amortiguadas por sus labios y lo único que él hizo fue
sujetarla más fuerte.
—Ella ha
dicho que la sueltes. –me metí. ______ ya había sufrido bastante. Mi nombre se
escapó de entre sus labios con un susurro y temblé interiormente al verla
mirarme con el brillo usual en sus ojos cada vez que me veía.
—Styles,
creo que esto no es cosa tuya. –el señor Fogg me miró, sin soltarla. Lo que me
obligó a meterme entre ellos, por fin liberó su agarre del brazo de Selley y
seguimos plantándonos cara. Él era solo un par de centímetros más alto que yo,
pero eso no me echaría atrás.
—Sí lo es
cuando ella está en medio. –los brazos de Selley aferrándose a mi espalda,
temblando, me irritaron aún más.
—Lárgate,
Harry. _____ es mía y voy a llevármela. –la mandíbula se me desencajó. Sabía
que este tipo no era de fiar.
—Repite eso
y lo único que te llevarás será una gran paliza de mi parte.
—¡He dicho
que te largues!
En unos
segundos los dos estábamos en el suelo, él sobre mí, forcejeando para intentar
matarnos a golpes.
—¡Harry!
–el grito de ______ nos pilló desprevenidos a ambos, pero Ruphert aprovechó
para darme un puñetazo. Sentí sangrar el labio. Ella estaba llorando, y
gritando mi nombre. Y lo único que quería era acabar de matar al profesor para
abrazarla y convencerla de que todo estaría bien. Entonces pegué en su cara
varios golpes, haciéndolo quejarse, y volvimos a forcejear.
Selley se
metió en medio, cogiendo por los hombros al señor Fogg, lo que yo utilicé para
ponerme sobre él, desconcertándolo y golpeándolo con toda la fuerza que pude
reunir.
—¡Para, Harry!
¡No merece la pena! –oh, sí, sí que la merecía.
Sentí dos
brazos sobre mis hombros, pero eran demasiado fuertes para ser de ella. No me
había dado cuenta, pero todo el profesorado y dirección estaban ya allí, además
de Jane y Liam.
Me
separaron a la fuerza, y dejándome con las ganas de seguir pegándole, del
cuerpo de aquel gilipollas. A él también lo sujetaron, pero a diferencia de mí,
no lo soltaron. Busqué a ____ con la mirada, hasta encontrarla hablando con el
director, temblando, indefensa y sollozando. Ella asintió y este se acercó a
mí.
—La
señorita Selley corroboró que el señor Fogg había confesado ser el asesino de
su madre, y también que tú estás al tanto de la historia. ¿Llegaste a escuchar
algo de la conversación, Harry?
—Estaba
presente, y él la sujetaba en contra de su voluntad mientras discutían.
Cada vez
que intentaba acercarme a ella, algo me lo impedía. Preguntas y más preguntas.
Al parecer, Liam y Jane, en medio de su cita paseando por el campus, presenciaron
la pelea y corrieron a avisar al director.
Acudió la
policía, nos tomó testimonio a todos, y entonces decidí ignorar a los que se me
acercaban, sino no podría hablar con ella. Cuando por fin la vi, alejada del
círculo de personas, me hice paso entre toda la gente dispuesto a abrazarla,
pero al parecer, alguien se me adelantó. Su padre.
Su padre
estaba allí.
A paso más
lento me acerqué. Fue entonces cuando observé a Sam, seguida de un par de
hombres cargados con un montón de maletas, salir del internado. Las cosas se
cargaron en el coche que había tras ellos. _____ por fin se dio cuenta de mi
presencia y dejó de abrazar a su padre para dar dos pasos hacia mí.
Aunque
ahora el que estaba en shock era yo. Las puertas que rodeaban el internado
volvieron a abrirse, dejando entrar un vehículo todoterreno plateado. Ya lo
conocía y no podía apartar la mirada de él.
«No puede
ser.»
Rose. Ese
era el mismo coche que se la había llevado, el que hacía un año me había
quitado una de las pocas cosas que había querido nunca. Y ahora estaba allí, de
nuevo. ¿Había vuelto para quedarse? ¿Eran imaginaciones mías?
—Vámonos,
______, es hora de volver a casa. –aquella voz, grave, que identifiqué como el
padre de Selley me hizo volver a la realidad de golpe. La miré a ella, separada
un metro de mí. La mirada cristalizada, siendo consciente de mi embobamiento
hacia aquel coche.
Le había
fallado.
Una lágrima
corrió por su mejilla y tuve la necesidad de acortar la distancia para
secársela. Pero no lo hice. No me moví. En cambio ella, la que debía irse ya,
sí se acercó, con las manos detrás de su cuello. Se detuvo a apenas unos
centímetros de mí y cogió mi mano, sin decir nada, para entrelazarla.
Sentí algo
frío entre nuestras palmas, cuando se separó descubrí en mi mano la cadena de
plata que le había dado hace unas horas. Volví a verla caminar lejos de mí, y a
cada paso que daba era consciente de que la perdía un poco más.
Pensé que se
iría sin despedirse, sabía de sobra que debía hacer algo para detenerla. Mi
cuerpo no se movió, el suyo se detuvo a un par de metros, se giró para verme
por última vez y sus lágrimas me rompieron por dentro. Vi a través de sus ojos
que estaba rota.
—Gracias
por ser una de las mejores cosas que me ha pasado en este tiempo. –oí su
quebrada voz pero no dije nada.– No estoy segura de que vayamos a volver a
vernos. –sollozó y sorbió las lágrimas. Quería abrazarla, correr y besarla.
Retenerla conmigo.– Te amo, Harry.
Aquello
aceleró mi corazón de tal manera que creí que se escucharía hasta en la otra
punta del país. Este era el momento de hacer algo, de intervenir. De rogar que
se quedase. Debía interponerme en su camino e impedir que se marchase.
Pero solo
vi cómo se alejaba más y más de mí, mientras yo me quedaba allí quieto, con las
ganas de gritarle que yo sentía lo mismo por ella. Siendo consciente de que a
cada paso que daba la perdía un poco más. No volvió a mirarme. Seguí con la
mirada el camino que recorría su coche, fue entonces, cuando el vehículo hubo
salido completamente del internado, cuando supe que la había perdido para
siempre.
·En el próximo capítulo·
—He pasado página tantas veces a lo largo de mi vida, que he descubierto
que siempre acabo en la misma mierda. Lo que necesito es cambiar de libro, este
no me gusta.
—¿Eso quiere decir que vas a intentar olvidar a ____? –volvió a
preguntar.
—Jamás. Eso quiere decir que quiero un maldito libro en el que los
únicos personajes seamos ella y yo.
¡Dios! ¡Me ha encantado! Pero..pero, ellos tienen que estar juntos..
ResponderEliminarestoy con belen el capitulo es incrible al igual que la novela ...sigue asi vas muy bien
ResponderEliminarOh dios. Tienes que escribir el siguiente capítulo lo antes posible.
ResponderEliminarEs hora de decirte que tu novela ha sido LA ÚNICA que me ha hecho reír, temblar, emocionarme e incluso llorar como una descosida.
Eres muy buena escribiendo y la historia es increíble.
Ojalá la historia termine bien.
yo he llorado con esta novela, me he reido y como siempre (películas, lubros,novelas y series) hablo sola diciendo cosas como -VE A BUSCARLA COÑO!!- y cosas asi, (me paso ayer en this is us y mi maiga diciendo, "sara, no hables sola" y yo "no hablo sola1! hablo con ellos!! con la peli!!" jeejeje soy especial ^^ pliss síguela pronto no haguanto mas sin capitulo, te suplico que si la sigues en septiembre, qe sea el 1 que me va a dar un algo porque necesito saber como acaba, realmente amo tu novela asi que pliss síguela pronturrio grasiaaas!!!! XD xx
ResponderEliminardios tu novela es..es...es genial siempre que me imagino que soy yo la esta hay siempre que me imagino que harry me dice al oido sara te quiero eso ...eso...eso me hace llorar no puedo evitarlo
ResponderEliminarno la dejes por favor necesito saber como acaba la historiia si no me derrumbare por no haber sabido si harry vuelve a encontrar a la chica de sus sueños
es todo tan romantico y tan hot que de verdad pienso que esta pasando
SIGULAAAA POR FAVOR !!!!!!!
OMG!! me ha encantado la novela, espero que sigan juntos o se vuelvan a ver...esta novela es tan..tan..dsuhdwj no tengo palabras...síguela pronto porfavor<3
ResponderEliminarVenga necesito el siguiente capitulo yaa.Me encanta tu novela es ... No hay palabras siguela y cuanto antes subas el proximo capitulo mas agradecida estare... Madreee no aguanto . Me encanta
ResponderEliminar