lunes, 26 de agosto de 2013

CUARENTA Y SIETE: CINDERELLA PERDERÁ LOS ZAPATOS DE CRISTAL.

"Ella se fue esperando que él la detuviera, 
él la dejó ir esperando que ella regresara."

● _____: 
Tan pronto pude volver al backstage ignoré las miradas boquiabiertas de todas y salí de allí a paso rápido. Me perdí entre la multitud de tíos que ahora pujaban por la siguiente chica mientras buscaba al mío. Ni con los tacones conseguía superar en altura a aquellos mastodontes, por lo que acabé perdida de verdad.
Un fuerte brazo sujetó el mío tirando de mí hacia un lugar más privado.
—Te estaba buscan…–me cortó.
—Lo siento. –cogí su cara entre mis manos y lo obligué a mirarme.
—No lo sientas, has hecho lo que has podido.
—Pero iba a ser nuestra noche, yo iba a quitarte ese vestido.
—Y nadie más que tú va a hacerlo, –lo miré, intentando tranquilizarlo, pero nada parecía dar resultado– además va a ser justo a las doce.
—¿Cinderella perderá los zapatos de cristal? –bromeó, por lo menos había calmado la situación.
—No, idiota. –tuve la necesidad de tirar por el lazo de su cuello y acercarlo a mí, pero no quería caer en la tentación de saltarme las reglas y terminar en la habitación ahora mismo.– A las doce adiós señor Fogg, hola noche con mi chico.
—¿Soy tu chico, nena? –esa condenada sonrisa pícara me mataba, eso sí que incitaba al pecado. Acabé sucumbiendo y tirando del cuello de su camisa para volver a unir sus labios a los míos. Me inclinó hacia atrás como antes, solo que esta vez llevó su mano a la abertura lateral de mi traje. Acarició mi pierna hasta hacer que esta se alzara.
—Por supuesto. –dije entre besos y dejé que pensase que me tenía controlada, para luego dar un paso en falso y aprisionarlo contra la pared que nos escondía. Mis labios a la altura perfecta de su cuello para succionar su piel, haciéndolo soltar un gemido gutural mientras chupaba.– Y lo marco con uñas y dientes. –entre la espalda y el cuello, quedaría rojo de por vida.
—«Atención, citas, súbanse a la pasarela.» –Jane volvía a interrumpirnos y suspiré resignada.
—A las doce estaré en tu puerta.
—Pero y si… –corté de cuajo sus dudas.
—Y si a las doce y un minuto aún no llamé como una posesa, puedes avisar hasta a los bomberos si quieres. –soltó una carcajada y me besó por última vez.
—Hoy pongo yo el chocolate, gatita. –susurró en mi oído con el pecho pegado a mi espalda, dándome una palmada en el trasero y haciéndome sonrojar.  Acabé por reír ante la tentación antes de cruzar el muro que nos hacía de refugio improvisado. No sin antes girarme y soltar un ronroneo de gato, guiñándole un ojo.  
A lo largo de la pasarela nos colocamos todas las chicas por orden de lista, y nuestros respectivos hombres subían a llevarnos de la mano. Sonreí cuando el señor Fogg me tendió la suya y bajamos de la pasarela. Crucé miradas con Harry, el que seguía apoyado en la pared en la que antes nos habíamos escondido, con las manos en los bolsillos y su mirada clavada en nuestras manos unidas. Fruncí los labios mientras seguía al señor Fogg a donde quiera que me llevase, hasta que al adentrarnos en el bosque, me ganó la curiosidad.
—¿A dónde me lleva?
—Hace un par de días, en uno de mis usuales paseos nocturnos hice un par de descubrimientos. –me miró con el ceño en alto, haciendo una pausa. Esa mirada iba con segundas, pero en este momento no me apetecía descifrarlas.– Y entre ellos encontré otro lugar en el bosque, muy cerca del claro, donde te tengo una sorpresa.
Hace un par de días, claro, noche, paseo nocturno, ¿estaba insinuando que me vio a mí y a Harry…? Si es así no podría volver a mirarlo a la cara jamás.
Toda vergüenza se esfumó cuando él se detuvo, haciendo que chocase con su espalda él, consiguiendo que tuviese que recomponerme. Incliné la cabeza hacia un lado, observando el lugar detrás de él. Cientos de velas de diferentes colores hacían un doble círculo sobre la hierba, justo resaltando los pétalos caídos de las flores de los árboles en su interior. Me guió hasta que estuve en el círculo, había unas vistas impresionantes del cielo, mejores incluso que las del claro. Se alejó un momento para luego volver con una toalla blanca, y estirarla en el suelo del centro del círculo.
—Para que no te manches el vestido, que por cierto, estás preciosa. –me sonrió sin desviar su mirada en ningún momento de la mía.
—Gracias. –me dejé caer con cuidado en ella mientras él se sentaba a mi lado.– ¿Cómo has conseguido hacer todo esto?
—Bueno, muchas veces me has hablado de lo mucho que te había gustado el campus el día que interpretaste una obra, y me lo has descrito con el mínimo detalle, así que lo primero que he pensado para nuestra cita han sido las velas.  –nuestra cita. De acuerdo, eso sonaba muy raro. Él había estado pensando en algo para hacer esta cita perfecta, mientras que yo creía que la cita perfecta era pasarme la noche en la cama de Harry. Ahora me sentía muy… ¿cómo Sam?– La verdad es que sé tantas cosas de ti que no sabía cuál de todas las que te gustan escoger para nuestra cita. –reiteró las últimas palabras, remarcándolas, aparentemente a propósito.
—Eso es porque siempre hablamos de mí. Tú nunca me cuentas tu vida. –entonces clavé la mirada en él.– ¿Estás casado? ¿Con hijos? ¿Casa y coche?
—Iba a casarme, pero mi prometida falleció.
—Oh, lo… lo siento. –tartamudeé, por lo que busqué una excusa para hace la situación más amena.– Pero aun así te has pasado con todo esto. Aún por encima de que te obligo a pujar por mí…
—No me obligaste, yo te lo prometí. –asentí y me quedé callada. Quizás, si fuese menos celosa, ahora no pasaría esto.
—Sé que estás con Harry. –su voz irrumpió en mis pensamientos, y volví a mirarlo, creyendo haber escuchado mal. Pero cuando él me devolvió la mirada, expectante, supe que lo había dicho en serio. ¿Cómo se habrá enterado? ¿O lo insinúa porque sí nos ha visto el viernes?
—¿Cómo lo sabes?
—Todas las alumnas están revolucionadas hablando de ello, es el cotilleo oficial. Y no escatimáis en muestras de amor públicas. –rió con lo último.
—Bueno, eh… –ahora sí que me sentía avergonzada. Desvié la mirada de él, hacia abajo, fijándome en el reloj que llevaba en su mano. Las doce justas. Ahora sí que empezaba mi cita de esta noche.– Eh, son las doce. Tengo que irme. –me levanté del suelo al mismo tiempo que él.
—¿Mi cinderella va a perder los zapatos de cristal? –aquello me hizo girarme para mirarlo. Lo mismo me había dicho Harry, ¿la diferencia? Yo no era la cenicienta del señor Fogg.
«Vamos, ____, no puedes enfadarte por eso.»
Soy una malcriada, por lo que tengo derecho a hacerlo.
—Sí. –disimulé mi repentino cabreo con una sonrisa y retomé mi camino hacia el instituto.
—Espera, ____. –me retuvo sujetándome por el brazo, obligándome a girarme hacia él de nuevo.
—¿Qué pasa, señor Fogg?
—Nunca te lo he dicho, pero eres muy parecida a tu madre.
—Gra… –estuve a punto de agradecérselo, como a todas las personas conocidas de la familia que me decían ese, para mí, enorme cumplido, hasta que caí en la cuenta de que nunca le había hablado a él de mi madre. Y mucho menos haberle enseñado ninguna foto como referencia.– ¿De qué conoce usted a mi madre? –di un paso atrás, desconfiada, soltándome de su agarre.
—Yo quería a tu madre, _____, iba a casarme con ella. –di otro paso atrás, pero él se acercó. Mi mano se alzó temerosa contra él, para mantener las distancias.
—No. ¿Tú la mataste? –a pesar de las numerosas veces que me atraganté con las palabras, él pareció entenderme. Si lo afirmaba, sacaría fuerzas de donde fuese y sería yo la que lo mataría a él.
—Ella quería a tu padre. –aquella fue la corroboración que necesitaba.

● Harry:
 —No viene. –dije ya en la tercera vuelta con la que recorría la habitación.
—Cálmate Harry, si está de camino, aún tiene que recorrer todo el pasillo. 
—Ella dijo que estaría aquí a las doce.
—Bueno, son las doce y diez, –Niall, aquello no iba a conseguir que me calmase, y menos sabiendo que se retrasaba esos diez minutos por culpa del profesor de literatura.– en un par de minutos ella entrará por esa puerta y nosotros nos iremos, para que podáis hacer de las vuestras.
—Lo que voy a hacer es ir a buscarla.
—Va a enfadarse porque creerá que no confías en ella. –me detuve en la puerta y miré al rubio, que jugaba a tocar unos acordes en su guitarra, sentado en la cama.
—Prefiero que esté enfadada conmigo a que pase un minuto más a solas con ese tipo.
—De acuerdo, novio obsesivo compulsivo, controlador celoso. –se burló y yo salí de allí soltando un gruñido, para luego correr, literalmente, por el pasillo hasta salir al campus.
La última vez que la había visto había sido de la mano con el profesor, mientras este la arrastraba al interior del bosque. Caminé hacia el claro, pero este estaba vacío. Si tenía que buscar en todo el campus que rodeaba el edificio, me iba a llevar horas. Pero para mi suerte, un ápice de luz brillaba un par de metros más allá, tras los árboles en flor. Luz de velas, por lo que supuse que serían ellos y aún no se habrían ido.
Me quedé detrás del árbol, viendo como continuaban la conversación. Uno delante del otro y _____ no parecía muy contenta. Supuse que sería una discusión.
 —Destruiste mi familia. –ella musitó. Pero yo estaba lo suficientemente cerca, y confuso, como para escucharla.
—¡No, ______! Tu madre tenía que… –ella negó con la cabeza y retrocedió cuando él se le acercaba.
—Ni se te ocurra acercarte. –su voz temblaba, quebrada.– ¿¡Por qué tuviste que matarla!? –abrí los ojos y di un paso adelante.
—¡Ella era mía! –el profesor parecía fuera de sí.– Y tu padre tuvo que meterse en medio. ¡Teníamos tantas cosas planeadas! Íbamos a formar una familia y él me la quitó.
—¡No era tuya, ¿sabes?! No era un maldito objeto. ¡Era mi madre! Y se quedó por mí.
—Cállate. –enfurecí cuando se acercó aún más a ella.
—¿Sorprendido? –se mantuvo fuerte, pero  sus ojos decían que estaba a punto de caer sin poder volver a levantarse.– Ella se quedó por mí, ¡tú estropeaste todo! Tú me quitaste lo único bueno que tenía, hiciste que mi vida se desmoronase de golpe. –tensó la mandíbula, apretaba los dientes para evitar llorar.
—Pero, ¡tu padre…! –él la cogió del hombro y mis puños se cerraron con fuerza.
—¡Deja de echar las culpas a mi padre! ¡Él no la mató! ¡Fuiste tú! Y aunque me joda decirlo, mi madre te quería, capullo.– primera lágrima y empecé a andar hacia allí.– Ella solo quería que yo fuese feliz, y por un imbécil como tú perdió la vida. –escupió.– ¡Suéltame! –finalmente las lágrimas empezaron a deslizarse desde sus párpados, amortiguadas por sus labios y lo único que él hizo fue sujetarla más fuerte.
—Ella ha dicho que la sueltes. –me metí. ______ ya había sufrido bastante. Mi nombre se escapó de entre sus labios con un susurro y temblé interiormente al verla mirarme con el brillo usual en sus ojos cada vez que me veía.
—Styles, creo que esto no es cosa tuya. –el señor Fogg me miró, sin soltarla. Lo que me obligó a meterme entre ellos, por fin liberó su agarre del brazo de Selley y seguimos plantándonos cara. Él era solo un par de centímetros más alto que yo, pero eso no me echaría atrás.
—Sí lo es cuando ella está en medio. –los brazos de Selley aferrándose a mi espalda, temblando, me irritaron aún más.
—Lárgate, Harry. _____ es mía y voy a llevármela. –la mandíbula se me desencajó. Sabía que este tipo no era de fiar.
—Repite eso y lo único que te llevarás será una gran paliza de mi parte.
—¡He dicho que te largues!
En unos segundos los dos estábamos en el suelo, él sobre mí, forcejeando para intentar matarnos a golpes.
—¡Harry! –el grito de ______ nos pilló desprevenidos a ambos, pero Ruphert aprovechó para darme un puñetazo. Sentí sangrar el labio. Ella estaba llorando, y gritando mi nombre. Y lo único que quería era acabar de matar al profesor para abrazarla y convencerla de que todo estaría bien. Entonces pegué en su cara varios golpes, haciéndolo quejarse, y volvimos a forcejear.
Selley se metió en medio, cogiendo por los hombros al señor Fogg, lo que yo utilicé para ponerme sobre él, desconcertándolo y golpeándolo con toda la fuerza que pude reunir.
—¡Para, Harry! ¡No merece la pena! –oh, sí, sí que la merecía.
Sentí dos brazos sobre mis hombros, pero eran demasiado fuertes para ser de ella. No me había dado cuenta, pero todo el profesorado y dirección estaban ya allí, además de Jane y Liam.
Me separaron a la fuerza, y dejándome con las ganas de seguir pegándole, del cuerpo de aquel gilipollas. A él también lo sujetaron, pero a diferencia de mí, no lo soltaron. Busqué a ____ con la mirada, hasta encontrarla hablando con el director, temblando, indefensa y sollozando. Ella asintió y este se acercó a mí.
—La señorita Selley corroboró que el señor Fogg había confesado ser el asesino de su madre, y también que tú estás al tanto de la historia. ¿Llegaste a escuchar algo de la conversación, Harry?
—Estaba presente, y él la sujetaba en contra de su voluntad mientras discutían.
Cada vez que intentaba acercarme a ella, algo me lo impedía. Preguntas y más preguntas. Al parecer, Liam y Jane, en medio de su cita paseando por el campus, presenciaron la pelea y corrieron a avisar al director.
Acudió la policía, nos tomó testimonio a todos, y entonces decidí ignorar a los que se me acercaban, sino no podría hablar con ella. Cuando por fin la vi, alejada del círculo de personas, me hice paso entre toda la gente dispuesto a abrazarla, pero al parecer, alguien se me adelantó. Su padre.
Su padre estaba allí.
A paso más lento me acerqué. Fue entonces cuando observé a Sam, seguida de un par de hombres cargados con un montón de maletas, salir del internado. Las cosas se cargaron en el coche que había tras ellos. _____ por fin se dio cuenta de mi presencia y dejó de abrazar a su padre para dar dos pasos hacia mí.
Aunque ahora el que estaba en shock era yo. Las puertas que rodeaban el internado volvieron a abrirse, dejando entrar un vehículo todoterreno plateado. Ya lo conocía y no podía apartar la mirada de él.
«No puede ser.»
Rose. Ese era el mismo coche que se la había llevado, el que hacía un año me había quitado una de las pocas cosas que había querido nunca. Y ahora estaba allí, de nuevo. ¿Había vuelto para quedarse? ¿Eran imaginaciones mías?
—Vámonos, ______, es hora de volver a casa. –aquella voz, grave, que identifiqué como el padre de Selley me hizo volver a la realidad de golpe. La miré a ella, separada un metro de mí. La mirada cristalizada, siendo consciente de mi embobamiento hacia aquel coche.
Le había fallado.
Una lágrima corrió por su mejilla y tuve la necesidad de acortar la distancia para secársela. Pero no lo hice. No me moví. En cambio ella, la que debía irse ya, sí se acercó, con las manos detrás de su cuello. Se detuvo a apenas unos centímetros de mí y cogió mi mano, sin decir nada, para entrelazarla.
Sentí algo frío entre nuestras palmas, cuando se separó descubrí en mi mano la cadena de plata que le había dado hace unas horas. Volví a verla caminar lejos de mí, y a cada paso que daba era consciente de que la perdía un poco más.
Pensé que se iría sin despedirse, sabía de sobra que debía hacer algo para detenerla. Mi cuerpo no se movió, el suyo se detuvo a un par de metros, se giró para verme por última vez y sus lágrimas me rompieron por dentro. Vi a través de sus ojos que estaba rota.
—Gracias por ser una de las mejores cosas que me ha pasado en este tiempo. –oí su quebrada voz pero no dije nada.– No estoy segura de que vayamos a volver a vernos. –sollozó y sorbió las lágrimas. Quería abrazarla, correr y besarla. Retenerla conmigo.– Te amo, Harry.
Aquello aceleró mi corazón de tal manera que creí que se escucharía hasta en la otra punta del país. Este era el momento de hacer algo, de intervenir. De rogar que se quedase. Debía interponerme en su camino e impedir que se marchase.

Pero solo vi cómo se alejaba más y más de mí, mientras yo me quedaba allí quieto, con las ganas de gritarle que yo sentía lo mismo por ella. Siendo consciente de que a cada paso que daba la perdía un poco más. No volvió a mirarme. Seguí con la mirada el camino que recorría su coche, fue entonces, cuando el vehículo hubo salido completamente del internado, cuando supe que la había perdido para siempre.

·En el próximo capítulo·
—He pasado página tantas veces a lo largo de mi vida, que he descubierto que siempre acabo en la misma mierda. Lo que necesito es cambiar de libro, este no me gusta.
—¿Eso quiere decir que vas a intentar olvidar a ____? –volvió a preguntar.
—Jamás. Eso quiere decir que quiero un maldito libro en el que los únicos personajes seamos ella y yo. 

7 comentarios:

  1. ¡Dios! ¡Me ha encantado! Pero..pero, ellos tienen que estar juntos..

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  2. estoy con belen el capitulo es incrible al igual que la novela ...sigue asi vas muy bien

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  3. Oh dios. Tienes que escribir el siguiente capítulo lo antes posible.

    Es hora de decirte que tu novela ha sido LA ÚNICA que me ha hecho reír, temblar, emocionarme e incluso llorar como una descosida.
    Eres muy buena escribiendo y la historia es increíble.
    Ojalá la historia termine bien.

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  4. yo he llorado con esta novela, me he reido y como siempre (películas, lubros,novelas y series) hablo sola diciendo cosas como -VE A BUSCARLA COÑO!!- y cosas asi, (me paso ayer en this is us y mi maiga diciendo, "sara, no hables sola" y yo "no hablo sola1! hablo con ellos!! con la peli!!" jeejeje soy especial ^^ pliss síguela pronto no haguanto mas sin capitulo, te suplico que si la sigues en septiembre, qe sea el 1 que me va a dar un algo porque necesito saber como acaba, realmente amo tu novela asi que pliss síguela pronturrio grasiaaas!!!! XD xx

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  5. dios tu novela es..es...es genial siempre que me imagino que soy yo la esta hay siempre que me imagino que harry me dice al oido sara te quiero eso ...eso...eso me hace llorar no puedo evitarlo
    no la dejes por favor necesito saber como acaba la historiia si no me derrumbare por no haber sabido si harry vuelve a encontrar a la chica de sus sueños
    es todo tan romantico y tan hot que de verdad pienso que esta pasando
    SIGULAAAA POR FAVOR !!!!!!!

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  6. OMG!! me ha encantado la novela, espero que sigan juntos o se vuelvan a ver...esta novela es tan..tan..dsuhdwj no tengo palabras...síguela pronto porfavor<3

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  7. Venga necesito el siguiente capitulo yaa.Me encanta tu novela es ... No hay palabras siguela y cuanto antes subas el proximo capitulo mas agradecida estare... Madreee no aguanto . Me encanta

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