viernes, 28 de junio de 2013

VEINTINUEVE: CON LAS GANAS DE DECIRNOS TODO.

● ______:

—¿Señor Fogg? ¿Por aquí a estas horas? –dije al descubrir al profesor de literatura, cuando me giré.
—Ya te dije que podías tutearme. Y sí, no podía dormir. Los profesores no tenemos ese “bar” –entrecomilló la palabra con los dedos– para divertirnos los martes. Puesto que como tal no puedo entrar, decidí salir a caminar por el campus. Lo que me parece raro es que tú no estés en él, disfrutando de tu único día de fiesta, por así llamarlo, en vez de aquí, plantada en medio de un pasillo.
—No me apetecía nada ir, será eso.
—¿Entonces vienes conmigo a caminar por el campus? –la sonrisa que acompañó a su pregunta me sorprendió. Me tomé unos segundos para analizarlo como no había hecho antes, su pelo azabache algo alborotado, y barba muy poco poblada. Era alto, bastante, puesto que yo llegaba a la altura de su pecho. La camisa, que ahora llevaba sin la chaqueta correspondiente al uniforme del profesorado, la vestía arremangada hasta los hombros, y marcaba todos y cada uno de los músculos de su cuerpo, que no estaban para nada poco desarrollados, y descubrí entre los botones sueltos de su camisa, que de su cuello colgaba una cadena. Sus ojos café me especulaban, esperando una respuesta. Pero yo seguía observándolo, hasta salir del trance.
—Sí. –acepté.– Vamos a mi habitación. –me dirigí hacia allí con su mirada en la espalda.
—¿Qué? –preguntó, confuso.
—A coger una chaqueta. –lo miré sobre los hombros, con el ceño en alto y una sonrisa burlona. – Bienvenido a mi caseta de perro, que aun por encima comparto con otra persona. –vacilé cuando llegamos.– No te asustes de nada de lo que puedas encontrar por el suelo, la comparto con una ninfómana empedernida.
—Si quieres, puedo conseguir que tengas una habitación para ti sola, y dejes la…sesenta y nueve. –solté una risa floja.– Al fin y al cabo, ahora estoy en el consejo escolar.
—Seguiría teniendo el problema de que la habitación sería demasiado pequeña. –cerré la puerta con la llave, después de salir. Mandaría un mensaje a Sam diciéndole que no me esperase.
—Así que estás acostumbrada a tener cien metros cuadrados para ti sola.
—¡No te pases! –golpeé suavemente su hombro.– Bueno, sí, tienes razón.
—¿Ya no son cosas mías, eh? –se burló cuando llegamos a la parte delantera del campus, debajo de los altos pinos que se extendían a los lados del camino principal, por el que había llegado hace casi un mes, había un hueco en entre ellos, en el que las ramas no tapaban el cielo y en el que decidimos sentarnos.  La vista al cielo era preciosa y para nada decepcionante,  la única tacha era el frío, impropio para estar casi a mediados de abril, que recorría el ambiente. Me senté en la hierba, mientras que el señor Fogg se dejó caer, tumbado, a mi lado.
—Siento sacar el tema, ______, pero me siento culpable, así que perdona por haberte presionado para que hablases con Harry. –saqué la vista del cielo para clavar la mirada en él. Apoyando la cabeza en sus brazos, también me miraba tumbado en el suelo.
—No te sientas culpable, si no llego a escuchar lo que dijo, ahora mismo estaría siendo una más de sus muñecas. –le resté importancia, pero por dentro mis entrañas estaban hirviendo.
—Esta mañana habéis hablado. ¿Te dio alguna explicación? –negué con la cabeza.
—Lo intentó, pero no quería escucharlo. Estaba tan en mis trece de que Harry había cambiado, que escuchar aquello de la cafetería o me había dolido, o me había enfurecido, o las dos cosas. Nada está sucediendo como yo quería. Nada tenía que suceder así. –abracé mis piernas y hundí la cabeza entre ellas, pero ya había dicho anteriormente que no derramaría una sola lágrima.
—¿Y qué está pasando ______?
—Y después de todo, no pasó nada, simplemente se acabó. –dije aquello que tantas veces repetía en mi mente, con la voz quebrada. Y para evitar que la primera lágrima se formase, volví a mirar hacia el cielo, uniendo en mi mente las estrellas, y creando diferentes formas. No dejé de abrazar mis piernas pues el frío seguía presente.
—¿Cómo te hacen sentir sus actos? –pronto sentí algo colocarse sobre mis hombros y evitar que el frío se colase bajo mi chaqueta. Descubrí su camisa tapándome del frío y volví a desviar la mirada, que se había quedado embobada recorriendo sus músculos, al ver que él se tumbaba de nuevo, esta vez sin ella, de su cuerpo.– No creas que no me doy cuenta de que te mueres de frío.
—Me la sudan sus actos. –dije sorbiendo por la nariz, y pasando la mano bajo mis párpados por primera vez, por lo que no sonó muy convincente.
—Que te la suda, ¿no? ¿Y entonces por qué lloras?
—No lloro. –dije lo más firme que me permitió la voz.
—¿Sabes que ahora mismo está hablando tu cabeza llena de ego verdad? –no le contesté, puesto que no quería darle la razón, ni dejarle ver lo caprichosa que me ponía en los casos en los que yo no tenía la racionalidad.– Entonces, que sea el orgullo quien te abrace cuando lo necesites y te bese cuando se lo pidas.
—¡No necesito nada de él! –hablé, quizás, demasiado alto.– ¡Ni sus besos, ni sus abrazos ni sus miradas! ¡Mucho menos que me dirija sus palabras! Y no sé por qué él es lo único de lo que no me arrepiento. –lo último lo dije inaudiblemente, ovillándome dentro de su camisa, y dejándome caer yo también tumbada en el suelo.
—A veces es más fácil fingir que no te importa, que admitir que te está matando. –soltó, mirando también las estrellas.

● Harry:
Ya conocía de sobra las curvas de la morena que se había sentado a mi lado en el sofá, después de pasar su mano por mi hombro y darme un beso en la mejilla, que yo interpreté como muestra de apoyo. Tampoco sabía qué es lo que estaba haciendo allí, si lo que más me apetecía en este maldito momento era despertarme en mi cama, hace once años, cuando formaba parte de una familia feliz. Falsa, pero feliz. Cuando mis únicos problemas eran que mi hermana no me encontrase jugando al escondite y procurar que mi padre no me pillase jugando con los coches de su colección de clásicos.
—Lo más triste es que ella pensaba que ahora eras diferente. –dijo quitando su brazo de mis hombros, y sentándose con las manos apoyadas en sus piernas, de la misma manera que yo, para quedar cerca y poder hablar sobre el gran ruido de aquella habitación.
—Creí que nadie podría hacerlo, Sam. Nadie pudo hacerlo antes. Desde que llegué aquí, jamás me he parado a pensar en cómo podía sentirse ninguna mujer después de que yo las dejase el día siguiente. Tampoco me había importado. Y ahora llega ella y trastorna mis sistemas.
—¿Ni Rose?
—Ni siquiera Rose.
—¿Entonces ya no eres el señor idiota-prepotente-engreído Styles? –me miró con el ceño en alto, sin ocultar la sonrisa pícara. Esa que decía, “te lo dije”.
—Sí lo soy. O eso intento seguir siendo. Pero quiero dos cosas y solo puedo elegir una.
—¿Hablaste con ella? –asentí.– ¿Pero…? –alargó la palabra.–  Siempre hay un pero.
—Siempre nos quedamos con las ganas de decirnos todo.
—Viene de una familia en la que hay que chasquear los dedos para tener lo que quieres, y tú de una en la que todo fueron desprecios y negaciones. Ella llegó aquí y se encontró con algo que no puede conseguir solo por desearlo y eso la saca de quicio. Por eso niega todo lo que te desea. Y tú, bueno, tú solo sabes vivir de desprecios y negligencia, así que tu vida despreciando mujeres te gustaba y te negabas a dejarla. ¿Y qué pasa cuando ______ entra en tu vida? Que por alguna razón no quieres hacerle daño, no quieres que sufra. No te ha cambiado, Harry, solo has encontrado a alguien que te importa lo suficiente como para no hacerle daño.
—No le importo, Sam. Ni siquiera se ha molestado en escucharme.
—Si actúa como si no le importas, es cuando más te necesita. –continuó antes de dejarme hablar.– Simplemente se comporta bordemente para que te alejes, solo intenta hacerse daño a ella misma, aprender a base de golpes que no te necesita, porque no puede tenerte.
—¡Sí que puede! ¡Y odio sentir que cuanto más borde me contesta, más la necesito! –su primera respuesta fue un abrazo. Y se lo agradecí.
—¿En qué piensas? –volvió a hablar cuando me quedé callado.
—Algo me dice que no podré conseguirlo nunca.
—¿Conseguir el qué?
—Estar con ella como estoy contigo.
—¿Eso es lo que quieres, Harry?

—No. Pero me conformaría. 

·En el próximo capítulo·

Seguramente no he hecho todo lo que ha estado en mi mano para recuperarla, pero ella tampoco ha querido escucharme. Y por una vez desde que llegó, voy a hacerle caso.
—¿A qué te refieres?
—Se acabó. 

4 comentarios:

  1. Hola,veras soy una nueva lectora,quiero decirte que adoro tu novela y adoro como escribes.Enserio soy tu fan,espero al siguente capitulo wapa!! :)
    Tuenti: Violetta Dreams

    ResponderEliminar
  2. Hola!!!! Haber soy una lectora nueva y me encanta tu novela!!! ;) Me he leido los veintinueve capitulos en un dia!!! Merezco un premio no??? xD xD Me has dejado enganchada a la novela O_O Bueno q soy fan pero fan fan fan tuya :) Habes si subes pronto q si no me muero X_X Besos!!!!

    ResponderEliminar
  3. Nenii, soy yo; Atenea Brown.
    ¡Que me encanta el trama de la novela! Y me preguntaba cuál era tu Tuenti. Es que antes te tenía pero ahora ya no me apareces como amiga .________.
    Besoos.<3

    ResponderEliminar
  4. Me denunciaron guapa,
    "Allysson Steweart" como siempre jaja.
    Muchas gracias a todas por leer y comentarme *-*
    Sois amor y motivación<3

    ResponderEliminar