viernes, 31 de mayo de 2013

VEINTICINCO: VAS A ROMPER SU CORAZÓN.

● _____:
—¡Señor Gaffigan! –me dejé caer a su lado en el suelo.– ¿Está bien? –sí, en ese momento solo podía balbucear la típica pregunta idiota.
—Voy a por el director. –la voz ronca de Harry sonó a mis espaldas. El profesor hizo un intento por levantarse, pero se lo prohibí.
—No debería hacer eso, si tiene alguna fractura podría empeorar…–el director y otro par de profesores no tardó en aparecer y me separé del profesor mientras la encargada de enfermería se ocupaba de él.
—Selley. –el director nos reunió a mí y a Harry a parte.– Llamaré a una ambulancia. No me queda más remedio que buscar un profesor sustituto para mañana a primera hora. Gracias por la ayuda, ya podéis volver a disfrutar del día libre. –no nos dejó responderle antes de que volviese a junto los demás profesores. Harry tampoco dudó en darse la vuelta e irse caminando por el pasillo.


—Amo la manera que tengo de meter la pata. –dije dejando que la puerta de mi habitación se cerrase de un portazo.
—¿Qué has hecho? –miré vacilante a Sam, sentada a lo indio sobre su cama mientras se secaba el pelo con una toalla.
—Una idiotez. ¿Qué iba a hacer si no? –me dejé caer en mi cama– Eh, Sam…–dirigí mi mirada al techo para evitar ver la reacción que ponía con mi pregunta.– ¿Qué pasó contigo y con Styles después del sexo?
—Pues nada, no niego que fuese una sorpresa para mí, pero seguimos igual que antes.
—Ya, pero…
—Cuando me desperté, –me cortó– él ya se estaba vistiendo. Desayunamos y luego Mía hizo su acto de presencia. Entonces aún no estabas tú, así que Harry aún no había cambiado y se fue con ella. Yo ya sabía cómo era así que no me molestó. Tampoco es que yo sea tan mala pieza y cuando Harry iba a irse, otro ocupó su lugar. Aaron Brust, no sé si lo conoces, –sí que lo recordaba,  había actuado en la obra– llegó a hacerme compañía. Recuerdo que Harry y él chocaron los cinco antes de que este se fuera a la habitación con Mía. –se detuvo un momento– Luego yo me llevé a la cama a Aaron.
—Joder, ¿aquí la gente viene a tener relaciones sexuales o a sacar el graduado? –rodé los ojos ante tal historia.– ¿Y Harry no se cabreó contigo? ¿No hizo nada?
—No, ya sabes cómo es el…¿Pero por qué preguntas tanto? ¿Qué has hecho ya, _____? –lo último lo dijo con un tono más serio, y al utilizar mi nombre en vez de mi apellido,  me convenció para contárselo.
—Sam, yo…
—¡Suéltalo!
—Me he acostado con Harry.  –la miré para ver su reacción. Una sonrisa pícara asomaba por sus labios.
—¡Lo sabía! ¡Sabía que acabaría pasando! Ya era hora mujer, tenías al pobre…¿Pero cómo que has metido la pata? Seguro que has disfrutado…–me miró alzando las cejas.
—No es eso. ¿Erik Evans te suena de algo? –pregunté irónicamente antes de contarle con todo detalle la discusión de la cafetería.
—No sé qué decir… –ahora sí que estaba sorprendida– Nunca, y eso que conozco a Harry desde hace dos años, nunca lo había visto ponerse celoso.  Y ahora sí que no lo digo en broma solo para molestaros, pero me estoy planteando el hecho de que sea posible que se haya enamorado de ti. –solté el aire de mis pulmones de golpe.
—Si no lo hubiera hecho las cosas seguirían como siempre. Aunque mentiría si te digo que me arrepiento.  Creo que debería hablar con él.
—Ten cuidado con lo que haces, vas a romper su corazón, ____. ¡Vas a romper su corazón! La única chica en quién confía lo suficiente para enamorarse, ¡y vas a clavarlo a la pared!

●Harry:
—Las cosas de tu novia están ahí.  –dejé que la puerta se cerrase de un portazo ignorando las palabras de Zayn.
—¿Ya estás de mala ostia? –ahora Liam. Debería haber sabido que esto pasaría.  
—En serio, si tienes problemas con la nueva,  ya no tan nueva, puedes decírnoslos. –el moreno se sentó a  mi lado en mi cama, con ganas de vacilar.
—No me pasa una mierda, deja de joderme. –volví a utilizar ese tono borde tan mío.
—No pasa nada chicos.  –habló con los demás,  para luego volver a mirarme– Ya la has jodido con ella.
—Yo no he jodido nada. Si no tienes nada bueno que decir, es mejor callar.  –esa frase era suya. De Selley. ¿Por qué mierda me acuerdo ahora de ella?
—Ya, te la llevas a la cama y ahora te comportas así. Harry, somos como tus hermanos, lo compartimos todo. Sabes que puedes contárnoslo.  –sí que tenía razón en eso– Y si por primera vez te has enamorado,  tampoco vamos a reírnos. Es normal que incluso tú te enamores, ¿o no eres humano? –en esto también.  ¡No! En esto no, yo no estaba enamor… incluso pronunciarlo era ridículo.
—Está bien Zayn,  puede que haya metido la pata, pero olvídate de que yo sienta mariposas y cosas de esas.  
— Lo sabía.  Desembucha. –me encontraba bajo la mirada atenta de todos, aun así conté solo la parte de la pelea que había pasado en la cafetería.
—¿A ese tío no le quedó claro la última vez? –dijo el moreno,  recordando a Rose.
—No lo sé,  Zayn,  no lo sé.  Pero no dejaré que vuelva a pasar.  En todo caso, no me hizo gracia que ella lo defendiese.
—Si no nos cuentas toda la historia,  no podemos ayudarte. –Niall intervino, con la boca llena de chocolate y Zayn,  que parecía haber estado reflexionando, volvió a hablar.

— No sé qué os habrá pasado, pero sí que vas a joderlo con ella y luego vas a arrepentirte. Sois un puto orgullo andante por separado,  pero ambos sabéis que os necesitáis.  
·En el próximo capítulo·
—Hay rumores de que se ha visto a Harry salir de la habitación de Mía a altas horas de esta noche. –oí a la más alta de las dos.
—¿Crees que volvieron?  –esta vez fue la otra la que habló. "Que yo sepa nunca tuvieron nada", gruñí mentalmente antes de llegar a clase. La puerta ya estaba cerrada, recordé que hoy había profesor nuevo,  debido al incidente de ayer. Mi cabeza hervía de rabia,  y seguramente fuese por lo que habían dicho las rubias. No iba a negar que me jodía que después de haberse acostado conmigo se fuese con Mía por muy enfadado que estuviese.  

sábado, 25 de mayo de 2013

VEINTICUATRO: NO SABES LO QUE SE SIENTE.


● _____:

Froté los ojos y bostecé, me revolví bajo las sábanas hasta que noté el pecho desnudo de Harry en mi espalda. Me había acostado con él anoche, ¡con Styles! Puse empeño en ello, pero no conseguí evitar que se me escapase una sonrisa, y no ignoré lo bien que me sentía ahora. No sabía con exactitud por qué, pero un gran sentimiento de felicidad me embriagaba por dentro. Volví a cerrar los ojos para disfrutar del olor que desprendía su cuerpo, todavía a perfume, hasta que sentí como la piel se me erizaba cuando sus labios comenzaron a dejar besos desde mi nuca, pasando por el cuello, con intención de llegar a mi oído. La piel suave de su mano recorrió mi espalda hasta el final de la columna, dejando caricias por donde pasaba.
—¿Qué tal has dormido, pequeña? –susurró y sus palabras superaron el mismísimo “Buenos días princesa” de Moccia. Me di la vuelta quedando entre sus brazos.
—Buenos dí…–el sonido de ambas tripas me interrumpió y nos hizo sonreír.
—¿Desayuno y paseo por el campus? –me propuso sujetando mis caderas y colocándome sobre su cuerpo.
—Voy a necesitar ropa.
—Yo te la traigo de paso que me doy una ducha rápida. ¿Dónde tienes la lencería sexy? –estallé en carcajadas. Vacilé un momento antes de contestar.
—En la cómoda, segundo cajón al fondo. –cambió las posiciones y besó mis pechos antes de levantarse. Salió de la habitación enrollado en una toalla y yo volví a sumergirme bajo las sábanas con intención de volver a dormir. Un molesto murmullo proveniente del pasillo me lo impidió, este se acercaba hasta que la puerta se abrió de golpe.
—Vaya…–oí, pero tampoco me molesté en sacar la cabeza. Reconocía la voz de Zayn, seguramente al ver toda mi ropa tirada en el suelo. No estaba solo, puesto que antes había oído más voces.
—“No voy a acostarme con ella, Zayn” –burló la voz del moreno, intentando imitar la de Harry.
—Calla idiota…–esa era la voz de mi rubio, Niall.– ¿No ves que está durmiendo ahí? –dijo y me hizo tragar saliva. La idea de estar aquí, cubriendo con las sábanas mi cuerpo desnudo, y fingiendo estar dormida, no me agradaba.
—Nos falta el enamorado…–no supe identificar aquella voz pero sí la que habló después.
—No miréis tanto, que igual se os caen los ojos. –esa voz era de Harry.
—Si quieres nos vamos, y os dejamos echar el de la mañana. –sí, ese era Zayn.
—Ya tardáis. –vaciló y supuse que en ese momento estaban saliendo. 
—Felicidades, ya te las has tirado a todas–volvió a ser la voz del moreno la que me hizo empezar a preocuparme. Tenía razón, ¿y ahora? ¿Qué va a pasar entre nosotros? Harry acababa de conseguir lo que quería en un principio, ¿Qué pasará conmigo? ¿me echará y me dirá que he caído como todas?
Si lo hacía, tendría razón. Caí en sus brazos y pasé por su cama como el resto de las ciento sesenta tías del internado. Había oído la historia de algunas de ellas, y no me gustaba como acababan.
Las dudas iban y venían por mi mente, para retornar con más fuerza y provocarme dolor de cabeza. Sus manos rozando mi hombro me obligaron a disiparlas de golpe y que por fin saliese de mi escondite.
—Ropa sexy y corta. –sonrió lanzándome a la cabeza un short y una básica blanca de tirantes.
—¿Piensas mojarme hasta que se transparente? –alcé el ceño y empecé a vestirme bajo su sonrisa pícara. Algo me decía que mi idea le había gustado.
Salí de la habitación de Harry sin que me importase, por primera vez, que la gente pensase lo que quisiese. Lo primero que recibí al entrar en la cafetería fue la mirada de Erik recorrerme de arriba abajo, el que se encontraba en una de las mesas del fondo al lado de la cristalera. Harry trajo a la mesa de siempre desayuno pasa ambos, y antes de que pudiese agradecérselo, una voz irrumpió en el lugar.
—______...–musitó tímidamente dicha voz, que ahora sabía que provenía del pelirrojo, Trevor, que normalmente se sentaba delante de mí en lengua.
—¿Pasa algo? –pregunté extrañada de que me dirigiese la palabra alguien reservado como él.
—Me han dado esto para ti. –dejó una nota de papel doblado en mi mano y se largó todo lo rápido que pudo. Su timidez me hizo gracia. Me senté a horcajadas en el banco, dándole la espalda a Harry, el que estaba centrado en su desayuno, para poder leer aquel papel. El “Erik” que descubrí al deshacer la primera doblez me echó para atrás, pero continué deshaciendo pliegues  hasta que pude leer aquellas bonitas palabras, que no consiguieron despertar ni una chispa en mí.
No afloraron ningún sentimiento pero sí hicieron nacer una idea. Descabellada, todo había que decirlo, ya que con esto descubriría lo que Harry me hacía sentir. Y después de lo de anoche no sabía si me convenía. Las dudas volvieron a mi cabeza y las obligué a desaparecer.
—Harry. –lo miré por encima de los hombros, para no dejarle saber de la existencia de aquella nota.– Dime algo bonito. –imitó mi posición para poder pegar su cuerpo al mío y acceder a mi oído.
—Quiero hacerte el amor hasta aprenderte de memoria, y después hacértelo todos los días para que no se me olvide ni un solo centímetro de tu cuerpo. –con eso había bastado para que mis sentidos desfalleciesen completamente y sintiese derretirme ahí mismo. Aprovechó mi momento de debilidad para hacerse con el papel que yo me había esforzado en esconder. Tras leerlo buscó a Erik con la mirada y lo encontró. Yo también había visto la mirada de provocación que le lanzaba el susodicho ahora, ¿le apetecía pelea ya de mañana? No dudó en levantarse dispuesto a dejarle una marca en la cara de por vida a aquel gilipollas. Me obligué a levantarme detrás de él y cogerlo por el brazo, intentando detenerlo, a pesar de que ganas no me faltaban de que le diese un par de golpes por todas esas veces que Erik había intentado propasarse, pero este también se había levantado de su mesa con ganas de empezar un espectáculo. Pegué mi cuerpo al de Harry, entre sus brazos y mirándolo a los ojos, cuando los dos ya estaban en medio de la cafetería.
—Por favor, Harry. No hagas una montaña de un grano de arena. –dije con un hilo de voz, pero Erik ya estaba delante de nosotros. Obligué al rulos a mirarme.
—¿Te echas atrás, Styles? –la voz socarrona que utilizó me hizo aún más imposible calmar a Harry, aun así logré que mantuviese la mirada en mis ojos.
—No te vas a rebajar a su altura, ¿verdad? Sabes de sobra que no merece la pena. –intentar calmarlo en ese momento era como pedir a un sordo que escuche. Y si ya estaba cabreado, cuando Erik tiró de mi brazo para poder darle el primer golpe pensé que ya no había vuelta atrás. Miré suplicante a Harry y para mi sorpresa solo detuvo el golpe, para después salir de la cafetería dejando al otro idiota allí plantado. Salí detrás de él hacia las escaleras, ¿ahora también estaba cabreado conmigo?
—¿Te has enfadado conmigo? ¿En serio, Harry?
—Perdón porque no me agrade, –se burló de la última palabra dándole un acento y entrecomillándola con los dedos– que le defiendas. –gruñó lo último y no sabía si sonreír por lo tierno, e imbécil, que estaba siendo al ponerse celoso, o molestarme porque solo la idea de que yo pudiese defender a otro que no fuese él pudiera parecerle posible. La primera opción y un par de mimos arreglarían la situación. Pero su falta de confianza en mí me hizo meter la pata a mi también.
—¿Tan ciego estás? ¿Tanto como para no darte cuenta de lo poco que me importan sus palabras y que las únicas que quería escuchar eran las tuyas? –quizás lo último no quería decirlo, solo pensarlo.
—No sabes lo que se siente. –se acercó a mí, no me gustaba la decepción de su mirada, pero sí su proximidad.– No me gusta absolutamente nada la manera en la que te mira, y mucho menos las confianzas que se toma contigo.
—¿¡Que no sé lo que se siente!? –posiblemente exageré demasiado– ¡Tú si que no sabes lo que se siente! Acaso yo no…
—______, Harry, ¡por fin os encuentro! –la voz del señor Gaffigan interrumpió lo que seguramente iba a ser la mayor metedura de pata de la historia.– Enhorabuena.– nos felicitó detrás de aquella montaña de libros y folios.– No sé por qué os habéis besado, pero el final ha sido espectacular.– nos sonrió antes de perderse por las escaleras, devolviéndonos a nuestro conflicto inicial.
—Tu no, ¿qué? –me miró con el ceño en alto. No podía creerme que se hubiera enfadado por una tontería así, pero no, ¡no era capaz de enfadarme con él!
—¿Acaso yo no llevo aguantando desde que llegué tener que ver como Mía entraba y salía de tu habitación, para luego venir a restregármelo a la cara? ¿Qué no sé lo que se siente? Dime Harry, ¿¡cómo te sentirías si entonces yo hiciera con Erik lo que tú haces con las demás tías del internado!? –dije todo de carrerilla, sin pensar en las consecuencias. Tampoco me dio tiempo a ver la reacción de Styles antes de que una montaña de folios volase por al pasillo y cayese sobre nosotros. 

·En el próximo capítulo·
—No sé qué decir… –ahora sí que estaba sorprendida– Nunca, y eso que conozco a Harry desde hace dos años, nunca lo había visto ponerse celoso.  Y ahora sí que no lo digo en broma solo para molestaros, pero me estoy planteando el hecho de que sea posible que se haya enamorado de ti.

jueves, 16 de mayo de 2013

VEINTITRÉS: TREGUA.

● _____:
Aquello me hizo abrir los ojos como platos. Y ahora no podía decir que estaba hablando de Mía, de Jennifer o de cualquier otra con la que sabía que anteriormente se acostaba. Podía apostar un riñón a que hablaba de mí antes de colgar el teléfono.
«¿Hablaba de ti o es lo que tú quieres escuchar?»
Odiaba las especulaciones que solía mandarme mi cerebro, solo para molestar. Las que como siempre dejé de lado antes de volver a entrar a aquella habitación. Volví a acuclillarme delante de él y a coger sus manos después de dejar la cazadora a un lado.
—Va a escocerte un poco. –dije antes de rozar con el algodón infectado sobre las heridas que aquellas astillas le habían provocado.– Tenías que haber esperado.– añadí al ver que los rastros de madera ya no estaban, seguramente se los habría quitado él mismo, así que me limité a desinfectar. Se quejó cuando, por último, lo limpié con el alcohol. – Voy a devolver esto a enfermería. –me levanté, aunque él lo hizo también antes de que pudiese recoger las cosas del suelo. Pasó uno de sus brazos alrededor de mi cintura, acercándome a él, y hundió sus labios en mi cuello, rozando mi piel hasta llegar a mi oído.
—Lo siento. –volvió a disculparse. Separó sus labios de mi oído para poder mirarme a los ojos, pero debía tener la habilidad especial de detenerse a los tres centímetros de mis labios. Me sorprendió a mí misma que esta vez fuese yo quien acortase la distancia entre ellos. Saciando el anhelo que, ahora no podía negar, sentía desde que nos habíamos besado por última vez.

Enrosqué mis dedos tras su cuello y él aferró ambas de sus manos a mi cintura, alzándome en el aire. La batalla campal que otras veces habían luchado nuestras lenguas fue remplazada por un juego tan tradicional como las escondidas. Deslicé mis manos a lo largo de su ancha espalda. ¿Había dicho ya que amaba incondicionalmente la espalda ancha en un hombre? Cuando mis manos no podían llegar más abajo, jugué con su camiseta, subiéndola hasta que pude acariciar su piel. Seguí elevándola  mientras dibujaba recorridos en su espalda desnuda. Entonces me dejó caer al suelo y lentamente separó sus labios de los míos. Momento que yo aproveché para quitársela completamente. Me miró interrogante, ya que yo era completamente reacia a cualquier tipo de relaciones sexuales con él.  No estaba segura de lo que iba a hacer, pero echarse atrás solo vale para arrepentirse en un futuro. Y este no era un momento que estropear con palabras, así que me atuve a bajar el tirante derecho de mi vestido por mi brazo, para luego hacer el mismo con el izquierdo, deslizar la cremallera de este y dejarlo caer completamente al suelo, dejando ver mi ropa interior. Y creo que no hizo falta más señal.
Volvió a cogerme en brazos para dejarme caer bajo él en la cama. El sonido de nuestros zapatos cayendo al suelo a la vez, las respiraciones que empezaban a acelerarse, los besos que habían empezado a nacer de sus labios y que dejaba por todo mi cuerpo y lo innecesaria que se había vuelto la ropa dio paso a que la temperatura aumentase en aquella habitación. Me miró a los ojos para cerciorarse de que esta vez no me echaría atrás, pregunta que contesté soltando la hebilla de su cinturón y dejando que sus pantalones se deslizasen por sus piernas. La primera gota de sudor frío recorrió mi espalda, muestra de que la temperatura seguía subiendo. Jugó con las tiras de mi sujetador hasta que decidió dejar de torturarme y, literalmente, me lo arrancó. Enrollé las piernas en su cintura para deslizar su bóxer con los pies. Dejó un recorrido con la lengua en mi estómago hasta que, con la boca, se libró de la última prenda de ropa que me cubría, con recelo separó mis piernas. Esta vez no me opondría, él lo sabía y no hicieron falta más indicaciones para que dejase besos y suaves mordiscos entre ellas. La temperatura entre esas cuatro paredes era mayor que cualquier fuego del infierno y una capa de sudor frío amenazaba con aparecer. Sentí sus besos ascender por mi abdomen hasta mis pechos y su erección entre mis piernas.

Una onda de placer y un gran escalofrío me recorrieron el cuerpo al sentir que nuestro juego de caderas comenzaba aquí. Los primeros gemidos salieron de ambas bocas y los míos llevaban su nombre, “Harry”. Su miembro entraba y salía de mí cada vez con más rapidez y fiereza, como acto involuntario llevé mis manos a su espalda, quizás produciendo algún que otro arañazo. La presión de su cuerpo la sujetaba colocando sus manos a ambos lados de mi cabeza, y, justo cuando creí que iba a llegar al clímax, juntamos nuestros labios conteniendo los gritos de placer que sin duda habrían sido escuchados en la mismísima China si fuera posible. Hundió su cabeza en mi cuello, dejando besos allí donde rozaban sus labios o simplemente dejándome sentir lo alocada que estaba su respiración en ese momento. Su aliento cálido y húmedo en el cuello me hizo, literalmente, enloquecer ahí mismo y pedir que no se separase por nada del mundo. Sus embestidas se mantuvieron constantes, y aprecié la suavidad con la que lo hacía, intentando disfrutar al máximo de cada momento en el que nuestros cuerpos estuviesen pegados.

Mi cuerpo terminó por arquearse bajo el suyo. Percibí mis sentidos vibrar tan pronto comenzó a detenerse. Nuestras caderas dejaron la batalla en tregua y se dejaron llevar por un vals suave. Sentí su cuerpo pegarse al mío y encajar a la perfección, cuales gotas de agua. Nuestros labios se encontraron de nuevo, sus manos exploraron curiosas hasta llegar a mi cintura, en la que se detuvo dejando caricias en mi cadera. Mi cabeza se apoyó en su pecho y oí su corazón, desbocado, bajo él. Mis ojos se cerraron fuertemente en un acto reflejo al sentir como su mano se colaba en mi feminidad y dejaba caricias. Su nombre se escapó de entre mis labios mientras me acariciaba y besaba mi estómago. Advertí una sonrisa sobre este al pronunciar su nombre. Sabía que quería explorar mi cuerpo y yo prometí dejarle. Volvió a las caricias en las caderas y subió hasta quedar a mi altura, abrazándome al mismo tiempo que yo me acurrucaba en su pecho.


Bajo aquellas sábanas se daba tregua a nuestra batalla, y nuestros cuerpos quedaban unidos en uno solo, a la perfección.

·En el próximo capítulo· 
Aprovechó mi momento de debilidad para hacerse con el papel que yo me había esforzado en esconder. Tras leerlo buscó a Erik con la mirada y lo encontró. Yo también había visto la mirada de provocación que le lanzaba el susodicho ahora, ¿le apetecía pelea ya de mañana? No dudó en levantarse dispuesto a dejarle una marca en la cara de por vida a aquel gilipollas. 

viernes, 10 de mayo de 2013

VEINTIDÓS: VEO QUE SIGUES TENIENDO PROBLEMAS. [M]


● _____: 
—La mato. –grité mentalmente al ver la jugada sucia que me había hecho Sam. Solo había hecho falta decirle “de todo menos un jodido vestido” para que se llevase toda mi ropa y no me dejase otra cosa que no fuese exactamente esa prenda. Intenté aguantar la risa al ver las demás cosas que había dejado, maquillaje y complementos a montón y zapatos que yo en mi sano juicio no me pondría, –eso porque no era propicia a andar por el instituto con tacones de diez centímetros–, mi grado de locura no llegaba a tanto.
—Creo que te has confundido Sam, yo no soy Mía. –susurré para mí y cogí el vestido en la mano para observarlo. Negro, gracias a dios no era ajustado, la idea de parecer una zorra más no me agradaba; no sabía si era seda, seda, pero era una tela de su misma textura suave al tacto; recubierto por otra tela con transparencias, que por la parte de atrás, era un poco más larga.– De acuerdo supuesta mejor amiga, me pondré un vestido para no ir en bragas, pero estás loca si piensas que me maquillaré o me calzaré tacones.
Delante del gran espejo que había sobre el tocador, comprobé que el vestido no me quedaba nada mal. Me subí sobre aquellos zapatos, ¿¡cómo puede alguien andar con estas cosas!?
—A esto en mis tierras se les llama zancos de toda la vida. –musité dejándolos donde antes y volviendo a calzarme las converse bajas que había usado en la obra. Después de pasarme el pelo hacia delante, sobre los hombros, salí a buscar a la susodicha. Sí, señores, esta es mi mejor amiga.

Puse los ojos en blanco al salir al campus donde se celebraba la fiesta. Al estar a principios de abril, anochecía aún demasiado pronto, pero esta vez, no me disgustaba. El jardín no estaba más que iluminado por la luz de la luna y las estrellas. Por las paredes exteriores del edificio, habían colgado luces tenues de tono anaranjado, y, en el suelo, un camino que llevaba a otra zona del jardín todo marcado por velas encendidas. Viendo aquello, y si lo había hecho el señor Gaffigan, le perdonaba el haberme dejado ensayar sola con Styles tantísimas veces. Casi todo el instituto estaba alrededor de una mesa, extendida a lo largo de todo el lado izquierdo del campus, haciendo no sé qué cosa. Me acercaría después de encontrar a Sam y matarla. No la divisé entre la multitud, por lo que decidí acercarme al instituto. Solo había dos trozos de todo el jardín llenos de gente, y ella no estaba en ninguno. Tiene habilidades para desaparecer, ¿o qué?
Dejé de mirar al interior a través de la puerta de cristal y me di la vuelta, dando un salto al instante al encontrarme cara a cara con Harry.
—Veo que sigues teniendo problemas. –dijo con su tono borde, el que usaba cuando yo llegué aquí, pero esta vez ¿sonrió? Sí, sonrió. Entonces recordé mi primer día aquí, intentando ubicarme en aquella especie de mapa del instituto. «Ninguno que tú puedas solucionar». También recordé la respuesta que le había dado. Y justo ahí había sido nuestro primer beso.
—Y tú sigues sin poder solucionarlos. –sonreí yo también, inconscientemente, fijándome en sus ojos verdes, que ahora brillaban con un tono anaranjado debido a la luz de las velas del jardín.
—¿Vas a lanzar el globo?
—¿Qué globo? –pregunté sin entender, hasta que caí en la aglomeración de gente alrededor de aquella mesa.
—El globo. –rió– Lo enciendes y lo sueltas para que suba al cielo y llegue a junto alguien que perdiste hace tiempo. O simplemente pides un deseo y se cumple.
—Nunca lo he hecho, pero…
—Ven. –dijo cogiendo mi mano, para llevarme a aquella mesa que empezaba a vaciarse. El profesor de artes era el encargado de repartir las velas y los globos. Styles pidió uno y me guió por el camino de velas que había visto antes. Todos allí estaban preparándose para lanzarlo.– Sujétalo.–La voz de Harry me sacó de mis pensamientos. Cogí el globo por la parte inferior, mientras él, con un mechero, encendía la vela.– Cuando yo te diga, lo soltamos. –dijo colocándose detrás de mí, pasando los brazos a mi alrededor, y sujetando también el globo. – Ya. –susurró en mi oído.
—Mamá, voy a soltar el globo, quiero que veas lo bonito que es. –dije cuando este subía de entre nuestras manos y ascendía por el oscuro cielo. Me di la vuelta, y caí en que sus brazos seguían rodeándome, pero ya era tarde, estábamos a menos de cinco centímetros.– ¿Pediste un deseo?
—Sí.
—¿Se cumplirá?
—Ya lo ha hecho. –si su sonrisa, la sincera, esa que pocas veces dejaba ver al natural, sin ningún rastro de prepotencia o socarronería, ya solía ser increíble, todo bajo la luz de la luna y las velas, era aún mejor.– ¿Y tú? ¿Le has lanzado el globo a tu madre?
—Algo así. Ella siempre me daba la solución correcta y desde que se fue, no acierto una. –se rió, mientras caminábamos el uno al lado del otro, por todo lo largo de aquel camino iluminado– Y mi historia es tan parecida a la tuya, que incluso me sorprende.
—No la conozco. Tú sabes la mía, en cambio yo…
—Yo tampoco se mucho, resulta que viví feliz una mentira durante toda mi vida.
—Cuéntamela, pequeña. –dijo pasándome un brazo por los hombros y mirándome como si intentase ver una cosa diminuta, y no apreciable a simple vista.
—De acuer…–empecé a decir hasta que sin previo aviso, estornudé. Una ráfaga repentina de viento me hizo llevar las manos a los brazos.
—Ahora es cuando yo te pasaría una chaqueta por los hombros, nos sentaríamos alrededor de una hoguera y seríamos felices, pero como yo estoy de manga corta, y si hacemos una fogata nos meten el castigo de nuestra vida, vamos a por una chaqueta para ti y me cuentas esa historia. –dijo cambiando el rumbo, hacia dentro.
—Aun así, ahora mismo soy feliz. –susurré para mí, mientras caminábamos hacia mi habitación, pero me detuve en mitad del pasillo femenino.
—¿Qué pasa?
—Sam. Tiene mis llaves. –recordé. Se había llevado todas mis cosas, llaves inclusive.
—Más cabeza hueca imposible. –dijo, y me indicó su habitación, a la que entré tras de él. Encendió las luces, me indicó con la cabeza una de las camas mientras que en su armario buscaba lo que debía ser una chaqueta para mí.
—Voy a poner una queja. Tu habitación no parece  una caseta de perro y tiene espacio.
—¿Espacio? –me miró irónico lanzándome una beisbolera. “Yankees ”podía leerse en uno de los costados.– Eso no existe cuando convivís cinco en este espacio reducido, y para más, si todos son hombres.
Solté una carcajada mientras me enfundaba la cazadora.
—Mañana no hay clase, ¿verdad? –me dejé caer en la cama.
—Día libre. –se tumbó a mi lado. Mis pensamientos me hicieron alejarme de aquella habitación minutos atrás. « “¿Pediste un deseo?”  “Sí.”  “¿Se cumplirá?”  “Ya lo ha hecho”» ¿Qué habrá pedido? La curiosidad mató al gato, y no suelo ser cotilla.
—Harry, ¿qué has pedido? Como deseo, digo.
—Decírtelo traería mala suerte. Aún espero por la historia de tu madre.
—Hagamos un trato. –dije levantándome de golpe, sentándome cual indio sobre la cama, e inclinando la cabeza sobre él.– Yo te cuento la historia de mi madre si tú me dices qué pediste.
—Hecho.
—Mis padres no se querían, solo fingían delante de mí, pero tenían amantes por separado. Aun así, no se divorciaban para que yo fuese feliz. Pero el amante de mi madre le propuso irse a vivir con ella, y al negarse, pensó que seguía queriendo a mi padre. La mató. –dije y esas últimas palabras hicieron que Harry se levantase de golpe.– Por eso estoy aquí. Mientras no encuentren a ese criminal, mi padre tiene miedo a que pueda pasarme algo, me ha dado tres meses, y volveré a casa.
—Vaya, te irás.
—En tres meses. –dije, viendo como este se levantaba de la cama. Ahora caía, irme significa no volver a verlo más.– Pero no soy la única. –volvió a mirarme.– Cuando acabes el curso, como eres mayor de edad, viajarás lejos. Me lo has dicho.
—Lo sé.
—¡Pero no pensemos en esas cosas! –sonreí, al fin y al cabo ¿de qué me valía deprimirme ahora?– ¿Qué has pedido? Tienes que decírmelo. –su ánimo cambió de golpe, y ahora parecía estar enfadado.
—¿Sabes? Soy idiota. He pedido algo que cada día que pasa, está más lejos de mí. Y yo pensaba que había cumplido ya. –caminó por toda la habitación. Estaba enfurecido, nunca lo había visto así. Incluso podría darme miedo.
—¿Pero qué es? Quizás pueda…
—No puedes hacer nada. ¡Nada! –sí, estaba cabreado. En cero coma un segundos pasó de ser una especie de momento ¿romántico? A ser una película violenta. Caminaba de un lado para otro, poniéndome nerviosa, como si estuviera luchando por ganar una batalla dentro de su propia mente.
—Harry, no te pongas así. No me digas que es lo que pediste si no quieres, pero no te enfades. –intenté acercarme, pero entendí que era mejor no hacerlo.
—_____–dijo ahora acercándose a mí.– Perdóname. No puedo decirte lo que pedí porque yo…Yo no debería haberlo pedido. –volvió a alejarse, ¿¡por qué le costaba tanto decir que me quería!? Creí que eso es lo que él habría pedido, hasta que me di de cuenta de que solo era lo que mi corazón quería escuchar.– ¡Yo no debería estar sintiendo esto! –exclamó y cerré los ojos de golpe al sentir el sonido del impacto que había atestado con el puño a una especie de cuadro de madera, en el que estaban escritos los nombres de los ocupantes de la habitación.
—Dios mío, Harry. –susurré al ver las astillas de la madera clavadas en sus nudillos. Me fijé en que por alguna extraña razón me había acostumbrado a llamarlo por su nombre. Obligándolo a que se calmara, cogí sus manos, acariciando suavemente las articulaciones de estas. Lo forcé a sentarse en una especie de puf negro que tenían en la habitación y me acuclillé para mirarle a los ojos, que no levantaban su mirada del suelo. – ¿Qué esperabas, Styles? Eres una persona, estás humanamente diseñado para sentir y sobre todo para… –me detuve, siempre era yo la que al fin y al cabo sacaba la conclusión de que Harry tenía estos problemas porque sentía amor– amar. No tienes por qué ponerte así. Ahora espera aquí, iré a enfermería a por algo para esas astillas. –dije antes de salir por la puerta.
A pesar de tener un sentido de orientación pésimo no tardé en conseguir algodón y agua oxigenada para limpiarle las heridas. ¿Qué habría hecho que se pusiera de tal manera? ¿Todo por no querer decirme lo que pidió? ¿O por no tener claro qué es lo que sentía? ¡Tampoco yo lo tengo claro! ¿Por el simple hecho de sentir algo? ¡Ni que no fuese humano!
Dejé de darle vueltas al volver a tener delante la puerta de Harry, pero no entré. Estaba hablando por teléfono con alguien.

—No…no voy a acostarme con ella, Zayn…¿Qué os pasa a todos? ¡Sigo siendo el mismo!...¿Una razón para qué?...Sabes que yo no amo a nadie…¿Cómo que entonces qué?...–parecía hablar con Zayn, aunque por lo que pude comprender debido al tono de voz, iba a colgar ya, hasta que al otro lado le hicieron una última pregunta.–…Zayn, la quiero. 

·En el próximo capítulo· 
–Voy a devolver esto a enfermería. –me levanté, aunque él lo hizo también antes de que pudiese recoger las cosas del suelo. Pasó uno de sus brazos alrededor de mi cintura, acercándome a él, y hundió sus labios en mi cuello, rozando mi piel hasta llegar a mi oído.

VEINTIUNO: DE VUELTA AL MUNDO REAL. [M]

● _____: 
—¿Nerviosa? –preguntó, y yo negué con la cabeza.
—La nerviosa pareces tú. –dije acabando de ordenar el vestuario de la obra en aquella especie de camerino, mientras Sam caminaba de un lado a otro.
—¡Normal! Vas a demostrar al mundo que eres una súper actriz, y yo, como tu mejor amiga en el internado, estás obligada a compartir tu fama conmigo.  –dijo sonriéndome y solté una carcajada.
—Eres de lo que no hay. –acabé de dejar el vestuario a mano para la obra y el uniforme de siempre, para después, al lado.
—No pensarás ir en uniforme a la fiesta de después, ¿verdad?
—Pues, en realidad creo que ni siquiera iré.
—¿¡Qué!? –gritó señalándome con el dedo y caminando hacia mi cual película de terror.– Vas a ir. Yo te traeré ropa para después. ¡Sí! –se ilusionó, dejando de lado la peli de miedo para empezar a imaginarse fantasías de princesas.– ¡Un vestido! –dijo y me vi obligada a deshacer sus fantasías.
—No. Si quieres que vaya, iré. “Para una noche de fiesta que hay.” –la imité.– Pero con un pantalón. Estoy harta de faldas todos los días.
—Aguafiestas. –fingió una mirada de desprecio.– Te traeré un bonito pantalón si eso quieres. –dijo irónicamente.
—Todo el mundo está entrando en el salón. –apareció Jane por la puerta del camerino, seguida por el resto de actores y haciendo que Sam saliese corriendo, para coger sitio en primera fila.
—______, tú eres la primera en salir. –se asomó uno de los que se encargaban de la iluminación y la dirección, indicándome que debía salir ya.
—Suerte. –oí a coro a mis compañeros cuando subía al escenario. Crucé una última mirada con Harry, que esperaba en las escaleras de acceso de este, ya que pronto le tocaría salir. Y, para mi sorpresa, borró su mueca de enfado y sonrió.
—Suerte, Selley. –dijo de repente, dándome una palmada en el trasero, como solía hacer, mientras subía por las escaleras. Sorprendiéndome a mí misma, no me pareció mal por primera vez desde que había llegado a este internado. En realidad, me alegraba de que no su hubiese enfadado, –todavía más– por lo del beso. Una cosa era que Harry no dejase de molestarme, pero otra muy distinta que…me odiase.
Dije mi monólogo tan pronto subí al escenario, la obra comenzó cuando acabé de recitarlo. Las diferentes escenas nacían, y pasaban a medida que se acercaba el final: cuando Isabella llega a casa de Sharon, se enamora de Bruno, conoce a Andrew, empiezan los problemas, Bruno e Isabella enamorados pero no pueden confesárselo, Isabella decide volver a América por respeto a Sharon, la que descubre que su novio y su mejor amiga se quieren… y ahora acababa la escena en la que Isabella se va sin despedirse de Bruno.
¿Por qué me habría tocado ser la protagonista? ¡Podría haber fingido actuar mal! Por lo menos me libraría de esto.
No dejaba de quejarme mentalmente mientras hacía mi monólogo final, ya cuando Isabella, mi personaje, se encontraba en América y no sabía nada de Bruno. Se acercaba el final, tanto, que Harry estaba a punto de salir al escenario para la última escena. Se bajó el telón durante un momento, mientras cambiaban el escenario y nos cambiábamos de vestuario.
—¿Lista? –preguntó Styles, al lado de mí en las escaleras.
—Allá vamos. –dije y  entré, colocándome  en la que, según el atrezzo, era mi supuesta casa.
---REPRESENTACIÓN---
ISABELLA: Bruno…—musitó al encontrárselo en el umbral de la puerta.
BRUNO: No renuncies a mí. Por favor. –espera  un tiempo antes de volver a hablar.– Sé que me perdiste durante un tiempo, pero yo ya no puedo esperar más. Isabella, yo sé que me amas. Pero dime qué más puedo hacer para demostrártelo yo. –dice con la voz quebrada.– Isabella, háblame, dime algo. Lo que sea.
ISABELLA: Ya no voy a escapar, Bruno. Sé lo que quiero.
BRUNO: ¿Y qué es?
ISABELLA: A ti. –dice y Bruno se acerca con intención de besarla, pero lo detiene.– Bruno, espera.
BRUNO: Lo bueno del tiempo es que cura las heridas, lo malo de los besos es que crean adicción. –dice intentando besarla, de nuevo.
ISABELLA: –echándose hacia atrás– Bruno…
BRUNO: ¿Qué?
ISABELLA: ¿Me amas?
BRUNO: ¿Qué clase de pregunta es esa? –sonríe melancólico– ¿Tú crees que si no te amara, habría cruzado el mediterráneo para ir a buscarte a Egipto, luego a California, para último perseguirte hasta aquí y ponerme a gritar en medio de todo Nueva York consiguiendo que me escucharas, aparte de estar dispuesto a ir contigo hasta el fin del mundo si eso es lo que quieres? Isabella… –dice mirándola a los ojos, y rodeando su cintura– juro que te amo como un loco, como un demente y desquiciado que no soporta vivir sin ti. Juro que como te amo jamás he amado a nadie, que quiero pasar el resto de mi vida contigo y ser el padre tus hijos. ¿Eso te contesta tu pregunta? –con lo último, consigue que Isabella derrame las primeras lágrimas, pero se las seca con el dedo– Te amo, mi bella musa fotógrafa.
---FIN REPRESENTACIÓN---
Esa era la última frase de aquella obra, que acababa conmigo en los brazos de Harry. Pero ese no era el problema. La única de mis preocupaciones en ese momento, es que durante toda la actuación me había imaginado que esas palabras eran de verdad, y estaban dirigidas a mí. Y ahora, de vuelta al mundo real, me doy cuenta de que esas palabras no están dichas por él, sino por un ser que no existe, hacia una persona afortunada. 
Volví a centrarme en la obra, al fin y al cabo, aún no había acabado. Ahora que estaba rodeada por los brazos de Harry, este se acercaba a mí, con intención de hundir su cabeza en mi cuello, tal como habíamos acordado el día que me negué a besarlo.  Solo era una simple obra de teatro, ¿qué es lo peor que podía pasar después? ¿Qué Mía me reclamase por robarle el novio? En ese momento me importaba tan poco Mía, o cualquiera de los demás, tenía los labios de Styles entreabiertos, a un par de centímetros de mí, y eso atraía mi atención como un imán.
A la porra.
Uní nuestros labios, que encajaban perfectamente, antes de que pudiese abrazarme, después ya sería tarde. Me acercó más hacia él, por lo que no tardé en tener que ponerme de puntillas y enrosqué mis brazos alrededor de su cuello.

Así se bajaba el telón, entre vítores y aplausos de gente que pensaba que solo estábamos actuando, aunque la verdad era que aquello no estaba programado. 

·En el próximo capítulo· 
—Mamá, voy a soltar el globo, quiero que veas lo bonito que es. –dije cuando este subía de entre nuestras manos y ascendía por el oscuro cielo. Me di la vuelta, y caí en que sus brazos seguían rodeándome, pero ya era tarde, estábamos a menos de cinco centímetros.– ¿Pediste un deseo?

VEINTE: LÁRGATE. [M]

● Harry:
Sus pequeñas manos subieron de mi abdomen hacia mi cuello, enroscándose en él. Acabó por ponerse de puntillas debido a su baja estatura y, aunque en un principio se resistió, acabó permitiendo la entrada de mi lengua, abriendo levemente sus labios, que ahora encajaban perfectamente con los míos. Jugaba con mis rizos y acariciaba mi cuello, todas mis terminaciones nerviosas se aceleraron, y mi respiración, acelerada también, acompañaba a los latidos de mi corazón, que creí que quería salirse de debajo de mis pulmones.
¿Estaba enfermo? Desde luego después me pasaría por enfermería.
Se detuvo el juego de lenguas y antes de separar completamente nuestros labios, sentí como deslizaba sus dientes sobre mi labio inferior, con intención de morderlos, pero no tenía fuerzas. Volvió a colocarse sobre sus talones, quedando a la altura de mi cuello. Vi como aspiraba el olor de mi perfume al sentir su pecho expandirse de golpe. Se separó completamente de mí y tuvo el valor de mirarme a los ojos, los cuales estaban rojos y húmedos.
—Selley... –susurré cuando se dio la vuelta con intención de irse, pero para mi sorpresa se detuvo.
—Harry. –dijo seriamente, volviendo a sorprenderme al utilizar mi nombre, y no mi apellido o alguno de los apodos que solía usar. – Vamos, esto no puede seguir así. –continuó–Tú no puedes sentir amor y yo no quiero enamorarme, no lo hagamos más difícil y... –se detuvo por un momento, ¿estaba dudando? – Joder, adiós Harry. –remató. Mi sed cínica interior me decía que la dejase marchar, que había muchas más. Pero mi cerebro era consciente de que en realidad ninguna era como ella. Nadie me había hecho tener tantas dudas acerca de lo que siento, dado que jamás había experimentado algo así.
—Me preguntaste qué es lo que siento cuando  te tenía cerca. –dije cogiéndole de la mano, haciendo que volviese a detenerse, pero no dejé que se diese la vuelta. – Ni siquiera ahora que tengo intención de decírtelo soy capaz. Solo tienes que acercarte para hacer que mi pecho lata tan fuerte que cualquiera podría escucharlo, pero tú pareces no darte cuenta de ello. Tienes razón, yo no puedo sentir amor, te lo he dicho, jamás he sentido algo parecido. Pero luego llegas tú y...quizás si sienta lo mismo que sientes tú al tenerme cerca. –dije y le solté la mano para dejar que se fuera. Sabía que lloraba y no quería verla hacerlo. Pero me torturó y no caminó hacia el instituto sin antes mirarme y dejar que viese sus lágrimas nacer en sus ojos, acumularse en sus párpados y caer lentamente por sus mejillas con el brillo que le daba la luz de la luna.
[ … ]
Una almohada se estrelló contra mi cara, logrando que abriese los ojos y los maldijese a todos.
—Ya es el tercer día que no nos despiertas con tus almohadazos. –se quejó Louis, mirándome con otro cojín en la mano. Los demás estaban a su lado y los cuatro estaban listos ya.– ¿Qué te pasa? –exigió saber.
—Nada. –me excusé con la típica mentira, que seguramente no se creerían, pero que valdría para que entendieran que mejor no preguntar.
—Lo que sea. Vístete o llegarás tarde a…–habló ahora Niall, observando mi horario de reojo. –lengua. –añadió, mientras Louis me lanzaba el otro cojín. – ¿Te esperamos?
—Voy a faltar. Podéis iros. –volví a esconderme bajo las sábanas, pero sin dormirme.
—Como quieras. –oí antes de que abriesen la puerta. Por las sombras pude distinguir que uno de ellos se había quedado. El que identifiqué como Louis.
—Vas a decirme lo que te pasa, por mucho que te escondas.
Cerró la puerta tras de sí y lo primero que hice fue preguntarme qué me estaba pasando.
¿Qué es lo que tiene ella para hacerme cambiar a pesar de que yo intente oponerme? Hace tres semanas, –que es lo que Selley llevaba aquí, y lo único que le había hecho falta para volverme loco– había una tía diferente en mi cama cada noche. Ahora soy yo el que las echo.
---FLASHBACK---
—¿Qué coño te pasa, Harry? ¿Te estás burlando de mí? ¡Ya es la segunda vez! ¡La segunda!
—Mía, no me calientes, que estoy intentando no ser borde.
—¿Tú? ¿No ser borde? ¡Pero qué te han hecho! ¿Desde cuándo te importa ser borde o no, Harry?
—He accedido a salir del club para dar una vuelta contigo, pensé que después de lo de la última vez te quedaría claro que no quiero nada más, no te molestes.
—¿Te estás escuchando? Esto es increíble… –dijo dando vueltas por toda la habitación. –Has caído. –dijo y me sorprendió escuchar eso de sus labios, ya que era la frase que utilizaba yo con Selley cuando me divertía volviéndola loca. –Ahora eres tú el que ha caído. “Yo no puedo enamorarme” –dijo lo último intentando imitar mi voz.– ¡Ya veo como no puedes, Harry! Estás hasta el cuello por la nueva, por la enana esa.
—Yo no –intenté negarlo, pero no me dejaba hablar.
—¿Sabes? Llevo tres años detrás de ti. Nunca me hiciste caso, me tuviste como una muñeca con la que pasar las noches libres y luego me dejabas de lado por otras. ¡Pero me daba igual! Porque a diferencia de ti Harry, yo sí puedo sentir amor. Aunque veo que tú también. –intenté reprochar, pero ella seguía en las suyas de no dejarme hablar.– Dime una última cosa, Harry, ¿qué diferencia hay entre ella y yo?
---FIN FLASHBACK---
Aquella vez no había contestado, me había largado de vuelta al club, porque lo que había visto antes de irme no me había gustado. No me había agradado nada haberla visto en los brazos de Erik, otra vez. Y ahora, la frase que le había oído decir no salía de mi cabeza, y quizás sirviese como respuesta a la pregunta de Mía. O tal vez sean imaginaciones mías.
Porque a ella la quiero y a ti no te daría ni los buenos días.”


● _____:
—¡Empezad el último acto ya, por favor! –oí gritar en el salón de actos, al señor Gaffigan. Y es que tenía razón, esos minutos de cortesía que no me falten.
—Sin Selley no puedo empezar. –oí a Harry, ahora.
—¿Y dónde se supone que…?
—¡Aquí! –grité entrando al salón a todo correr y subiéndome al escenario. Ahora ya sin el guión. El profesor de lengua y literatura me miraba con cara de pocos amigos, pero se reprimió la bronca. No había tiempo, todos los actores, principales y secundarios, estaban sentados en las butacas, dispuestos a observar el último acto. El final de la obra.
Empecé a recitar mentalmente mi monólogo hasta la aparición de Harry, el que también interpretó su papel de memoria, y sin embargo, al llegar al tramo final, justo después de la última frase, me detuve.
—¿Por qué no estás besando a Harry, Selley? –preguntó exasperado el señor Gaffigan. Una obra de amor, y como todas, acababa con un beso.
—No voy a besar a Harry. –dije, segura. No quería más problemas.
—¡Vamos! –gritó al borde de la desesperación.– ¡Es solo un beso! ¡Es actuación! Ni que no lo hubiesen hecho con ganas en otras ocasiones. –dijo recordando aquel altercado que había tenido con Styles, pocos días después de ingresar en el internado.
—¿Qué más da? –interrumpió Harry, pues yo no tenía excusas válidas para negarme.– Si no quiere, no quiere. No vamos a retrasar la obra por esto. Nos abrazaremos y así acabará.  –propuso, mirando al profesor.
—Lo que sea. Espero que esté contenta, señorita Selley.
—Y no sabe cuánto. –susurré para mí al bajar del escenario, mientras el profesor hablaba sobre los demás papeles, y por lo que pude entender, un ensayo general mañana.
—Mañana, sábado, todos aquí a las doce. Ensayo general. –oí antes de salir de allí, pero la puerta no llegó a cerrarse.
—Eh. –oí, esto ya empezaba a convertirse en rutina, aunque, esta vez no era la voz grave de Harry, sino una mucho más femenina, repipi, y de zorra.
—¿Qué se te perdió conmigo, Mía? –pregunté, sin darme la vuelta, tampoco se lo merecía.
—¿Eres tonta o qué te pasa? –dijo colocándose delante de mí.
—Solías llamarme “nueva” o “enana”, pero supongo que “tonta” es el nuevo mote.
—Lárgate.
—¿Qué? –pregunté, no había entendido bien su grado de bipolaridad aún.

—Que cojas tus cosas y te largues de este internado.  Estás haciendo daño a Harry. 

·En el próximo capítulo·
Esa era la última frase de aquella obra, que acababa conmigo en los brazos de Harry. Pero ese no era el problema. La única de mis preocupaciones en ese momento, es que durante toda la actuación me había imaginado que esas palabras eran de verdad, y estaban dirigidas a mí. Y ahora, de vuelta al mundo real, me doy cuenta de que esas palabras no están dichas por él, sino por un ser que no existe, hacia una persona afortunada.  

viernes, 3 de mayo de 2013

DIECINUEVE: YA TE DIJE QUE NO DEBERÍAS PONERLE UN DEDO ENCIMA.

● _____: 
—¿Es necesario volver allí?  –pregunté inútilmente, ya que ya estábamos de camino. 
—Para un día de fiesta que hay...¡Deja de quejarte y camina!
—Sam, me apetece de todo, menos ir.
—Aburrida. –canturreó para después darme un leve empujón. – Si no hay nada divertido que hacer,  te prometo que nos vamos. –dijo,  y sé que mentía. 
¡Vuelve a tu habitación Selley! Me dije al salir del ensayo. ¡Podrás descansar! Pensé, y cuando llegué me arrastraron de nuevo para fuera.
Tenía el presentimiento de que no iba a pasar nada bueno yendo al club. Recuerdo el día que llegué,  y lo mal que me sentí por la mañana con aquel horrible dolor de cabeza.
Al entrar Sam volvió a mirarme. Por la faceta de su cara intuía que me pedía perdón de veinte mil maneras distintas.  Y sabía por qué,  ya que yo también había visto a Mía restregarse con Harry en aquellos sillones. Aunque fingiría no haberlo hecho.
—Bien, ¿has visto algo que merezca la pena? ¿O podemos irnos ya? –dije y me miró con el ceño fruncido. Sabía que no le había colado mi mentira. 
—Podemos irnos... o puedes devolverle los celos con aquel tío de allí. –dijo señalando el otro extremo de los sillones rojos. Entonces vi que a quién señalaba no era otro que el tío de la primera vez.– Erik Evans. Si quieres joderle, ese es el indicado. 
Vacilé un momento. Yo no era de esa clase de personas que suelen planear venganzas. Y menos en esta ocasión,  porque ni siquiera me interesaba darle celos de ningún tipo.
Mi mirada volvió a Harry. Mía le susurraba algo al oído,  y ya todo el mundo sabía lo que quería.  Nuestros ojos se encontraron y vi el "Sí" escapar de sus labios.
Ahora ya sé por qué no puedes sentir amor,  Harry. Porque eso implica sexo con una única persona.
Me dejé empujar por Sam hacia allí.  Sabía que no me metía en buen sitio,  pero ahora ya era tarde.
—¡Traigo a alguien en busca de diversión! –exclamó Sam guiñándome un ojo,  para después empujarme de nuevo a los brazos de aquel desconocido. Rápidamente me levanté y le lancé una mirada de las que matan.
—La has traído al sitio indicado. –bromeó el que debía ser un amigo de Erik, provocando que los demás riesen.
—¡Cuídamela! –dijo antes de desaparecer entre la gente, dejándome a mí como centro de atención. 
—Sabía que volverías a mí. –rió cínicamente Erik, al tiempo que me entregaba una copa con una bebida que a simple vista no supe identificar.
La acepté dedicándole una sonrisa falsa. ¿¡Dónde me había metido Sam!?
Probé una pequeña cantidad de aquello, y no me disgustó.  Odiaba infinitamente las miradas que recaían en mí, a saber lo que llevaba lo que ahora mismo estaba bebiendo. 
—Veo que tienes sed. –dijo debido a la velocidad con la que había acabado aquel vaso. Y ciertamente me sentía tan mal interiormente,  sin conocer el motivo,  que prefería una resaca que mañana no me dejase pensar antes de aguantar que me recordase todos los problemas que tenía continuamente.
—¡Sírvele otra!  –lo oí gritar a alguien, y pronto tenía uno igual en la mano. Y después de esta,  perdí la cuenta de todas las que tragué. Los tíos estos se dedicaban a mirarme y,  seguramente, a desnudarme con la mirada. Y prefería eso a tener que fingir interesarme por su conversación. Cuando encontrase a Sam,  pensaba matarla por abandonarme.
—Vente,  guapa,  voy a enseñarte un sitio mejor. –escuché e intenté centrarme. Parecía que me hablaba a mí.  Maldije cuando tiró por mi brazo y me sacó de allí,  sobre todo porque no sentía las piernas y no era capaz de oponerme.
Me sacó del club, tiró de mí hasta un lugar bien oscuro y rodeado por los árboles del campus. Distinguía su asquerosamente cínica sonrisa en la oscuridad, vacilé hasta que oí lo que me pareció la hebilla de un cinturón soltarse. ¿Ahora le habían entrado ganas de follar después de tenerme como trofeo allí toda la noche?
Pasó un brazo al lado de mi cabeza,  acorralándome contra un árbol. 
—¿Sabes? Estoy lo suficientemente sobria como para no dejar que me pongas una mano encima.
—Y yo estoy deseando ver cómo lo impides. –dijo metiendo una mano bajo mi camiseta.

•Harry:
"Ya voy" –envíe a Zayn por mensaje y me dirigí al club, dónde aún se encontraban los demás. Todavía eran las dos de la mañana y el club cerraba a las cuatro. Era lo único bueno de los martes.
Caminé por el jardín trasero hasta la entrada del club. Pero no entré.  Me pareció escuchar unos gritos. Y no unos gritos cualquiera, me pareció oír su voz, la voz de _____.
—Últimamente escuchas su voz por todas partes,  Harry. –me dije y me propuse entrar, pero al volver a escucharlos supe que ya no eran imaginaciones mías.  Y estaba seguro de que era ella al oír ese "suéltame" detrás de aquellos árboles. 
Eché a correr hacia allí,  pero me detuve al escuchar algo que lo único que hizo fue confundirme más. 
—...porque a él le quiero y a ti no te daría ni los buenos días! –escuché,  y no oí mal. Reaccioné al oírla intentar zafarse y me acerqué.
—Ya te dije que no deberías ponerle un dedo encima,  Evans.
—-Styles, que,  ¿dejaste a Mía esperándote en una habitación? 
—Quítale tus manos de encima a Selley,  o tendré que darte de ostias aquí mismo. 
—Ya te la has llevado una vez,  has tenido tiempo de sobra. Esta vez puedes largarte,  o quedarte ahí a ver cómo me la tiro,  tú decides.
—Esta vez me la llevo y los golpes te caen igual. –dije,  observando como apretaba más su muñeca,  casi a punto de hacerle derramar una lágrima. Cosa que no iba a permitir.
Ya conocía el tipo de hombre que era Erik,  y tan pronto di un paso adelante,  le dejó caer con fuerza al suelo para acercarse. Con todas mis fuerzas propiné un gran puñetazo en su cara.
—Lárgate,  Erik. Si hablabas de Mía, ha de estar en Su habitación.  Pero no vuelvas a acercarte a Selley,  nunca.
Gruñó y como alma que lleva al diablo,  volvió a entrar en el club.
—Joder,  mi puta cabeza. –la vi quejarse, sentada cual indio en el suelo y con una mano rascándose la nuca. Sonreí ante la cómica situación. – Gracias. –dijo aun así sin mirarme y sentí como dentro de mí nacía un vacío.  Algo que no había tenido la oportunidad de sentir antes. Se puso de pié,  colocándose la camiseta en su sitio,  pero las piernas le fallaron y conseguí cogerla a tiempo, en brazos. 
—Ya, suéltame. –intentó decir,  pero se quedó en un susurro.
—Estás ebria,  voy a llevarte a tu habitación. –tampoco le di la oportunidad de rechistar cuando caminé hacia el edificio. Aunque ella no parecía por la labor de repetir la historia del día que llegó y sorprendentemente se bajó de mis brazos.
—Gracias,  pero no. Puedo sola. –dijo intentando mantenerse de pié. Pero las piernas le fallaban y acabó por apoyarse en mí. Y sabiendo lo orgullosa que era,  jamás pediría ayuda. –Hasta mañana,  Harry. –se despidió y solo dio un paso antes de que yo la cogiese por el brazo,  pegándola a mi cuerpo. Cara a cara.

Sentía sus piernas temblar y esperaba que no fuese precisamente por el exceso de alcohol. Aun así,  pasé mis brazos alrededor de su cintura sujetándola fuertemente hacia mí y evitando que cayese al suelo.  Puso sus manos sobre mi pecho, con tan poca fuerza que no sabía si quería separarse o abrazarme. Y yo escogí la última de las opciones, pasando mis brazos a sus caderas y atrapando sus labios.

·En el próximo capítulo·
—¿Te estás escuchando? Esto es increíble… –dijo dando vueltas por toda la habitación. –Has caído. –dijo y me sorprendió escuchar eso de sus labios, ya que era la frase que utilizaba yo con Selley cuando me divertía volviéndola loca. –Ahora eres tú el que ha caído. “Yo no puedo enamorarme” –dijo lo último intentando imitar mi voz.– ¡Ya veo como no puedes, Harry! Estás hasta el cuello por la nueva, por la enana esa.