● _____:
—¿Es
necesario volver allí? –pregunté
inútilmente, ya que ya estábamos de camino.
—Para un
día de fiesta que hay...¡Deja de quejarte y camina!
—Sam, me
apetece de todo, menos ir.
—Aburrida. –canturreó
para después darme un leve empujón. – Si no hay nada divertido que hacer, te prometo que nos vamos. –dijo, y sé que mentía.
¡Vuelve a
tu habitación Selley! Me dije al salir del ensayo. ¡Podrás descansar! Pensé, y
cuando llegué me arrastraron de nuevo para fuera.
Tenía el
presentimiento de que no iba a pasar nada bueno yendo al club. Recuerdo el día
que llegué, y lo mal que me sentí por la
mañana con aquel horrible dolor de cabeza.
Al entrar
Sam volvió a mirarme. Por la faceta de su cara intuía que me pedía perdón de
veinte mil maneras distintas. Y sabía
por qué, ya que yo también había visto a
Mía restregarse con Harry en aquellos sillones. Aunque fingiría no haberlo
hecho.
—Bien, ¿has
visto algo que merezca la pena? ¿O podemos irnos ya? –dije y me miró con el
ceño fruncido. Sabía que no le había colado mi mentira.
—Podemos
irnos... o puedes devolverle los celos con aquel tío de allí. –dijo señalando
el otro extremo de los sillones rojos. Entonces vi que a quién señalaba no era
otro que el tío de la primera vez.– Erik Evans. Si quieres joderle, ese es el
indicado.
Vacilé un
momento. Yo no era de esa clase de personas que suelen planear venganzas. Y
menos en esta ocasión, porque ni siquiera
me interesaba darle celos de ningún tipo.
Mi mirada
volvió a Harry. Mía le susurraba algo al oído,
y ya todo el mundo sabía lo que quería.
Nuestros ojos se encontraron y vi el "Sí" escapar de sus
labios.
Ahora ya sé
por qué no puedes sentir amor, Harry.
Porque eso implica sexo con una única persona.
Me dejé
empujar por Sam hacia allí. Sabía que no
me metía en buen sitio, pero ahora ya
era tarde.
—¡Traigo a
alguien en busca de diversión! –exclamó Sam guiñándome un ojo, para después empujarme de nuevo a los brazos
de aquel desconocido. Rápidamente me levanté y le lancé una mirada de las que
matan.
—La has
traído al sitio indicado. –bromeó el que debía ser un amigo de Erik, provocando
que los demás riesen.
—¡Cuídamela!
–dijo antes de desaparecer entre la gente, dejándome a mí como centro de
atención.
—Sabía que
volverías a mí. –rió cínicamente Erik, al tiempo que me entregaba una copa con
una bebida que a simple vista no supe identificar.
La acepté
dedicándole una sonrisa falsa. ¿¡Dónde me había metido Sam!?
Probé una pequeña
cantidad de aquello, y no me disgustó.
Odiaba infinitamente las miradas que recaían en mí, a saber lo que
llevaba lo que ahora mismo estaba bebiendo.
—Veo que
tienes sed. –dijo debido a la velocidad con la que había acabado aquel vaso. Y
ciertamente me sentía tan mal interiormente,
sin conocer el motivo, que
prefería una resaca que mañana no me dejase pensar antes de aguantar que me
recordase todos los problemas que tenía continuamente.
—¡Sírvele
otra! –lo oí gritar a alguien, y pronto
tenía uno igual en la mano. Y después de esta,
perdí la cuenta de todas las que tragué. Los tíos estos se dedicaban a
mirarme y, seguramente, a desnudarme con
la mirada. Y prefería eso a tener que fingir interesarme por su conversación.
Cuando encontrase a Sam, pensaba matarla
por abandonarme.
—Vente, guapa,
voy a enseñarte un sitio mejor. –escuché e intenté centrarme. Parecía
que me hablaba a mí. Maldije cuando tiró
por mi brazo y me sacó de allí, sobre
todo porque no sentía las piernas y no era capaz de oponerme.
Me sacó del
club, tiró de mí hasta un lugar bien oscuro y rodeado por los árboles del
campus. Distinguía su asquerosamente cínica sonrisa en la oscuridad, vacilé
hasta que oí lo que me pareció la hebilla de un cinturón soltarse. ¿Ahora le
habían entrado ganas de follar después de tenerme como trofeo allí toda la
noche?
Pasó un brazo
al lado de mi cabeza, acorralándome
contra un árbol.
—¿Sabes?
Estoy lo suficientemente sobria como para no dejar que me pongas una mano
encima.
—Y yo estoy
deseando ver cómo lo impides. –dijo metiendo una mano bajo mi camiseta.
•Harry:
"Ya
voy" –envíe a Zayn por mensaje y me dirigí al club, dónde aún se
encontraban los demás. Todavía eran las dos de la mañana y el club cerraba a
las cuatro. Era lo único bueno de los martes.
Caminé por
el jardín trasero hasta la entrada del club. Pero no entré. Me pareció escuchar unos gritos. Y no unos
gritos cualquiera, me pareció oír su voz, la voz de _____.
—Últimamente
escuchas su voz por todas partes, Harry.
–me dije y me propuse entrar, pero al volver a escucharlos supe que ya no eran
imaginaciones mías. Y estaba seguro de
que era ella al oír ese "suéltame" detrás de aquellos árboles.
Eché a
correr hacia allí, pero me detuve al
escuchar algo que lo único que hizo fue confundirme más.
—...porque
a él le quiero y a ti no te daría ni los buenos días! –escuché, y no oí mal. Reaccioné al oírla intentar
zafarse y me acerqué.
—Ya te dije
que no deberías ponerle un dedo encima,
Evans.
—-Styles,
que, ¿dejaste a Mía esperándote en una
habitación?
—Quítale
tus manos de encima a Selley, o tendré
que darte de ostias aquí mismo.
—Ya te la
has llevado una vez, has tenido tiempo
de sobra. Esta vez puedes largarte, o
quedarte ahí a ver cómo me la tiro, tú
decides.
—Esta vez
me la llevo y los golpes te caen igual. –dije,
observando como apretaba más su muñeca,
casi a punto de hacerle derramar una lágrima. Cosa que no iba a
permitir.
Ya conocía
el tipo de hombre que era Erik, y tan
pronto di un paso adelante, le dejó caer
con fuerza al suelo para acercarse. Con todas mis fuerzas propiné un gran
puñetazo en su cara.
—Lárgate, Erik. Si hablabas de Mía, ha de estar en Su
habitación. Pero no vuelvas a acercarte
a Selley, nunca.
Gruñó y
como alma que lleva al diablo, volvió a
entrar en el club.
—Joder, mi puta cabeza. –la vi quejarse, sentada cual
indio en el suelo y con una mano rascándose la nuca. Sonreí ante la cómica
situación. – Gracias. –dijo aun así sin mirarme y sentí como dentro de mí nacía
un vacío. Algo que no había tenido la
oportunidad de sentir antes. Se puso de pié,
colocándose la camiseta en su sitio,
pero las piernas le fallaron y conseguí cogerla a tiempo, en
brazos.
—Ya, suéltame.
–intentó decir, pero se quedó en un
susurro.
—Estás
ebria, voy a llevarte a tu habitación. –tampoco
le di la oportunidad de rechistar cuando caminé hacia el edificio. Aunque ella
no parecía por la labor de repetir la historia del día que llegó y
sorprendentemente se bajó de mis brazos.
—Gracias, pero no. Puedo sola. –dijo intentando
mantenerse de pié. Pero las piernas le fallaban y acabó por apoyarse en mí. Y sabiendo
lo orgullosa que era, jamás pediría
ayuda. –Hasta mañana, Harry. –se
despidió y solo dio un paso antes de que yo la cogiese por el brazo, pegándola a mi cuerpo. Cara a cara.
Sentía sus
piernas temblar y esperaba que no fuese precisamente por el exceso de alcohol.
Aun así, pasé mis brazos alrededor de su
cintura sujetándola fuertemente hacia mí y evitando que cayese al suelo. Puso sus manos sobre mi pecho, con tan poca
fuerza que no sabía si quería separarse o abrazarme. Y yo escogí la última de
las opciones, pasando mis brazos a sus caderas y atrapando sus labios.
·En el próximo capítulo·
—¿Te estás
escuchando? Esto es increíble… –dijo dando vueltas por toda la habitación. –Has
caído. –dijo y me sorprendió escuchar eso de sus labios, ya que era la frase
que utilizaba yo con Selley cuando me divertía volviéndola loca. –Ahora eres tú
el que ha caído. “Yo no puedo enamorarme” –dijo lo último intentando imitar mi
voz.– ¡Ya veo como no puedes, Harry! Estás hasta el cuello por la nueva, por la
enana esa.
Tia me encanta tu novela!!!! Siguela cuando puedas porfavor! Te he enviado peti en tuenti :D
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