● _____:
—¿Nerviosa?
–preguntó, y yo negué con la cabeza.
—La
nerviosa pareces tú. –dije acabando de ordenar el vestuario de la obra en
aquella especie de camerino, mientras Sam caminaba de un lado a otro.
—¡Normal!
Vas a demostrar al mundo que eres una súper actriz, y yo, como tu mejor amiga
en el internado, estás obligada a compartir tu fama conmigo. –dijo sonriéndome y solté una carcajada.
—Eres de lo
que no hay. –acabé de dejar el vestuario a mano para la obra y el uniforme de
siempre, para después, al lado.
—No
pensarás ir en uniforme a la fiesta de después, ¿verdad?
—Pues, en
realidad creo que ni siquiera iré.
—¿¡Qué!?
–gritó señalándome con el dedo y caminando hacia mi cual película de terror.–
Vas a ir. Yo te traeré ropa para después. ¡Sí! –se ilusionó, dejando de lado la
peli de miedo para empezar a imaginarse fantasías de princesas.– ¡Un vestido!
–dijo y me vi obligada a deshacer sus fantasías.
—No. Si
quieres que vaya, iré. “Para una noche de fiesta que hay.” –la imité.– Pero con
un pantalón. Estoy harta de faldas todos los días.
—Aguafiestas.
–fingió una mirada de desprecio.– Te traeré un bonito pantalón si eso quieres.
–dijo irónicamente.
—Todo el
mundo está entrando en el salón. –apareció Jane por la puerta del camerino,
seguida por el resto de actores y haciendo que Sam saliese corriendo, para
coger sitio en primera fila.
—______, tú
eres la primera en salir. –se asomó uno de los que se encargaban de la
iluminación y la dirección, indicándome que debía salir ya.
—Suerte.
–oí a coro a mis compañeros cuando subía al escenario. Crucé una última mirada
con Harry, que esperaba en las escaleras de acceso de este, ya que pronto le
tocaría salir. Y, para mi sorpresa, borró su mueca de enfado y sonrió.
—Suerte,
Selley. –dijo de repente, dándome una palmada en el trasero, como solía hacer,
mientras subía por las escaleras. Sorprendiéndome a mí misma, no me pareció mal
por primera vez desde que había llegado a este internado. En realidad, me
alegraba de que no su hubiese enfadado, –todavía más– por lo del beso. Una cosa
era que Harry no dejase de molestarme, pero otra muy distinta que…me odiase.
Dije mi
monólogo tan pronto subí al escenario, la obra comenzó cuando acabé de
recitarlo. Las diferentes escenas nacían, y pasaban a medida que se acercaba el
final: cuando Isabella llega a casa de Sharon, se enamora de Bruno, conoce a
Andrew, empiezan los problemas, Bruno e Isabella enamorados pero no pueden
confesárselo, Isabella decide volver a América por respeto a Sharon, la que
descubre que su novio y su mejor amiga se quieren… y ahora acababa la escena en
la que Isabella se va sin despedirse de Bruno.
¿Por qué me
habría tocado ser la protagonista? ¡Podría haber fingido actuar mal! Por lo
menos me libraría de esto.
No dejaba
de quejarme mentalmente mientras hacía mi monólogo final, ya cuando Isabella, mi
personaje, se encontraba en América y no sabía nada de Bruno. Se acercaba el
final, tanto, que Harry estaba a punto de salir al escenario para la última escena.
Se bajó el telón durante un momento, mientras cambiaban el escenario y nos
cambiábamos de vestuario.
—¿Lista?
–preguntó Styles, al lado de mí en las escaleras.
—Allá
vamos. –dije y entré, colocándome en la que, según el atrezzo, era mi supuesta
casa.
---REPRESENTACIÓN---
ISABELLA:
Bruno…—musitó al encontrárselo en el umbral de la puerta.
BRUNO: No
renuncies a mí. Por favor. –espera un
tiempo antes de volver a hablar.– Sé que me perdiste durante un tiempo, pero yo
ya no puedo esperar más. Isabella, yo sé que me amas. Pero dime qué más puedo
hacer para demostrártelo yo. –dice con la voz quebrada.– Isabella, háblame,
dime algo. Lo que sea.
ISABELLA:
Ya no voy a escapar, Bruno. Sé lo que quiero.
BRUNO: ¿Y
qué es?
ISABELLA: A
ti. –dice y Bruno se acerca con intención de besarla, pero lo detiene.– Bruno,
espera.
BRUNO: Lo
bueno del tiempo es que cura las heridas, lo malo de los besos es que crean
adicción. –dice intentando besarla, de nuevo.
ISABELLA:
–echándose hacia atrás– Bruno…
BRUNO:
¿Qué?
ISABELLA:
¿Me amas?
BRUNO: ¿Qué
clase de pregunta es esa? –sonríe melancólico– ¿Tú crees que si no te amara,
habría cruzado el mediterráneo para ir a buscarte a Egipto, luego a California,
para último perseguirte hasta aquí y ponerme a gritar en medio de todo Nueva
York consiguiendo que me escucharas, aparte de estar dispuesto a ir contigo
hasta el fin del mundo si eso es lo que quieres? Isabella… –dice mirándola a
los ojos, y rodeando su cintura– juro que te amo como un loco, como un demente
y desquiciado que no soporta vivir sin ti. Juro que como te amo jamás he amado
a nadie, que quiero pasar el resto de mi vida contigo y ser el padre tus hijos.
¿Eso te contesta tu pregunta? –con lo último, consigue que Isabella derrame las
primeras lágrimas, pero se las seca con el dedo– Te amo, mi bella musa
fotógrafa.
---FIN REPRESENTACIÓN---
Esa era la
última frase de aquella obra, que acababa conmigo en los brazos de Harry. Pero
ese no era el problema. La única de mis preocupaciones en ese momento, es que
durante toda la actuación me había imaginado que esas palabras eran de verdad,
y estaban dirigidas a mí. Y ahora, de vuelta al mundo real, me doy cuenta de
que esas palabras no están dichas por él, sino por un ser que no existe, hacia
una persona afortunada.
Volví a
centrarme en la obra, al fin y al cabo, aún no había acabado. Ahora que estaba
rodeada por los brazos de Harry, este se acercaba a mí, con intención de hundir
su cabeza en mi cuello, tal como habíamos acordado el día que me negué a
besarlo. Solo era una simple obra de
teatro, ¿qué es lo peor que podía pasar después? ¿Qué Mía me reclamase por
robarle el novio? En ese momento me importaba tan poco Mía, o cualquiera de los
demás, tenía los labios de Styles entreabiertos, a un par de centímetros de mí,
y eso atraía mi atención como un imán.
A la porra.
Uní
nuestros labios, que encajaban perfectamente, antes de que pudiese abrazarme,
después ya sería tarde. Me acercó más hacia él, por lo que no tardé en tener
que ponerme de puntillas y enrosqué mis brazos alrededor de su cuello.
Así se
bajaba el telón, entre vítores y aplausos de gente que pensaba que solo
estábamos actuando, aunque la verdad era que aquello no estaba programado.
·En el próximo capítulo·
—Mamá, voy a soltar el globo, quiero que veas lo bonito que es. –dije
cuando este subía de entre nuestras manos y ascendía por el oscuro cielo. Me di
la vuelta, y caí en que sus brazos seguían rodeándome, pero ya era tarde,
estábamos a menos de cinco centímetros.– ¿Pediste un deseo?
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