● Harry:
Sus
pequeñas manos subieron de mi abdomen hacia mi cuello, enroscándose en él.
Acabó por ponerse de puntillas debido a su baja estatura y, aunque en un
principio se resistió, acabó permitiendo la entrada de mi lengua, abriendo
levemente sus labios, que ahora encajaban perfectamente con los míos. Jugaba
con mis rizos y acariciaba mi cuello, todas mis terminaciones nerviosas se
aceleraron, y mi respiración, acelerada también, acompañaba a los latidos de mi
corazón, que creí que quería salirse de debajo de mis pulmones.
¿Estaba
enfermo? Desde luego después me pasaría por enfermería.
Se detuvo
el juego de lenguas y antes de separar completamente nuestros labios, sentí
como deslizaba sus dientes sobre mi labio inferior, con intención de morderlos,
pero no tenía fuerzas. Volvió a colocarse sobre sus talones, quedando a la
altura de mi cuello. Vi como aspiraba el olor de mi perfume al sentir su pecho
expandirse de golpe. Se separó completamente de mí y tuvo el valor de
mirarme a los ojos, los cuales estaban rojos y húmedos.
—Selley... –susurré cuando se dio la vuelta con intención de irse, pero para mi sorpresa se detuvo.
—Harry. –dijo seriamente, volviendo a sorprenderme al utilizar mi nombre, y no mi apellido o alguno de los apodos que solía usar. – Vamos, esto no puede seguir así. –continuó–Tú no puedes sentir amor y yo no quiero enamorarme, no lo hagamos más difícil y... –se detuvo por un momento, ¿estaba dudando? – Joder, adiós Harry. –remató. Mi sed cínica interior me decía que la dejase marchar, que había muchas más. Pero mi cerebro era consciente de que en realidad ninguna era como ella. Nadie me había hecho tener tantas dudas acerca de lo que siento, dado que jamás había experimentado algo así.
—Me preguntaste qué es lo que siento cuando te tenía cerca. –dije cogiéndole de la mano, haciendo que volviese a detenerse, pero no dejé que se diese la vuelta. – Ni siquiera ahora que tengo intención de decírtelo soy capaz. Solo tienes que acercarte para hacer que mi pecho lata tan fuerte que cualquiera podría escucharlo, pero tú pareces no darte cuenta de ello. Tienes razón, yo no puedo sentir amor, te lo he dicho, jamás he sentido algo parecido. Pero luego llegas tú y...quizás si sienta lo mismo que sientes tú al tenerme cerca. –dije y le solté la mano para dejar que se fuera. Sabía que lloraba y no quería verla hacerlo. Pero me torturó y no caminó hacia el instituto sin antes mirarme y dejar que viese sus lágrimas nacer en sus ojos, acumularse en sus párpados y caer lentamente por sus mejillas con el brillo que le daba la luz de la luna.
—Selley... –susurré cuando se dio la vuelta con intención de irse, pero para mi sorpresa se detuvo.
—Harry. –dijo seriamente, volviendo a sorprenderme al utilizar mi nombre, y no mi apellido o alguno de los apodos que solía usar. – Vamos, esto no puede seguir así. –continuó–Tú no puedes sentir amor y yo no quiero enamorarme, no lo hagamos más difícil y... –se detuvo por un momento, ¿estaba dudando? – Joder, adiós Harry. –remató. Mi sed cínica interior me decía que la dejase marchar, que había muchas más. Pero mi cerebro era consciente de que en realidad ninguna era como ella. Nadie me había hecho tener tantas dudas acerca de lo que siento, dado que jamás había experimentado algo así.
—Me preguntaste qué es lo que siento cuando te tenía cerca. –dije cogiéndole de la mano, haciendo que volviese a detenerse, pero no dejé que se diese la vuelta. – Ni siquiera ahora que tengo intención de decírtelo soy capaz. Solo tienes que acercarte para hacer que mi pecho lata tan fuerte que cualquiera podría escucharlo, pero tú pareces no darte cuenta de ello. Tienes razón, yo no puedo sentir amor, te lo he dicho, jamás he sentido algo parecido. Pero luego llegas tú y...quizás si sienta lo mismo que sientes tú al tenerme cerca. –dije y le solté la mano para dejar que se fuera. Sabía que lloraba y no quería verla hacerlo. Pero me torturó y no caminó hacia el instituto sin antes mirarme y dejar que viese sus lágrimas nacer en sus ojos, acumularse en sus párpados y caer lentamente por sus mejillas con el brillo que le daba la luz de la luna.
[ … ]
Una
almohada se estrelló contra mi cara, logrando que abriese los ojos y los
maldijese a todos.
—Ya es el
tercer día que no nos despiertas con tus almohadazos. –se quejó Louis,
mirándome con otro cojín en la mano. Los demás estaban a su lado y los cuatro
estaban listos ya.– ¿Qué te pasa? –exigió saber.
—Nada. –me
excusé con la típica mentira, que seguramente no se creerían, pero que valdría
para que entendieran que mejor no preguntar.
—Lo que
sea. Vístete o llegarás tarde a…–habló ahora Niall, observando mi horario de
reojo. –lengua. –añadió, mientras Louis me lanzaba el otro cojín. – ¿Te
esperamos?
—Voy a
faltar. Podéis iros. –volví a esconderme bajo las sábanas, pero sin dormirme.
—Como
quieras. –oí antes de que abriesen la puerta. Por las sombras pude distinguir
que uno de ellos se había quedado. El que identifiqué como Louis.
—Vas a
decirme lo que te pasa, por mucho que te escondas.
Cerró la
puerta tras de sí y lo primero que hice fue preguntarme qué me estaba pasando.
¿Qué es lo
que tiene ella para hacerme cambiar a pesar de que yo intente oponerme? Hace
tres semanas, –que es lo que Selley llevaba aquí, y lo único que le había hecho
falta para volverme loco– había una tía diferente en mi cama cada noche. Ahora
soy yo el que las echo.
---FLASHBACK---
—¿Qué coño
te pasa, Harry? ¿Te estás burlando de mí? ¡Ya es la segunda vez! ¡La segunda!
—Mía, no me
calientes, que estoy intentando no ser borde.
—¿Tú? ¿No
ser borde? ¡Pero qué te han hecho! ¿Desde cuándo te importa ser borde o no,
Harry?
—He
accedido a salir del club para dar una vuelta contigo, pensé que después de lo
de la última vez te quedaría claro que no quiero nada más, no te molestes.
—¿Te estás
escuchando? Esto es increíble… –dijo dando vueltas por toda la habitación. –Has
caído. –dijo y me sorprendió escuchar eso de sus labios, ya que era la frase
que utilizaba yo con Selley cuando me divertía volviéndola loca. –Ahora eres tú
el que ha caído. “Yo no puedo enamorarme” –dijo lo último intentando imitar mi
voz.– ¡Ya veo como no puedes, Harry! Estás hasta el cuello por la nueva, por la
enana esa.
—Yo no
–intenté negarlo, pero no me dejaba hablar.
—¿Sabes?
Llevo tres años detrás de ti. Nunca me hiciste caso, me tuviste como una muñeca
con la que pasar las noches libres y luego me dejabas de lado por otras. ¡Pero
me daba igual! Porque a diferencia de ti Harry, yo sí puedo sentir amor. Aunque
veo que tú también. –intenté reprochar, pero ella seguía en las suyas de no
dejarme hablar.– Dime una última cosa, Harry, ¿qué diferencia hay entre ella y
yo?
---FIN FLASHBACK---
Aquella vez
no había contestado, me había largado de vuelta al club, porque lo que había
visto antes de irme no me había gustado. No me había agradado nada haberla
visto en los brazos de Erik, otra vez. Y ahora, la frase que le había oído
decir no salía de mi cabeza, y quizás sirviese como respuesta a la pregunta de
Mía. O tal vez sean imaginaciones mías.
“Porque a ella la quiero y a ti no te daría
ni los buenos días.”
● _____:
—¡Empezad
el último acto ya, por favor! –oí gritar en el salón de actos, al señor
Gaffigan. Y es que tenía razón, esos minutos de cortesía que no me falten.
—Sin Selley
no puedo empezar. –oí a Harry, ahora.
—¿Y dónde
se supone que…?
—¡Aquí!
–grité entrando al salón a todo correr y subiéndome al escenario. Ahora ya sin
el guión. El profesor de lengua y literatura me miraba con cara de pocos
amigos, pero se reprimió la bronca. No había tiempo, todos los actores,
principales y secundarios, estaban sentados en las butacas, dispuestos a
observar el último acto. El final de la obra.
Empecé a
recitar mentalmente mi monólogo hasta la aparición de Harry, el que también
interpretó su papel de memoria, y sin embargo, al llegar al tramo final, justo
después de la última frase, me detuve.
—¿Por qué
no estás besando a Harry, Selley? –preguntó exasperado el señor Gaffigan. Una
obra de amor, y como todas, acababa con un beso.
—No voy a
besar a Harry. –dije, segura. No quería más problemas.
—¡Vamos!
–gritó al borde de la desesperación.– ¡Es solo un beso! ¡Es actuación! Ni que
no lo hubiesen hecho con ganas en otras ocasiones. –dijo recordando aquel
altercado que había tenido con Styles, pocos días después de ingresar en el
internado.
—¿Qué más
da? –interrumpió Harry, pues yo no tenía excusas válidas para negarme.– Si no
quiere, no quiere. No vamos a retrasar la obra por esto. Nos abrazaremos y así
acabará. –propuso, mirando al profesor.
—Lo que
sea. Espero que esté contenta, señorita Selley.
—Y no sabe
cuánto. –susurré para mí al bajar del escenario, mientras el profesor hablaba
sobre los demás papeles, y por lo que pude entender, un ensayo general mañana.
—Mañana, sábado,
todos aquí a las doce. Ensayo general. –oí antes de salir de allí, pero la
puerta no llegó a cerrarse.
—Eh. –oí,
esto ya empezaba a convertirse en rutina, aunque, esta vez no era la voz grave
de Harry, sino una mucho más femenina, repipi, y de zorra.
—¿Qué se te
perdió conmigo, Mía? –pregunté, sin darme la vuelta, tampoco se lo merecía.
—¿Eres
tonta o qué te pasa? –dijo colocándose delante de mí.
—Solías
llamarme “nueva” o “enana”, pero supongo que “tonta” es el nuevo mote.
—Lárgate.
—¿Qué?
–pregunté, no había entendido bien su grado de bipolaridad aún.
—Que cojas
tus cosas y te largues de este internado.
Estás haciendo daño a Harry.
·En el próximo capítulo·
Esa era la
última frase de aquella obra, que acababa conmigo en los brazos de Harry. Pero
ese no era el problema. La única de mis preocupaciones en ese momento, es que
durante toda la actuación me había imaginado que esas palabras eran de verdad,
y estaban dirigidas a mí. Y ahora, de vuelta al mundo real, me doy cuenta de
que esas palabras no están dichas por él, sino por un ser que no existe, hacia
una persona afortunada.
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