viernes, 26 de abril de 2013

DIECISIETE: SE BUENO Y NO TE ACERQUES MUCHO.


● _____: 

Suspiré al descubrir que solo había dicho algo incomprensible en sueños. Maldije en bajo haber olvidado la camiseta en casa, con las prisas. Resignada me acerqué a la cama y separé las sábanas. Intenté cubrir a Harry con ellas sin despertarlo y luego me metí yo bajo estas, colocándome lo más lejos de él posible.
—Bien Harry, considérate afortunado de que te deje dormir aquí, se bueno y no te acerques mucho, ¿sí? –susurré. –Buenas noches. –Observé su sonrisa antes de apagar la luz y que todo se oscureciese.
[…]
El molesto sonido de siempre, proveniente de la alarma de mi IPhone resonó por toda la habitación, esta vez acompañado de la alarma de otro móvil. Poco después de que yo apagase a tientas el dichoso ruidito, desapareció también el otro. Me desperecé hasta que caí en la cuenta de que estaba con Harry,  de que yo estaba en ropa interior y de que su brazo me aferraba a él como si su vida dependiese de ello. Lo miré por el rabillo del ojo, y por suerte, había vuelto a dormirse después de apagar la alarma. Vale, el uniforme descansaba en la silla del escritorio, ¡me sobraba tiempo para correr y vestirme antes de que Harry pudiese pestañear! O eso creía. Volví a cerciorarme de que seguía completamente dormido y conté hasta tres mentalmente, para luego separar su brazo de mi cintura. Él se quejó, y se desperezó. ¡Oh venga ya, no te despiertes ahora! Se volvió cara otro lado y solté el aire de golpe para después salir disparada de la cama, y coger mi falda lo más rápido que pude. Antes de que pudiese abrochar el segundo botón, lo oí ronronear.
—¡Mierda! –maldije mentalmente e intenté abotonarlo más rápido, pero con las prisas las cosas siempre salen mal. Me fijé en que únicamente se había movido, y ahora miraba hacia mí, pero seguía dormido. Cuando por fin el dichoso botoncito decidió hacerme caso y se quedó dentro de su hueco, alcancé la camisa. Aunque no tardé en sentir una mano colarse bajo mi falda y apretar una de mis nalgas.
—Buenos días, Selley. –dijo con voz ronca y seria, como si tocar algo no debido fuese lo más normal del mundo.
—Buenos –dije revolviéndome, para intentar que quitase su mano de ahí– días. –rematé, consiguiéndolo. Y me separé lo máximo posible de él. Acabé de colocarme la camisa bajo la mirada socarrona que me echaba apoyado en el marco de la puerta. – Puedes dejar de mirar cuando quieras. –dije acabando de colocarme bien las medias frente al espejo.
—No, desde aquí hay muy buenas vistas. –dijo egocéntricamente y sonreí, este era el Harry que había conocido, el que odiaba con todo mi ser y no el que me hacía que mis terminaciones nerviosas se acelerasen.
—Eh, Harry.
—¿Qué?
—Gracias por hacer mi parte del trabajo, te lo compensaré–
—Ya sé lo que… –me cortó, pero yo volví a cortarle a él.
—De manera no sexual. –acabé mi frase y me dirigí a él con la mochila ya colgada de un hombro.
—¿Estoy guapo? –preguntó con una sonrisa ególatra. Le revolví el pelo más de lo que ya estaba.
—Ahora sí. –añadí y salí de la habitación soltando una carcajada. Entonces me di cuenta de que todas las tías de aquel pasillo me miraban con cara de perra en celo. Cosa que no entendí hasta que caí en que Harry acababa de salir detrás de mí, de mi habitación, y que seguramente todas pensarían que yo y él nos habíamos acostado. Hecho que seguramente no le gustaría a Mía. Negué con la cabeza ignorando las miradas de las demás tías, quizás si caminaba algo distanciada de él…  Acto imposible, ya que Harry se acercó por detrás, pasando un brazo por mi hombro y pegando sus labios a mi oído, con intención de susurrar algo. 
—¿Justo ahora Styles? –le reproché en mi mente – ¿Justo a tres metros de la cafetería, dónde estaba todo el mundo entrando y saliendo?
Si intentaba evitar que la gente pensara que yo había caído en sus redes, él me lo hacía difícil.
—Si vuelves –susurró por fin– a irte a algún sitio, sin despedirte de mí,  iré a buscarte y te traeré de vuelta a rastras, ¿entendido? –remató y se separó de mí para entrar en la cafetería. Después de quedarme como una boba en medio del pasillo, entré detrás de él.
—Extraño. –musitó Sam, cuando nos sentamos frente a ella.
—¿Qué te pasa ahora, Morrison? –dijo él, no sin antes revolverle el pelo.
—Ella –dijo señalándome–no quiere acostarse contigo. Tú –dijo señalándolo ahora a él– no dejas de acosarla, para después follarte a otras. ¿¡Qué clase de relación tenéis vosotros!?
—Ninguna. –dijimos sorprendentemente al unísono, y Sam no tardó en sonreír de lado y echar una carcajada.
—¡Aprovechasteis esta noche que yo no estaba para copular!
—¿Qué? ¡No! ¿Cómo puedes pensar eso? –me defendí.
—Porque es lo más lógico. Me alegra que me hayáis echo caso y le deis algo de morbo al internado.
—El día que dejes de hablar de ______ y de mí, y aun por encima de relacionarnos sexualmente, juro que celebraré una fiesta. –añadió Harry, intentando librarnos de aquel interrogatorio.
—Ya veo, entonces, si no os habéis acostado, hagamos una apuesta.
—¿Para qué? –refunfuñé, esto no tenía buena pinta.
—Calla y escucha. –me dijo– Acabo de descubrir qué os pasa, ¡miraos! Si es que el que no se dé de cuenta… Bah, la cosa, queda así: Tenéis que fingir ser mejores amigos durante toda esta semana.
—¿Mejor amigo de ella? –rió irónico señalándome con la cabeza y yo lo miré entrecerrando los ojos. ¿Esto era una especie de concurso para ver quién era más bipolar de los tres?
—Sí, mejor amigo. –continuó la morena. –Y ya sabes cómo son los mejores amigos. –sonrió socarronamente. – Siempre están juntos.
—¡Venga ya Sam! –exclamé, era una broma, lo que decía no tenía sentido. –Yo no puedo llevarme bien con él un día entero sin discutir. ¿Pretendes que estemos siempre cerca?
—No, eso sería complicar las cosas. Porque no podéis tener sexo juntos.
—Esa parte me gusta. –admití y a Harry se le escapó una sonrisa por la comisura de sus labios.
—¿Y qué ganamos con esto? –se interesó el rulos. No íbamos a ganar nada, todo lo que había dicho Sam desde que llegamos no tenía pies ni cabeza.
—Está bien, si ______ discute contigo antes del final de esta semana, Styles, tú ganas. –dijo mirándolo, antes de clavar su mirada miel en mí y sonreír. –En cambio, si es Harry el que no aguanta y te grita o discute contigo, _______ tú ganas.
—¿Y si ninguno de los dos pierde? –pregunté. –¿Ganas tú?
—Si ninguno pierde, pues decidís el premio entre vosotros. ¡Yo gano de todas formas! Me reiré a más no poder durante esta semana. Míralo por el lado positivo Harry –le pasó un brazo por los hombros al rulos. –si tú ganas, te la llevas a la cama y ella no puede decirte que no. –A partir de esa parte, parecí perderme. –En cambio, si Selley gana, tendrás que dejarla en paz, para siempre, y dejar de amargar su pobre estancia aquí.
—Estás como una puta cabra. –le espeté.
—Acepto. –dijo y creí haber oído mal.
—Vamos ______, solo será un juego. –rió Sam.
—Tus delirios de chiflada no van a convencerme esta vez.
—¿Tienes miedo a perder? –rieron los dos igual de sarcásticos, parecía que lo habían ensayado.
—Acepto. –acabé por añadir, sorprendiéndolos. No iba a perder, porque sin darse cuenta, Sam me había dado la solución a todos mis problemas.
[ … ]
—¿Y hoy? ¿Por qué no? –pregunté al señor Gaffigan, que pretendía irse de nuevo, dejándonos a mí y a Harry ensayar solos.
—Señorita Selley, a menos que quiera organizar usted el festival de este domingo, debo encargarme yo, así que si hace el favor de dejar de quejarse y entrar al salón con su compañero de una vez, se lo agradecería. –añadió para luego dejarme sola en el pasillo.
—Lo odio, lo odio, lo odio, lo odio. –reiteré entrando en el salón de actos, donde Harry ya estaba sentado en el borde del escenario.
—¿Alguien viene de mala leche? –rió al verme roja de la ira.
—Tenemos que volver a ensayar solos. –bufé– ¿Qué toca hoy?
—Estamos casi al final, acto tres, Isabella está con Bruno en el apartamento de Sharon, ambos están enamorados y chorradas de esas. Pero Bruno lo disimula e Isabella se muere por sacarlo a la luz, si no fuera porque es el novio de su mejor amiga.
—Ya, ya recuerdo.
—Más o menos como la vida real, andas las veinticuatro horas detrás mía y te mueres por mí. –soltó y lo miré, descargando toda mi ira en él.
—¡Styles eres…!
—Eh –me detuvo– cuidado con lo que gritas, no vaya a ser que esta noche la tengas que pasar en mi cama. –dijo guiñándome un ojo y entonces recordé la apuesta. Maldije en bajo y subí a aquel escenario. Conseguí relajarme para interpretar bien aquel acto, hasta que después de varios intentos, conseguí hacerlo sin ningún fallo. A pesar de lo torpe que hoy estaba, Harry aún no había perdido la paciencia, y se encontraba de lo más tranquilo del mundo apoyado en la cola del piano, que todavía seguía allí. Entonces una melodía sonó en mi cabeza, y aprovechando que estábamos tomándonos un descanso, me acerqué a él. ¿Estaba segura de querer preguntárselo?
—Harry, tengo que pedirte un favor. –dije seria, y conseguí que clavase su mirada verde en la mía. ¿Lo haría? Después de lo que pasó, ¿volvería a hacerlo? Solo me quedaba probar, ¿y si me decía que no?
—¿Cuál? –interrumpió mis pensamientos y disipé las dudas antes de que consiguiesen echarme atrás.
—Tócame el piano. –solté sin pensarlo más. Una mueca extraña se dibujó en mi cara, seguramente temiendo la respuesta.
—¿Que te toque el piano?
—Sí. Quiero escuchar… –intenté decir, pero no quería decirle que lo había estado escuchando. – No conozco la canción, la tocabas el día en que yo volví a casa. –intenté explicarle y pareció entenderme cuando se sentó en el banco que había frente al piano, haciéndome un hueco al lado derecho. Me senté a su lado, ¿de verdad iba a volver a tocarme el piano? Movió los dedos ágilmente sobre las teclas, respondiendo a mi pregunta. La misma canción que había escuchado días atrás salía de aquel instrumento. La melodía volvió a resonar en mi cabeza, y entonces recordé aquella pregunta, “¿Por qué Harry me toca a mí?” Lo observé cuando sus manos comenzaron a moverse más lento, anunciando el final de la canción. Tenía los ojos cerrados, ¿volvía a confiar en mí? Los abrió lentamente entretanto pulsaba los últimos acordes. Mientras mi mirada se encontraba con la suya, colocó mis manos sobre el piano, en las teclas donde anteriormente habían estado las suyas. Las cubrió con sus manos, pues estas eran el doble de grandes, y lentamente la canción volvió a sonar. Esta vez por parte de ambos. Acabé sentada sobre sus piernas y con su mandíbula apoyada en mi cuello mientras la parte rápida de la canción sonaba perfectamente. Me asombré al ver cómo era capaz de tocar aun con mis manos bajo las suyas sin un solo error. Sus manos se detuvieron al final de la melodía, junto con las mías. Lo miré sobre el hombro y entrelazó nuestros dedos. Y ese pequeño detalle me dio valor. Valor para preguntarle lo que tanto tiempo había querido hacer.
—Harry. –susurré.
—¿Sí? –dijo más cerca de mis labios de lo planeado. Pero ahora no era momento de echarse atrás.

—¿Qué sientes cuando me tienes cerca? 

·En el próximo capítulo·
Aquella frase volvió a resonar en mi cabeza saliendo de sus labios. Y entonces, por una vez en la vida hice caso a mi cerebro. No sabía si era lo correcto o no, pero sí lo que me convenía. 

viernes, 19 de abril de 2013

DIECISÉIS: LA PEOR COMPAÑERA DEL MUNDO.

● _____: 

—Señorita, debe bajar ya, el coche de la familia sale hacia el cementerio en cinco minutos –oí al mayordomo al otro lado de la puerta.
—¡Ya voy! –dije y me levanté de la cama. Observé mi reflejo en el espejo. Otra noche de insomnio reflejada en mi cara. Un color grisáceo se acomodaba bajo mis ojos, y es que esto de huir intentando que los problemas se solucionen por si solos, no funciona para nada.  Y sí, tenía un gran problema y nadie a quién contárselo.
Una vez en el asiento trasero de aquella limusina, barajé entre toda la música de mi lista de reproducción favorita. Seleccioné aleatorio y “Set fire to the rain” comenzó a sonar de mis auriculares.
—Mala elección, Selley. –musité y la dejé sonar. Estaba más que claro que aquella mañana todo estaba en mi contra.
Cientos de personas vestidas de negro esperaban ya en aquel cementerio de Nottingham, que tan pronto mi padre bajó del coche, lo rodearon para darle el pésame. Intentando pasar desapercibida me escabullí entre la gente y me dejé caer a los pies de un gran árbol aún con el reproductor encendido. Entonces recordé la vez en que Harry me había llamado mandona para luego contarme la historia de sus padres. ¿En serio? ¿A cada cosa que hiciera él surcaría mi mente? Subí el volumen de la música con la intención de que no fuese capaz de escuchar ni mis propios pensamientos, y cerré los ojos. Rihanna sonaba ahora con “I love the way you lie”. Me di cuenta de que estaban a punto  de enterrar el ataúd y, como si de un espectáculo se tratase, me acerqué para colocarme en primera fila.
—Ojalá estuvieses aquí, podría contarte todo esto sabiendo que después me dirías la solución correcta. –recité en mi mente. –Si estuvieras aquí ni siquiera tendría estos problemas. No habría conocido a nadie en aquel maldito internado. No. No me arrepiento de haber conocido a algunas personas. Simplemente deberíais haberme dicho la verdad. ¡Siempre te lo he contado todo! ¿Por qué me mentiste? –lloraba, pero por lo menos gritaba en mi mente y no en voz alta. – ¿Por qué me hicisteis vivir una mentira? ¿Desde cuándo? ¡Ahora estarías viva!
Cada montón de tierra que caía sobre aquella tumba de madera era un reproche más hacia ella. Y no le echaba la culpa de sus actos, en absoluto, puesto que ella intentó hacerme feliz a pesar de que le costó la vida. Solo me negaba a decirle adiós tan rápido. No podría compartir con ella ningún momento más de mi vida, ni bueno ni malo. Todos aquellos en los que siempre soñé que ella estaría ahí para apoyarme, ya nunca se harán realidad.
—No estarás en mi graduación, en ninguno de mis próximos cumpleaños, jamás conocerás a tus nietos… –seguí  numerando mentalmente, sorprendida por la última de las opciones.
—¿Tú? ¿Tener hijos? ¿Con quién? ¿Con  Styles? –me pareció oír a la voz de mi conciencia y puse los ojos en blanco. Sin darme tiempo a reprimirme mentalmente un escalofrío recorrió mi espalda y mi corazón se aceleró.

● Harry:
Me revolví bajo las sábanas al notar el aire frío colarse bajo ellas. ¿Era cosa mía o se estaban moviendo? Sentí una mano, suave, recorrerme la zona abdominal y otra mi espalda.
—Louis, como estés intentando despertarme, te llevarás el almohadazo de tu vida. –dije con la voz ronca, por el bruto despertar.
—No soy Louis. –oí una voz femenina y entonces presioné rápidamente el interruptor de la luz. Me di la vuelta aún cegado por ella y me froté los ojos.
—__...¿Mía? –acabé diciendo al encontrarme frente a los ojos azules de la pelirroja.
—¿Ibas a decir _____?
—No iba a decir nada –no la dejé terminar– ¿Qué haces aquí? –pregunté intentando localizar a alguno de los demás, pero no daban señales de vida. – ¿Cómo has entrado?
—La puerta estaba abierta.
—Deberías plantearte eso de llamar antes de entrar.
—¿Qué te pasa hoy? Tienes un humor de perros.
—Acabas de despertarme, ¿Qué quieres?
—Sabes de sobra lo que quiero. –ronroneó y se sentó a horcajadas sobre mí.
—No me apetece.
—¿Qué no te apetece? ¿Desde cuándo no te apetece follar, Harry?
—Ahora no quiero, Mía. La habitación de Erik es la de al lado.  –volvió a recostarse a mi lado, cruzada de brazos.
—Tú no eres Harry Styles.
—¿Entonces quién soy? –rodé los ojos, no me dejaría en paz. – Joder, sigo siendo el mismo.
—El Harry de siempre me había visto y antes de que yo pudiera decirle nada ya me habría quitado la ropa. Y a ti “no te apetece”.
—Mía, piérdete, ¿sí?
 —Esto es todo por _____, ¿verdad? –¿En serio no se iba ya?
—No, no es por ella. –bufé y volví a taparme con las sábanas, a ver si ignorándola, se largaba.
—Eres un puto borde conmigo, después de las que pasamos.
—-¿Por qué no vuelves cuando esté de mejor humor a ver si tienes suerte?
—-¿Crees que puedes decidir cuándo y cómo? Después no me tendrás.
—Genial, así no hago el esfuerzo.
—Gilipollas –escupió y por fin, oí la puerta cerrarse. Ahora ya daba igual, no volvería a dormir. Mi estómago rompió el silencio de la habitación. Resignado me levanté, los domingos no estábamos obligados a llevar el uniforme, y lo agradecí.
El olor que emanaba la cocina de la cafetería no era nada agradable, y tan pronto descubrí lo que había para comer, el hambre se me pasó del golpe.
—¡Eh, Styles! –oí desde una mesa y descubrí a Sam haciéndome señas.
—¿Qué pasa? –dije sentándome a su lado.
—¿Has roto con Mía? –puse los ojos en blanco ante la pregunta.
—-Que yo sepa, nunca tuvimos nada.
—¡Todo el internado habla de ello! Desde que vieron a Mía salir tan rápido y tan malhumorada de tu habitación esta mañana, no se habla de otra cosa.
—¿Algún rumor más sobre mí que deba saber?
—Dicen que la has dejado por Selley, ¿Así que vas a lanzarte, eh pillín? –me dio un leve codazo y después soltó una carcajada.
—Yo y la palabra relación jamás iremos juntas en la misma frase.
—Estaría bien que lo hicierais. Sois tal para cual, ella tonta y tú idiota. –rodé los ojos.
—¿Algún día hablarás de otra cosa que no seamos ella y yo?
—Hasta que salgáis juntos no. El internado es cada vez más aburrido, necesita morbo y vosotros dos podéis dárselo.
—Espera sentada, guapa. Ah, a todo esto, ¿ya ha vuelto?
—No, sé que vuelve hoy, pero no sé a qué hora. ¿Por qué? ¿Te lo has replanteado?
—Tenemos un trabajo de lengua que hacer para mañana.
—Trabajos, lengua, sí, claro. Mientras dejéis mi cama en paz, podéis “trabajar” –entrecomilló con los dedos, dicha palabra– donde queráis.
—¿Tú necesitas sexo o me lo parece a mí?
—No sabes cuánto hace que no me echan un buen…
—Veamos, –la interrumpí– ¿desde qué te acostaste conmigo? –sonreí socarronamente. Sí, éste era e verdadero señor “idiota-prepotente-engreído” Styles.

● _____: 

Si al volver no me encuentras, no te preocupes, he hecho caso a un amigo y me he ido en busca de sexo. Deberías hacer lo mismo. Por cierto, Styles te buscaba, decía algo de un trabajo de lengua. ¿Cuándo pensabas decirme que te lo estabas tirando? Si es que ya no me cuentas nada. Nos vemos mañana a la hora del desayuno en la mesa de siempre. Te quiere, Sam” –leí el mensaje de texto que me había llegado.
—¡Mierda! –exclamé y salté de la cama, para bajar volando las escaleras hasta el piso de abajo. – ¡Papá! –exclamé y vi cómo hablaba con los últimos invitados que quedaban de la reunión en casa después del entierro. –Tengo que volver al internado, ¡Ya!
—¿Por qué tanta prisa? Te llevarán mañana a la mañana.
—Imposible, tiene que ser ahora.
—¿Te das de cuenta de que si salimos ahora, no llegaremos allí antes de las once?
—¡Me da igual! Tengo un trabajo que hacer.
—¡Pero qué cabeza tienes! Haré que dispongan la el coche, recoge tus cosas.
El trayecto se me hizo más largo de lo que esperaba. Las -23:34- marcaba el reloj de mi móvil cuando entré corriendo por la puerta. Con la mochila colgada de un hombro corrí hacia la habitación de Harry, en la cual llamé como una posesa, hasta que un moreno con cara de fantasma salió de ella.
—¿Quién eres y cómo osas despertarme? –dijo frotándose los ojos.
—_____ Selley, encantada y todo eso. ¿Está Harry?
—¡______! –exclamó el rubio que ya conocía, y en un segundo, otras dos miradas aparecieron sobre el hombro de aquel individuo de ojos miel.
—Está buscando a Harry. –añadió el moreno con voz ronca.
—No está, lleva todo el día desaparecido. –me aclaró Niall.
—Gracias, –musité incómoda por las cuatro miradas clavadas en mí. – Hasta mañana. –me excusé para escabullirme y volví al pasillo principal. ¿Estará en la habitación de Mía otra vez? ¿Y si interrumpo? Me fijé de nuevo en la hora, casi las doce. Teníamos lengua a primera hora. Quizás él ya tenga hecha su parte, como le dije que hiciera cuando le dejé bien claro “Tú tu parte, yo la mía”. Caminé lentamente hacia mí habitación, Sam no estaba, por lo que podía quedarme hasta tarde haciendo mi trozo. Cuál fue la sorpresa que me llevé al entrar en ella. 
Styles estaba dormido sobre mi cama, con un montón de hojas al lado. Dejé caer la mochila al suelo y cerré lentamente la puerta. Recogí las hojas desperdigadas por mi cama y las observé una por una. Había acabado el trabajo.
—Soy la peor compañera del mundo, eh –susurré fijándome en cómo dormía. No parecía el diablo de siempre con esa carita tan mona de ángel. Dejé sobre el escritorio el trabajo y empecé a quitarme el uniforme. Me detuve al ver el reflejo de Harry durmiendo en el espejo. ¡No era capaz de desnudarme delante de él! Cerré los ojos y lo hice rápidamente intentando olvidar su presencia. Corrí hacia la bolsa que había dejado en el suelo y rebusqué en ella mi camiseta-pijama.

—¿Dónde estás? –musité al no encontrarla y entonces oí a Harry. 

·En el próximo capítulo·
—¿Y si ninguno de los dos pierde? –pregunté. –¿Ganas tú?
—Si ninguno pierde, pues decidís el premio entre vosotros. ¡Yo gano de todas formas! Me reiré a más no poder durante esta semana. Míralo por el lado positivo Harry –le pasó un brazo por los hombros al rulos. –si tú ganas, te la llevas a la cama y ella no puede decirte que no. –A partir de esa parte, parecí perderme. –En cambio, si Selley gana, tendrás que dejarla en paz, para siempre, y dejar de amargar su pobre estancia aquí.
—Estás como una puta cabra. –le espeté.
—Acepto. 

martes, 16 de abril de 2013

CAPÍTULO QUINCE: FARSA.

● _____: 
Yo ya lo sabía, o como bien ha dicho él, lo intuía. Pero que te lo digan así de golpe, duele. – ¿El por qué? Celos. –dijo caminando por la habitación, cual película. – Además hay algo que debes saber. Tu madre me era infiel. –soltó repentinamente, añadiendo un peso más a la carga que ahora sujetaba– Pero eso, no debes tenérselo en cuenta, yo también tenía mis líos amorosos extramatrimoniales. Siento decirte esto, pequeña… –dijo con cariño, pero yo recibí ese pequeña como el peor de los insultos.– Pero tu madre y yo ya no nos queríamos y…
—Fingíais delante de mí –le corté, sin dejarlo acabar. Ya conocía la historia. Ahora entendía porque Harry y su relato habían aparecido en mi mente repentinamente.
—Sí –susurró, como si eso le quitase la culpa o le limpiase el alma.– El amante de tu madre le propuso irse a vivir con él. Ella se negó, no habría manera de explicártelo y tú eras tan feliz.
—Sí, ¡Vivía feliz una puta mentira! ¡Toda mi vida ha sido una farsa solo porque no tuvisteis el valor necesario para contarme la verdad! ¡Papá, ya estoy mayorcita!  ¿No teníais ni el más mínimo remordimiento al verme sonreír? Pensando en que tenía una familia de verdad, ¡Y lo único que tenía era un montaje de primera! ¡Una farsa!
—______...
—¡______ mierdas! ¡Mamá está muerta! –me llevé las manos a la cabeza, sentía que me explotaría en cualquier instante.– ¿Quién? ¿Quién es el jodido amante de mamá?
—No… no lo sé. Es lo que nuestro detective privado está intentando averiguar. Tu madre me habló de él, pero nunca me dio una cara, una dirección, ni siquiera un nombre. Cuando ella se negó a residir juntos, este pensó lo peor. Creyó que me seguía queriendo, y por eso se negaba a irse.
—Pero eso no tiene sentido. –dije acercándome a la mesa en la que ahora se había sentado mi padre.
—La mente de un criminal nunca tiene sentido. Lo único que tenemos de él, es esto –dejó caer encima de la mesa una especie de tela, me negué a abrirla. –Si no eres mía, no serás de nadie –recitó mi padre, que había descubierto que no la leería. –Por eso te interné. No porque tú pudieras haberle hecho algo, si no por miedo a que ese psicópata pudiese hacértelo a ti.
—Dios mío –susurré – mi vida se está convirtiendo en una película de miedo.
—¿Querías saberlo, no? Ahora ya lo sabes todo. El lunes volverás al internado y seguirás allí los tres meses que quedan. Si meten al asesino entre rejas, bien. Si no, tomaré medidas.
—¿Pero volveré a casa igual?
—Por supuesto. Además, no deberías preocuparte por estos asuntos, al fin y al cabo aun eres la pequeña de la casa –dijo y lo miré con odio – y tengo entendido que en el internado hay un tal Styles, que te espera. –pasó su brazo por mi hombro y  me miró por el rabillo del ojo, sonrió ante mi segura cara de perplejidad.
—Sam –musité llena de odio y rencor falso.
—Las paredes tienen oídos cariño.
—¡Desembucha! ¿Quién te lo ha contado?
—¿Entonces es cierto? ¿Estás saliendo con ese Styles?
—Oh, esto parece un puñetero interrogatorio típico de padre e hija –susurré – No, no salgo con “ese Styles”.

—Entonces no hagas nada de lo que te puedas arrepentir –caminó hacia la puerta con parsimonia y se detuvo para mirarme por última vez – Y ya sabes, siempre con protección –dijo tan tranquilo, para después marcharse soltando una carcajada y dejándome allí, sin decirme cómo sabía de la existencia de Harry. 

·En el próximo capítulo· 

Me revolví bajo las sábanas al notar el aire frío colarse bajo ellas. ¿Era cosa mía o se estaban moviendo? Sentí una mano, suave, recorrerme la zona abdominal y otra mi espalda.
—Louis, como estés intentando despertarme, te llevarás el almohadazo de tu vida. –dije con la voz ronca, por el bruto despertar.
—No soy Louis. –oí una voz femenina y entonces presioné rápidamente el interruptor de la luz.

CAPÍTULO CATORCE: PEQUEÑA.

● _____: 
La canción que estaba escuchando en mi reproductor acabó tan pronto llegamos a la mansión Selley. Lo curioso es que no recordaba que canción era, pues en mi cabeza se repetía mi canción. La canción que Harry acababa de tocarme, o más bien que yo me había auto dedicado. «¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué ter comportas así últimamente?» Mi conciencia no dejaba de hacer preguntas que yo no sabía responder. A la actitud de las duchas le había echado la culpa del sueño, pero hace un par de horas estaba completamente despierta y derritiéndome detrás de una puerta de madera al oír como Harry tocaba el piano. ¿Me gustaba Harry? No, de eso estaba segura. Que no sea capaz de encontrar respuesta a…
—Señorita Selley… –la voz de mi mayordomo me sacó de las nubes– Su habitación vuelve a estar lista, puede subir cuando quiera. –me indicó.  Asentí y, tan pronto volví a poner un pié en el lugar, me tiré en la cama. Ya se me habían olvidado lo que eran los lujos, y me había acostumbrado al pequeño espacio de la habitación que compartía con Sam, tanto que ahora me sentía extraña en mi propia habitación.  Eso no me impidió corroborar si todo seguía exactamente igual como lo había dejado antes de irme. En cuanto entré en mi baño no pude evitar llenar la bañera y despojarme de toda mi ropa, para acabar sumergiéndome en la espuma. Froté y limpié mi cuerpo con la esponja repetidas veces, intentando que todo rastro de Harry que aún hubiese en mí desapareciera, para que con él desapareciesen también todos mis problemas. En vano. Lo único que necesitaba era poder responder a las preguntas que mi cabeza no dejaba de formular. Suspiré y observé la luz que emitía mi móvil. La señal de alarma me indicaba que debía salir ya. Con una toalla alrededor del cuerpo me planté ante mi armario. ¡Cuánto había echado de menos toda mi ropa! Aquel asqueroso uniforme era el mismo todos los días, estaba más que aburrida de él, por no decir las ganas de vomitarle encima que me entraban nada más verlo por las mañanas.
Después de revisar, con una sonrisa en la cara, toda mi ropa unas tres veces, busqué mi lencería de color negro, al fin y al cabo, estaba de luto. No dejé que los recuerdos volviesen a borrar la sonrisa de mi cara. Con una vez había bastado.
Así acabaron llegando los problemas con Styles.
 Negué con la cabeza y me enfundé un vestido de tirantes con falda de gasa  negro. El que cualquier adolescente normal aprovecharía para acompañar con unos taconazos de infarto. ¿El problema? Yo no era normal. Dentro de mi adorado armario de zapatos me esperaban mis Martens, negros también.
A mi padre le daría un paro cardíaco, como otras tantas veces cuando salía. Podría acostumbrarse, tenía a su pequeña en casa.
Un colgante en forma de cruz adornaba mi cuello y un par de pulseras con detalles dorados, mis muñecas. Me tomé la libertad de colocar en mi dedo anular el anillo de diamantes de mi madre. Mi  sonrisa se intensificó a medida que bajaba las escaleras. Por un momento me sentí como si todo volviese a ser como antes, sin conocer a Styles, ni a Sam, ni a Mía ni a nadie de ese internado.
>FLASHBACK<
—Tienes cinco segundos para vestirte adecuadamente, o no saldrás de casa. –aseguró mi padre, señalándome con el dedo índice.
—No seas así George…   –sonreía mi madre, recostada en el diván. – Está preciosa –añadió mirándome.
—Vas a dejar que salga a hacer sabe Dios qué, con sabe Dios qué compañías, y aún por encima, ¿así vestida?
—Te preocupas demasiado,  papá –añadí, con ganas de irme ya. – Volveré pronto –dije dándole un beso a ambos.
—¡A las doce en casa! –dijo serio mi padre, cosa que yo iba a tomar a broma.
—Por supuesto –reí tan pronto puse un pié fuera de casa.
—Solo te falta el collar de púas de perro. –añadió en cuanto me vio.
—¿Sabes? Yo también te eché mucho de menos, papá. –me fijé en que no estaba solo, bastantes de sus socios de empresa estaban ya allí para darle el pésame o simplemente para intentar ganarse un ascenso por amabilidad. –Tenemos que hablar –tiré de su brazo hasta su despacho, sin darle oportunidad a rechistar.
—Si es sobre el internado…
—No, no tiene nada que ver. Es sobre mamá. –tan pronto lo dije, intuí que él ya sabía mi pregunta, aun así seguí adelante – Quiero…  –empecé  a decir, pero rectifiqué – Exijo que me digas como murió.
—Creo que no estás en derecho de exigir nada.
—Me la trae–me di cuenta de que estaba a punto de utilizar una de las expresiones de Sam, y volví a rectificar –me da igual lo que creas, es mi derecho. Porque no hay nada que ocultar, ¿o sí?
—No, no lo hay –dijo intentando aparentar estar serio, pero a mí no podía engañarme.
—Quiero saber el motivo, mamá no estaba enferma. Una persona no muere así por así de un día para otro.
>FLASHBACK<
—Cuando yo tenía siete años, las cosas empezaron a ir mal en mi familia, el contacto entre mis padres iba disminuyendo y solo lo disimulaban cuando yo y mi hermana estábamos cerca. Y aunque yo era muy pequeño, me di cuenta de lo que estaba pasando. Cuando ya no aguanté más, pregunté a mis padres por qué hacían eso, en una de nuestras cenas familiares. Y a partir de ahí, no se molestaron en disimular. Meses después se divorciaron, mi padre se fue de casa sin despedirse de mí ni de mi hermana, y no he vuelto a saber de él. Mi madre volvió a casarse, pero no con el indicado. Él era tan… cariñoso, por así decirlo, que llegó a obsesionarse con ella. Tanto que la separó de nosotros. Mi hermana ya casi acababa bachillerato, por lo que no tardó en marcharse a estudiar. A mí no me quedó más remedio que aislarme de todo, no volví a recibir cariño por parte de mi madre. Pero los celos de mi padrastro seguían creciendo hasta que llegó a pensar que yo era una amenaza entre mi madre y él.
Recordé palabra por palabra la historia de Harry. ¿Por qué ahora? Negué con la cabeza, ya bastantes problemas tenía con él.

—_______, tu madre fue asesinada, como creo que has podido intuir tú sola. –dijo y me paralicé.

·En el próximo capítulo· 

—¿Querías saberlo, no? Ahora ya lo sabes todo. El lunes volverás al internado y seguirás allí los tres meses que quedan. Si meten al asesino entre rejas, bien. Si no, tomaré medidas.
—¿Pero volveré a casa igual?
—Por supuesto. Además… no deberías preocuparte por estos asuntos, al fin y al cabo aun eres la pequeña de la casa –dijo y lo miré con odio – y tengo entendido que en el internado hay un tal Styles, que te espera. 

CAPÍTULO TRECE: SELLEY SE HA IDO.

 Escucha mientras lees. (Avanza la canción hasta el 2:00')  ->       

● _____: 
Salí de mi habitación con la pequeña bolsa de mano en la que llevaba las cosas para este fin de semana. Seguí a mi padre hasta la entrada del internado, me sentía como si estuviese huyendo. 
—Espera, papá –dije cuando llegamos.
 
—¿Qué pasa ahora? –dijo rodando los ojos.
—Tengo que ir al baño.
—  –me miró sarcástico– Ya irás al llegar a casa.
 
—Son cosas de chicas, ¡no lo entenderías! –exclamé dando por finalizada la conversación y echando a correr hacia dentro. Corrí todo lo que pude, en verdad me pasaba la vida corriendo de un lado para otro, a este paso, perdería tres tallas.
 
Suspiré al llegar al pasillo que daba al salón de actos. ¿Estaba decidida a arreglarlo? Caminé segura hasta la puerta y alcancé la cerradura, pero no la abrí. Me detuve al oírlo, Sam tenía razón en absolutamente todo lo que me dijo, tocaba como los ángeles.
Él había sido el primer tío que me había tocado una canción en un piano, el que, incondicionalmente se había preocupado en escucharme, y aunque no me gustasen para nada los tíos como él, no debí haber huido. Quizás, si hubiese pensado en lo que él quería enseñarme, en vez de encerrarme en mí y mis problemas... Después de saber que él no deja a nadie escucharle tocar, ¿Por qué a mí me ha dedicado una canción? 
—¿Por qué, Harry? –susurré mientras me deleitaba con el poco sonido que salía de detrás de aquellas paredes. Sin derecho, me auto dediqué esta canción. Lentamente e intentando escuchar más de aquella preciosa canción que él "me" tocaba, me alejé por el pasillo.
 
—¿Resolviste tu problema "femenino"? –preguntó mi padre cuando volví al coche utilizando su tono sarcástico.
 
Vete a la mierda –susurré y entré delante de él a los asientos de aquella limusina. 
Había decidido irme sin decirle nada a Harry, sin resolver nuestro pequeño problema de las duchas, o el hecho de que yo le dejara plantado cuando él decidió tocarme una canción. Sí, simplemente, huía.

● Harry:
Sentí unos pasos en el pasillo, alguien corría cerca, aun así no dejé de tocar aquella canción que tanto me gustaba. No obstante, puse atención a lo que se oía en él. Me pareció oír mi nombre, pero no le di importancia hasta que terminé de tocar aquella pieza de Ludovico. Dado que mañana era fin de semana, no teníamos ensayo hasta lunes.
—Menudo aburrimiento de fin de semana me espera –acabé por susurrar al salir del salón de actos. Oí sollozar a alguien y rápidamente adiviné de quién se trataba. Sam entraba por la puerta maldiciendo en alto mientras soltaba alguna que otra lágrima. – ¿Qué te pasa? –pregunté acercándome a ella. Podría parecer extraño, pero aparte de Mía, que era un caso distinto, a pesar de que me había acostado con Sam, seguíamos llevándonos igual de bien que el primer día. ¿Pasaría lo mismo si algún día consiguiese hacerlo con _____? Negué con la cabeza y me acerqué a la morena, pasándole un brazo por el hombro y dirigiéndonos a un banco.
—Selley se ha ido. Y la muy puta no se ha despedido de mí. –soltó.
—¿____ se ha ido? –pregunté, para cerciorarme de que había oído bien. Era imposible que se fuese tan pronto. ¿No iba a estar aquí tres meses?
—Sí, pero tranquilo, no te pongas mustio, que aún puedes tirártela. Vuelve el lunes. Por lo que me he enterado, se ha ido al velorio de su madre.
—¿Por qué crees que me pondría “mustio” –imité su expresión– si no volviera? ¿Crees que estaba pensando en tirármela? –pregunté aun sorprendido por la facilidad que tenía la morena de leer las mentes ajenas.
—Vamos Styles, tú siempre piensas en sexo.
—¿Cómo puedes pensar eso de mí? –fingí asombro.
—¿De verdad tengo que explicártelo todo? –preguntó rodando los ojos, más para ella que para mí– Seamos realistas, desde que llegó Selley, ya ni Mía te llena. ¿Por qué? Porque ella es una puta cualquiera y ____...  _____ es difícil. Es una gran tentación si tenemos en cuenta que está “prohibida”. ¿Qué pasa, Styles perdió todos sus dotes de seducción? –sonrió de lado, pero no era una pregunta directa, no me dejaría responder– El problema, querido amigo mío, es que tienes miedo. Y yo sé por qué. Tienes miedo a tener sexo con ella, como si fuese otra cualquiera y después no poder volver a hablarle como antes, tienes miedo a perderla. –enfatizó la última palabra, sonriéndome pícaramente.
—Estás como una puta cabra –añadí con los ojos entrecerrados y negando con la cabeza.– No sabes lo que dices, no puedo perder algo que nunca fue mío –susurré – ni que tampoco quiero.
—Entonces, supongo que no te importará que le consiga a Erik Evans una cita –dijo entrecomillando con los dedos la última palabra y mirándome con sorna, tanto que hasta se parecía a mí– con ella.
—Haz eso y te raseo entera. –amenacé. Ya sabía de sobra como eran las “citas” de Sam, y jamás en mi sano juicio dejaría que ese gilipollas se acercase a Selley.
—¡Ves! ¡Siempre tengo razón!
—Que quiera ser el primero en llevármela a la cama, como hago con todas, no significa que tenga miedo a perderla. –dije acomodándome en aquel banco de la entrada.
—Eres el ser más idiota del mundo, no sé cómo pude acostarme contigo. –se llevó las manos a la cabeza y yo volví a pasarle un brazo sobre los hombros.
—¿Sabes por qué lo hiciste? ¿Quieres que te lo diga? –pregunté, pero no le dejaría responder – Lo hiciste porque Harry Styles aún no perdió sus dotes –rematé y me dispuse a irme, tan pronto como di un paso sentí su mirada a mis espaldas – Y tan buenos dotes tengo, que sigues mirándome el culo cada vez que paso por delante –solté una carcajada egocéntrica. Lo mejor de Sam es que ella no se molestaba, como _______, ella te devolvía el golpe.
—El Harry con el que yo me acosté era lo suficientemente inteligente como para doblegar a una chica como _______ y hacer que comiese de su mano. –dicho esto me di la vuelta y me la topé recostada sobre el banco. Entonces me acerqué y di la vuelta al asiendo, situándome detrás de ella y aproximándome a su oído.

—El problema, mi querida Sam, es que ninguna chica es como _______.  

·En el próximo capítulo· 
—Solo te falta el collar de púas de perro…  –añadió en cuanto me vio.
—¿Sabes? Yo también te eché mucho de menos, papá. –me fijé en que no estaba solo, bastantes de sus socios de empresa estaban ya allí para darle el pésame… o simplemente para intentar ganarse un ascenso por amabilidad. –Tenemos que hablar –tiré de su brazo hasta su despacho, sin darle oportunidad a rechistar.
—Si es sobre el internado…
—No, no tiene nada que ver. Es sobre mamá. –tan pronto lo dije, intuí que él ya sabía mi pregunta, aun así seguí adelante – Quiero…  –empecé  a decir, pero rectifiqué – Exijo que me digas como murió. 

CAPÍTULO DOCE: PERDÓNAME POR ESTO.

● Harry: 
—¿Otra vez tú? –preguntó rodando los ojos.
—Sí, y no te irás de aquí hasta que me digas por qué te has ido ayer.
—No tengo porque decirte nada. Simplemente haz como que no existo.
—¿Pero qué te pasa ahora? Eres como yo, pero en femenino, y sin estar tan bien dotado –susurré lo último.
—Engreído –musitó y se soltó de mi agarre, dispuesta a irse, pero en el último momento se dio la vuelta– Yo he intentado disculparme, fuiste tú el que si no demostraba ser el centro de atención no quedaba contento. Pero déjame decirte una cosa, Styles, yo me he comportado como una idiota por haberte dejado allí, en vez de afrontarlo todo,  pero tú la has cagado bien, tú y tu maldito trato especial la habéis cagado. –remató y siguió caminando.
—Tal vez no merezca tus disculpas. Pero simplemente necesito una explicación para saber que no me he equivocado contigo –susurré.
                                                                             
● _____:

Un sonoro pitido me sacudió la cabeza. Saqué una mano de debajo de las mantas y alcancé mi IPhone. Aun con los ojos cerrados intenté apagarla lo más rápido posible, solo eran las seis de la mañana y Sam no tenía por qué levantarse a estas horas. Me levanté silenciosamente y recogí las cosas que había dejado preparadas el día anterior. Tan pronto salí de la habitación hice memoria intentando adivinar dónde se encontraban las duchas. Sam me había llevado en anteriores ocasiones, pero ahora no contaba con su ayuda. La persona que me viese pensaría que estaba loca. Yo, la nueva, recorriendo los pasillos en busca de las duchas a las seis de la mañana, todo para poder despejar. No había podido dormir en toda la noche.
«Tal vez no merezca tus disculpas. Pero simplemente necesito una explicación para saber que no me he equivocado contigo».
Lo que seguramente Harry había susurrado para él  yo había logrado oírlo, por desgracia. Esa frase había rondado mi cabeza toda la noche, sin dejarme dormir, sin dejar de sentirme culpable. ¿Por qué? Si él había sido el que me había mandado largarme cuando intenté disculparme. «Quizás soy demasiado buena»  Esa era una opción. Suspiré, por lo menos tenía una hora en la que las duchas serían completamente para mí sola, donde podría pensar.
Tiré de la camiseta que me cubría el cuerpo hacia abajo. Andar en bragas por los pasillos no era muy normal, todo hay que admitirlo. Sujeté bien mis cosas y me adentré por los pasillos de las duchas, me auto recordé: Derechas las femeninas, izquierdas las masculinas. Me lo repetí un par de veces, sabiendo cómo era, seguro que me confundía. Sonreí y levanté la vista. Al hacerlo, la sonrisa se borró completamente al descubrir quién estaba delante de mí.
Esta es una de esas veces en las que deseas estar sola y siempre hay alguien. Pero esta vez, y para más inri, me topé con la persona con la que menos deseaba hacerlo.
Dado que no estaba dispuesta a iniciar conversación, no con él después de lo de ayer y ya que venía a intentar olvidarlo, intenté quitar la vista de sus ojos. De momento, lo taché de imposible. Mentalicé todo lo que estaba pasando.
Primero; ante mí tenía a Harry Styles, mojado, y solo una mísera toalla cubría sus dotes.
Segundo; me había recorrido unas tres veces con la mirada, y conociéndome, mi cara ahora mismo debía ser un jodido tomate.
Tercero; mi corazón tenía un problema, y mi cabeza otro.
Cuarto; no quería saber qué era y/o significaba lo que ahora mismo estaba pasando dentro de mí. 

(**A partir de aquí, estaría muy bien que leyeseis con esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=q9ayN39xmsI**)

—Selley. –oírlo susurrar mi apellido hizo que mis ojos se cerraran y se abrieran lentamente. ¿¡Qué mierda me estaba pasando!? Esto no era posible, debía ser por los efectos del sueño. ¡Claro! ¡Era eso! Aún estaba medio dormida y lo que sentía era sueño...¿verdad?
—Styles. –dije firme. ¿Por qué? Yo no quería decir nada. Hormonas controlaos, por favor.
—¿Qué haces aquí, –prosiguió, a pesar del tono borde que yo utilizaba sin querer– a las seis de la mañana –disminuyó el tono, hasta casi susurrar– en bragas?
—Lo mismo que tú aquí en completas pelotas. –añadí. ¿Qué mier...? Dejé de reprimirme mentalmente, era inevitable –y no sabía por qué– que al hablar con Styles, no me saliese un tono borde. Al fin y al cabo, y como le había dicho, tenía todo lo que detestaba en un hombre.
«¿Si es así, porque tu estómago está más revolucionado que una estampida de rinocerontes y no puedes dejar de mirarlo? »
Esa pregunta de mi consciencia me dejó peor de lo que estaba. Lo único que me hizo despertar del trance en el que parecía estar fue la mano de Harry cogiendo la mía y tirando hacia dentro de las duchas masculinas.
Sabía de antemano que acabaría aquí dentro, pero no de este modo.
En un abrir y cerrar de ojos me impulsó sobre sus caderas, contra la pared. Justo como había hecho aquella vez al finalizar la clase de lengua. Esta vez mis piernas no tardaron en reaccionar y se enroscaron alrededor de sus caderas.
Nota mental: Jamás vuelvas a hablar con Harry Styles justo después de despertarte y sin presencia de alguien que pueda evitar que hagas alguna locura.
En ese momento atrapó mis labios y mis manos jugaron con sus rizos todo lo que quisieron. Si quedaba algo de separación entre nuestros cuerpos él se encargó de acortarla, provocando que de entre mis labios se escapase un pequeño gemido. Sus manos avanzaban veloces por mis muslos, colándose por debajo de mi camiseta y tocando todo lo que encontraban. Se detuvo en el borde de ésta y con un movimiento ágil me libró de ella dejándola caer al suelo, junto con el resto de mis cosas. Noté, como por la presión que ejercían mis piernas, poco a poco la toalla que lo cubría se iba deslizando. Me mordió el lóbulo y bajó hasta el cuello. Entonces abrí los ojos al sentir su erección entre mis piernas. Allí estaba, sobre él, abrazándolo, sintiendo sus besos en mi cuello, acercándolo más a mí, haciendo todo lo que me prometí no hacer. Mi ropa interior no tardó mucho en caer y yo ni siquiera me había dado de cuenta. Besó mis pechos mientras sus manos me sujetaban ahora el trasero. Su toalla estaba a punto de deslizarse completamente.
No, joder, sabiendo a lo que me exponía no. ¿Ser otra más de las tías de Styles? No quería eso. No quería ser una “Mía” más. Ni quería no poder mirarlo a la cara después de esto, sabiendo que me encontraría una mirada de arrogancia. No podría soportar una mirada de desprecio ni de superioridad por su parte.
 «Entrégate solo a aquellos a los que quieras de verdad»
Cuando en mi mente apareció uno de los tantos consejos que mi madre me había enseñado, entendí que no quería implicarme lo suficiente para sentir nada por él.
Descubrí que mis ojos se llenaban de lágrimas cuando dejé de ver con claridad.
—Perdóname por esto, Harry –tuve intención de pensar, pero para mí pesar susurré, y él estaba lo suficientemente cerca de mí como para que fuese imposible que no lo oyese. Difícilmente lo separé de mi cuello y sin saber el motivo dejé que me diese un último beso en los labios, disfrutando a cada momento de él, porque me prometí que sería el último que recibiría por su parte. Me dejé caer de sus brazos y antes de que pudiese rechistar o hacer algo para impedirlo cogí mis cosas y me largué de allí. Me enfundé  mi camiseta rápidamente y corrí hacia mi habitación, para meterme debajo de las sábanas tan pronto entré. Con lágrimas en los ojos me cubrí hasta la cabeza. Miles de preguntas usurparon mi mente.  «¿Por qué llegar tan lejos? » Me reprimí. Y para mi pesar, sabía la respuesta.


[...]


—_______ –oí de lejos. Sentí como me zarandeaban, mataría al que estuviese intentando despertarme– ¡______!
—¿¡Qué!? –exclamé abriendo los ojos y destapándome de golpe. Aunque volví a acurrucarme al ver que era Sam.
—Tía, ya te has saltado dos clases... Si sigues así los profesores vendrán a buscarte.
—Me la trae grande. –utilicé una de las expresiones de la chica y por eso sonrió.
—Cada día te pareces más a mí –rió.
—¡No, por favor! –fingí y entonces soltó una carcajada, que cortó al verme los ojos.
—¿Dónde te has metido? Por el amor a los... –se auto reprimió ella misma.
—¿Por qué? ¿Demasiadas ojeras?
—No tienes ojeras, simplemente tienes la cara llena de lágrimas y los ojos más rojos que la cara de Harry al verte.
—¡Vete a la mierda! –exclamé y volví a cubrirme completamente. El estruendoso sonido de la campana no le dejó contestar nada.
—Yo tengo que irme. Recuerda que me tienes que contar algo –canturreó lo último antes de que yo escuchase la puerta cerrarse.
Para mi desgracia, las dudas volvieron a invadir mi mente. La imagen de mi primer día aquí surcó mi por ella, justo cuando Styles me besó a la fuerza y yo le había dado el guantazo de su vida. Y horas atrás, estaba muriendo por un beso suyo. ¿Qué había cambiado?
—Desearía no recordar la primera vez que nos besamos. –admití.
Y, en mi situación, todo el mundo pensaría que yo estoy enamo...
No voy ni a pensarlo.
Porque no es verdad.
Lo que siento no es amor.
Lo sé.
Estoy completamente segura.
En un intento de despejar mi mente, recorrí la agenda de mi teléfono hasta dar con el número de mi padre, al que llamé de inmediato. A pesar de que llevaba poco tiempo en este instituto, y ya tenía problemas en los que pensar, mi madre seguía muerta y lo quisiese o no, papá tendrá que volver a verme.
—¿_____? –oí al otro lado, al descolgar.
—La misma.
—¿Qué pasa? ¿Algún problema?
—¿Algún problema? –repetí su pregunta, más como afirmación– ¡Qué problema va a haber papá! –exclamé con ironía– ¡Mamá sólo está muerta, nada más! –rematé con ironía y volví a ponerme seria– ¿Cuándo es el velorio? Recuerda que quiero estar presente.
—Cierto, me había olvidado de que... –se cortó, pero yo ya sabía que es lo que quería pronunciar. Se había olvidado de mí. – El velorio es mañana por la tarde –no me dejó decir nada más– Estaré ahí mañana por la mañana.
—De acuerdo, papá.
No le permití decir nada más y colgué el teléfono. Mañana me iba de aquí.

·En el próximo capítulo· 
—Selley se ha ido. Y la muy puta no se ha despedido de mí. –soltó. 
—¿____ se ha ido? –pregunté, para cerciorarme de que había oído bien. Era imposible que se fuese tan pronto. ¿No iba a estar aquí tres meses? 
—Sí, pero tranquilo, no te pongas mustio, que aún puedes tirártela. Vuelve el lunes. Por lo que me he enterado, se ha ido al velorio de su madre.
—¿Por qué crees que me pondría “mustio” –imité su expresión– si no volviera? ¿Crees que estaba pensando en tirármela? –pregunté aun sorprendido por la facilidad que tenía la morena de leer las mentes ajenas.