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● _____:
Salí de mi
habitación con la pequeña bolsa de mano en la que llevaba las cosas para este
fin de semana. Seguí a mi padre hasta la entrada del internado, me sentía como
si estuviese huyendo.
—Espera, papá –dije cuando llegamos.
—¿Qué pasa ahora? –dijo rodando los ojos.
—Tengo que ir al baño.
— –me miró sarcástico– Ya irás al llegar a casa.
—Son cosas de chicas, ¡no lo entenderías! –exclamé dando por finalizada la conversación y echando a correr hacia dentro. Corrí todo lo que pude, en verdad me pasaba la vida corriendo de un lado para otro, a este paso, perdería tres tallas.
Suspiré al llegar al pasillo que daba al salón de actos. ¿Estaba decidida a arreglarlo? Caminé segura hasta la puerta y alcancé la cerradura, pero no la abrí. Me detuve al oírlo, Sam tenía razón en absolutamente todo lo que me dijo, tocaba como los ángeles. Él había sido el primer tío que me había tocado una canción en un piano, el que, incondicionalmente se había preocupado en escucharme, y aunque no me gustasen para nada los tíos como él, no debí haber huido. Quizás, si hubiese pensado en lo que él quería enseñarme, en vez de encerrarme en mí y mis problemas... Después de saber que él no deja a nadie escucharle tocar, ¿Por qué a mí me ha dedicado una canción?
—¿Por qué, Harry? –susurré mientras me deleitaba con el poco sonido que salía de detrás de aquellas paredes. Sin derecho, me auto dediqué esta canción. Lentamente e intentando escuchar más de aquella preciosa canción que él "me" tocaba, me alejé por el pasillo.
—¿Resolviste tu problema "femenino"? –preguntó mi padre cuando volví al coche utilizando su tono sarcástico.
— Vete a la mierda –susurré y entré delante de él a los asientos de aquella limusina.
—Espera, papá –dije cuando llegamos.
—¿Qué pasa ahora? –dijo rodando los ojos.
—Tengo que ir al baño.
— –me miró sarcástico– Ya irás al llegar a casa.
—Son cosas de chicas, ¡no lo entenderías! –exclamé dando por finalizada la conversación y echando a correr hacia dentro. Corrí todo lo que pude, en verdad me pasaba la vida corriendo de un lado para otro, a este paso, perdería tres tallas.
Suspiré al llegar al pasillo que daba al salón de actos. ¿Estaba decidida a arreglarlo? Caminé segura hasta la puerta y alcancé la cerradura, pero no la abrí. Me detuve al oírlo, Sam tenía razón en absolutamente todo lo que me dijo, tocaba como los ángeles. Él había sido el primer tío que me había tocado una canción en un piano, el que, incondicionalmente se había preocupado en escucharme, y aunque no me gustasen para nada los tíos como él, no debí haber huido. Quizás, si hubiese pensado en lo que él quería enseñarme, en vez de encerrarme en mí y mis problemas... Después de saber que él no deja a nadie escucharle tocar, ¿Por qué a mí me ha dedicado una canción?
—¿Por qué, Harry? –susurré mientras me deleitaba con el poco sonido que salía de detrás de aquellas paredes. Sin derecho, me auto dediqué esta canción. Lentamente e intentando escuchar más de aquella preciosa canción que él "me" tocaba, me alejé por el pasillo.
—¿Resolviste tu problema "femenino"? –preguntó mi padre cuando volví al coche utilizando su tono sarcástico.
— Vete a la mierda –susurré y entré delante de él a los asientos de aquella limusina.
Había
decidido irme sin decirle nada a Harry, sin resolver nuestro pequeño problema
de las duchas, o el hecho de que yo le dejara plantado cuando él decidió
tocarme una canción. Sí, simplemente, huía.
● Harry:
Sentí unos
pasos en el pasillo, alguien corría cerca, aun así no dejé de tocar aquella
canción que tanto me gustaba. No obstante, puse atención a lo que se oía en él.
Me pareció oír mi nombre, pero no le di importancia hasta que terminé de tocar
aquella pieza de Ludovico. Dado que mañana era fin de semana, no teníamos
ensayo hasta lunes.
—Menudo
aburrimiento de fin de semana me espera –acabé por susurrar al salir del salón
de actos. Oí sollozar a alguien y rápidamente adiviné de quién se trataba. Sam
entraba por la puerta maldiciendo en alto mientras soltaba alguna que otra
lágrima. – ¿Qué te pasa? –pregunté acercándome a ella. Podría parecer extraño,
pero aparte de Mía, que era un caso distinto, a pesar de que me había acostado
con Sam, seguíamos llevándonos igual de bien que el primer día. ¿Pasaría lo
mismo si algún día consiguiese hacerlo con _____? Negué con la cabeza y me
acerqué a la morena, pasándole un brazo por el hombro y dirigiéndonos a un
banco.
—Selley se
ha ido. Y la muy puta no se ha despedido de mí. –soltó.
—¿____ se
ha ido? –pregunté, para cerciorarme de que había oído bien. Era imposible que
se fuese tan pronto. ¿No iba a estar aquí tres meses?
—Sí, pero
tranquilo, no te pongas mustio, que aún puedes tirártela. Vuelve el lunes. Por
lo que me he enterado, se ha ido al velorio de su madre.
—¿Por qué
crees que me pondría “mustio” –imité su expresión– si no volviera? ¿Crees que
estaba pensando en tirármela? –pregunté aun sorprendido por la facilidad que
tenía la morena de leer las mentes ajenas.
—Vamos
Styles, tú siempre piensas en sexo.
—¿Cómo
puedes pensar eso de mí? –fingí asombro.
—¿De verdad
tengo que explicártelo todo? –preguntó rodando los ojos, más para ella que para
mí– Seamos realistas, desde que llegó Selley, ya ni Mía te llena. ¿Por qué?
Porque ella es una puta cualquiera y ____...
_____ es difícil. Es una gran tentación si tenemos en cuenta que está
“prohibida”. ¿Qué pasa, Styles perdió todos sus dotes de seducción? –sonrió de
lado, pero no era una pregunta directa, no me dejaría responder– El problema,
querido amigo mío, es que tienes miedo. Y yo sé por qué. Tienes miedo a tener
sexo con ella, como si fuese otra cualquiera y después no poder volver a
hablarle como antes, tienes miedo a perderla. –enfatizó la última palabra,
sonriéndome pícaramente.
—Estás como
una puta cabra –añadí con los ojos entrecerrados y negando con la cabeza.– No
sabes lo que dices, no puedo perder algo que nunca fue mío –susurré – ni que
tampoco quiero.
—Entonces,
supongo que no te importará que le consiga a Erik Evans una cita –dijo
entrecomillando con los dedos la última palabra y mirándome con sorna, tanto
que hasta se parecía a mí– con ella.
—Haz eso y
te raseo entera. –amenacé. Ya sabía de sobra como eran las “citas” de Sam, y
jamás en mi sano juicio dejaría que ese gilipollas se acercase a Selley.
—¡Ves!
¡Siempre tengo razón!
—Que quiera
ser el primero en llevármela a la cama, como hago con todas, no significa que
tenga miedo a perderla. –dije acomodándome en aquel banco de la entrada.
—Eres el
ser más idiota del mundo, no sé cómo pude acostarme contigo. –se llevó las
manos a la cabeza y yo volví a pasarle un brazo sobre los hombros.
—¿Sabes por
qué lo hiciste? ¿Quieres que te lo diga? –pregunté, pero no le dejaría
responder – Lo hiciste porque Harry Styles aún no perdió sus dotes –rematé y me
dispuse a irme, tan pronto como di un paso sentí su mirada a mis espaldas – Y
tan buenos dotes tengo, que sigues mirándome el culo cada vez que paso por
delante –solté una carcajada egocéntrica. Lo mejor de Sam es que ella no se
molestaba, como _______, ella te devolvía el golpe.
—El Harry
con el que yo me acosté era lo suficientemente inteligente como para doblegar a
una chica como _______ y hacer que comiese de su mano. –dicho esto me di la
vuelta y me la topé recostada sobre el banco. Entonces me acerqué y di la
vuelta al asiendo, situándome detrás de ella y aproximándome a su oído.
—El
problema, mi querida Sam, es que ninguna chica es como _______.
·En el próximo capítulo·
—Solo te
falta el collar de púas de perro…
–añadió en cuanto me vio.
—¿Sabes? Yo
también te eché mucho de menos, papá. –me fijé en que no estaba solo, bastantes
de sus socios de empresa estaban ya allí para darle el pésame… o simplemente
para intentar ganarse un ascenso por amabilidad. –Tenemos que hablar –tiré de
su brazo hasta su despacho, sin darle oportunidad a rechistar.
—Si es
sobre el internado…
—No, no
tiene nada que ver. Es sobre mamá. –tan pronto lo dije, intuí que él ya sabía
mi pregunta, aun así seguí adelante – Quiero…
–empecé a decir, pero rectifiqué
– Exijo que me digas como murió.
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