martes, 16 de abril de 2013

CAPÍTULO DOCE: PERDÓNAME POR ESTO.

● Harry: 
—¿Otra vez tú? –preguntó rodando los ojos.
—Sí, y no te irás de aquí hasta que me digas por qué te has ido ayer.
—No tengo porque decirte nada. Simplemente haz como que no existo.
—¿Pero qué te pasa ahora? Eres como yo, pero en femenino, y sin estar tan bien dotado –susurré lo último.
—Engreído –musitó y se soltó de mi agarre, dispuesta a irse, pero en el último momento se dio la vuelta– Yo he intentado disculparme, fuiste tú el que si no demostraba ser el centro de atención no quedaba contento. Pero déjame decirte una cosa, Styles, yo me he comportado como una idiota por haberte dejado allí, en vez de afrontarlo todo,  pero tú la has cagado bien, tú y tu maldito trato especial la habéis cagado. –remató y siguió caminando.
—Tal vez no merezca tus disculpas. Pero simplemente necesito una explicación para saber que no me he equivocado contigo –susurré.
                                                                             
● _____:

Un sonoro pitido me sacudió la cabeza. Saqué una mano de debajo de las mantas y alcancé mi IPhone. Aun con los ojos cerrados intenté apagarla lo más rápido posible, solo eran las seis de la mañana y Sam no tenía por qué levantarse a estas horas. Me levanté silenciosamente y recogí las cosas que había dejado preparadas el día anterior. Tan pronto salí de la habitación hice memoria intentando adivinar dónde se encontraban las duchas. Sam me había llevado en anteriores ocasiones, pero ahora no contaba con su ayuda. La persona que me viese pensaría que estaba loca. Yo, la nueva, recorriendo los pasillos en busca de las duchas a las seis de la mañana, todo para poder despejar. No había podido dormir en toda la noche.
«Tal vez no merezca tus disculpas. Pero simplemente necesito una explicación para saber que no me he equivocado contigo».
Lo que seguramente Harry había susurrado para él  yo había logrado oírlo, por desgracia. Esa frase había rondado mi cabeza toda la noche, sin dejarme dormir, sin dejar de sentirme culpable. ¿Por qué? Si él había sido el que me había mandado largarme cuando intenté disculparme. «Quizás soy demasiado buena»  Esa era una opción. Suspiré, por lo menos tenía una hora en la que las duchas serían completamente para mí sola, donde podría pensar.
Tiré de la camiseta que me cubría el cuerpo hacia abajo. Andar en bragas por los pasillos no era muy normal, todo hay que admitirlo. Sujeté bien mis cosas y me adentré por los pasillos de las duchas, me auto recordé: Derechas las femeninas, izquierdas las masculinas. Me lo repetí un par de veces, sabiendo cómo era, seguro que me confundía. Sonreí y levanté la vista. Al hacerlo, la sonrisa se borró completamente al descubrir quién estaba delante de mí.
Esta es una de esas veces en las que deseas estar sola y siempre hay alguien. Pero esta vez, y para más inri, me topé con la persona con la que menos deseaba hacerlo.
Dado que no estaba dispuesta a iniciar conversación, no con él después de lo de ayer y ya que venía a intentar olvidarlo, intenté quitar la vista de sus ojos. De momento, lo taché de imposible. Mentalicé todo lo que estaba pasando.
Primero; ante mí tenía a Harry Styles, mojado, y solo una mísera toalla cubría sus dotes.
Segundo; me había recorrido unas tres veces con la mirada, y conociéndome, mi cara ahora mismo debía ser un jodido tomate.
Tercero; mi corazón tenía un problema, y mi cabeza otro.
Cuarto; no quería saber qué era y/o significaba lo que ahora mismo estaba pasando dentro de mí. 

(**A partir de aquí, estaría muy bien que leyeseis con esta canción: https://www.youtube.com/watch?v=q9ayN39xmsI**)

—Selley. –oírlo susurrar mi apellido hizo que mis ojos se cerraran y se abrieran lentamente. ¿¡Qué mierda me estaba pasando!? Esto no era posible, debía ser por los efectos del sueño. ¡Claro! ¡Era eso! Aún estaba medio dormida y lo que sentía era sueño...¿verdad?
—Styles. –dije firme. ¿Por qué? Yo no quería decir nada. Hormonas controlaos, por favor.
—¿Qué haces aquí, –prosiguió, a pesar del tono borde que yo utilizaba sin querer– a las seis de la mañana –disminuyó el tono, hasta casi susurrar– en bragas?
—Lo mismo que tú aquí en completas pelotas. –añadí. ¿Qué mier...? Dejé de reprimirme mentalmente, era inevitable –y no sabía por qué– que al hablar con Styles, no me saliese un tono borde. Al fin y al cabo, y como le había dicho, tenía todo lo que detestaba en un hombre.
«¿Si es así, porque tu estómago está más revolucionado que una estampida de rinocerontes y no puedes dejar de mirarlo? »
Esa pregunta de mi consciencia me dejó peor de lo que estaba. Lo único que me hizo despertar del trance en el que parecía estar fue la mano de Harry cogiendo la mía y tirando hacia dentro de las duchas masculinas.
Sabía de antemano que acabaría aquí dentro, pero no de este modo.
En un abrir y cerrar de ojos me impulsó sobre sus caderas, contra la pared. Justo como había hecho aquella vez al finalizar la clase de lengua. Esta vez mis piernas no tardaron en reaccionar y se enroscaron alrededor de sus caderas.
Nota mental: Jamás vuelvas a hablar con Harry Styles justo después de despertarte y sin presencia de alguien que pueda evitar que hagas alguna locura.
En ese momento atrapó mis labios y mis manos jugaron con sus rizos todo lo que quisieron. Si quedaba algo de separación entre nuestros cuerpos él se encargó de acortarla, provocando que de entre mis labios se escapase un pequeño gemido. Sus manos avanzaban veloces por mis muslos, colándose por debajo de mi camiseta y tocando todo lo que encontraban. Se detuvo en el borde de ésta y con un movimiento ágil me libró de ella dejándola caer al suelo, junto con el resto de mis cosas. Noté, como por la presión que ejercían mis piernas, poco a poco la toalla que lo cubría se iba deslizando. Me mordió el lóbulo y bajó hasta el cuello. Entonces abrí los ojos al sentir su erección entre mis piernas. Allí estaba, sobre él, abrazándolo, sintiendo sus besos en mi cuello, acercándolo más a mí, haciendo todo lo que me prometí no hacer. Mi ropa interior no tardó mucho en caer y yo ni siquiera me había dado de cuenta. Besó mis pechos mientras sus manos me sujetaban ahora el trasero. Su toalla estaba a punto de deslizarse completamente.
No, joder, sabiendo a lo que me exponía no. ¿Ser otra más de las tías de Styles? No quería eso. No quería ser una “Mía” más. Ni quería no poder mirarlo a la cara después de esto, sabiendo que me encontraría una mirada de arrogancia. No podría soportar una mirada de desprecio ni de superioridad por su parte.
 «Entrégate solo a aquellos a los que quieras de verdad»
Cuando en mi mente apareció uno de los tantos consejos que mi madre me había enseñado, entendí que no quería implicarme lo suficiente para sentir nada por él.
Descubrí que mis ojos se llenaban de lágrimas cuando dejé de ver con claridad.
—Perdóname por esto, Harry –tuve intención de pensar, pero para mí pesar susurré, y él estaba lo suficientemente cerca de mí como para que fuese imposible que no lo oyese. Difícilmente lo separé de mi cuello y sin saber el motivo dejé que me diese un último beso en los labios, disfrutando a cada momento de él, porque me prometí que sería el último que recibiría por su parte. Me dejé caer de sus brazos y antes de que pudiese rechistar o hacer algo para impedirlo cogí mis cosas y me largué de allí. Me enfundé  mi camiseta rápidamente y corrí hacia mi habitación, para meterme debajo de las sábanas tan pronto entré. Con lágrimas en los ojos me cubrí hasta la cabeza. Miles de preguntas usurparon mi mente.  «¿Por qué llegar tan lejos? » Me reprimí. Y para mi pesar, sabía la respuesta.


[...]


—_______ –oí de lejos. Sentí como me zarandeaban, mataría al que estuviese intentando despertarme– ¡______!
—¿¡Qué!? –exclamé abriendo los ojos y destapándome de golpe. Aunque volví a acurrucarme al ver que era Sam.
—Tía, ya te has saltado dos clases... Si sigues así los profesores vendrán a buscarte.
—Me la trae grande. –utilicé una de las expresiones de la chica y por eso sonrió.
—Cada día te pareces más a mí –rió.
—¡No, por favor! –fingí y entonces soltó una carcajada, que cortó al verme los ojos.
—¿Dónde te has metido? Por el amor a los... –se auto reprimió ella misma.
—¿Por qué? ¿Demasiadas ojeras?
—No tienes ojeras, simplemente tienes la cara llena de lágrimas y los ojos más rojos que la cara de Harry al verte.
—¡Vete a la mierda! –exclamé y volví a cubrirme completamente. El estruendoso sonido de la campana no le dejó contestar nada.
—Yo tengo que irme. Recuerda que me tienes que contar algo –canturreó lo último antes de que yo escuchase la puerta cerrarse.
Para mi desgracia, las dudas volvieron a invadir mi mente. La imagen de mi primer día aquí surcó mi por ella, justo cuando Styles me besó a la fuerza y yo le había dado el guantazo de su vida. Y horas atrás, estaba muriendo por un beso suyo. ¿Qué había cambiado?
—Desearía no recordar la primera vez que nos besamos. –admití.
Y, en mi situación, todo el mundo pensaría que yo estoy enamo...
No voy ni a pensarlo.
Porque no es verdad.
Lo que siento no es amor.
Lo sé.
Estoy completamente segura.
En un intento de despejar mi mente, recorrí la agenda de mi teléfono hasta dar con el número de mi padre, al que llamé de inmediato. A pesar de que llevaba poco tiempo en este instituto, y ya tenía problemas en los que pensar, mi madre seguía muerta y lo quisiese o no, papá tendrá que volver a verme.
—¿_____? –oí al otro lado, al descolgar.
—La misma.
—¿Qué pasa? ¿Algún problema?
—¿Algún problema? –repetí su pregunta, más como afirmación– ¡Qué problema va a haber papá! –exclamé con ironía– ¡Mamá sólo está muerta, nada más! –rematé con ironía y volví a ponerme seria– ¿Cuándo es el velorio? Recuerda que quiero estar presente.
—Cierto, me había olvidado de que... –se cortó, pero yo ya sabía que es lo que quería pronunciar. Se había olvidado de mí. – El velorio es mañana por la tarde –no me dejó decir nada más– Estaré ahí mañana por la mañana.
—De acuerdo, papá.
No le permití decir nada más y colgué el teléfono. Mañana me iba de aquí.

·En el próximo capítulo· 
—Selley se ha ido. Y la muy puta no se ha despedido de mí. –soltó. 
—¿____ se ha ido? –pregunté, para cerciorarme de que había oído bien. Era imposible que se fuese tan pronto. ¿No iba a estar aquí tres meses? 
—Sí, pero tranquilo, no te pongas mustio, que aún puedes tirártela. Vuelve el lunes. Por lo que me he enterado, se ha ido al velorio de su madre.
—¿Por qué crees que me pondría “mustio” –imité su expresión– si no volviera? ¿Crees que estaba pensando en tirármela? –pregunté aun sorprendido por la facilidad que tenía la morena de leer las mentes ajenas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario