● _____:
—Señorita, debe bajar ya, el coche de la familia sale hacia el cementerio en cinco minutos –oí al mayordomo al otro lado de la puerta.
—¡Ya voy!
–dije y me levanté de la cama. Observé mi reflejo en el espejo. Otra noche de
insomnio reflejada en mi cara. Un color grisáceo se acomodaba bajo mis ojos, y
es que esto de huir intentando que los problemas se solucionen por si solos, no
funciona para nada. Y sí, tenía un gran
problema y nadie a quién contárselo.
Una vez en
el asiento trasero de aquella limusina, barajé entre toda la música de mi lista
de reproducción favorita. Seleccioné aleatorio y “Set fire to the rain” comenzó a sonar de mis auriculares.
—Mala
elección, Selley. –musité y la dejé sonar. Estaba más que claro que aquella
mañana todo estaba en mi contra.
Cientos de
personas vestidas de negro esperaban ya en aquel cementerio de Nottingham, que
tan pronto mi padre bajó del coche, lo rodearon para darle el pésame.
Intentando pasar desapercibida me escabullí entre la gente y me dejé caer a los
pies de un gran árbol aún con el reproductor encendido. Entonces recordé la vez
en que Harry me había llamado mandona para luego contarme la historia de sus
padres. ¿En serio? ¿A cada cosa que hiciera él surcaría mi mente? Subí el
volumen de la música con la intención de que no fuese capaz de escuchar ni mis
propios pensamientos, y cerré los ojos. Rihanna sonaba ahora con “I love the way you lie”. Me di cuenta de que estaban a punto de enterrar el ataúd y, como si de un
espectáculo se tratase, me acerqué para colocarme en primera fila.
—Ojalá
estuvieses aquí, podría contarte todo esto sabiendo que después me dirías la
solución correcta. –recité en mi mente. –Si estuvieras aquí ni siquiera tendría
estos problemas. No habría conocido a nadie en aquel maldito internado. No. No
me arrepiento de haber conocido a algunas personas. Simplemente deberíais
haberme dicho la verdad. ¡Siempre te lo he contado todo! ¿Por qué me mentiste?
–lloraba, pero por lo menos gritaba en mi mente y no en voz alta. – ¿Por qué me
hicisteis vivir una mentira? ¿Desde cuándo? ¡Ahora estarías viva!
Cada montón
de tierra que caía sobre aquella tumba de madera era un reproche más hacia
ella. Y no le echaba la culpa de sus actos, en absoluto, puesto que ella
intentó hacerme feliz a pesar de que le costó la vida. Solo me negaba a decirle
adiós tan rápido. No podría compartir con ella ningún momento más de mi vida,
ni bueno ni malo. Todos aquellos en los que siempre soñé que ella estaría ahí
para apoyarme, ya nunca se harán realidad.
—No estarás
en mi graduación, en ninguno de mis próximos cumpleaños, jamás conocerás a tus
nietos… –seguí numerando mentalmente,
sorprendida por la última de las opciones.
—¿Tú?
¿Tener hijos? ¿Con quién? ¿Con Styles?
–me pareció oír a la voz de mi conciencia y puse los ojos en blanco. Sin darme
tiempo a reprimirme mentalmente un escalofrío recorrió mi espalda y mi corazón
se aceleró.
● Harry:
Me revolví
bajo las sábanas al notar el aire frío colarse bajo ellas. ¿Era cosa mía o se
estaban moviendo? Sentí una mano, suave, recorrerme la zona abdominal y otra mi
espalda.
—Louis,
como estés intentando despertarme, te llevarás el almohadazo de tu vida. –dije
con la voz ronca, por el bruto despertar.
—No soy
Louis. –oí una voz femenina y entonces presioné rápidamente el interruptor de
la luz. Me di la vuelta aún cegado por ella y me froté los ojos.
—__...¿Mía?
–acabé diciendo al encontrarme frente a los ojos azules de la pelirroja.
—¿Ibas a
decir _____?
—No iba a
decir nada –no la dejé terminar– ¿Qué haces aquí? –pregunté intentando
localizar a alguno de los demás, pero no daban señales de vida. – ¿Cómo has
entrado?
—La puerta
estaba abierta.
—Deberías
plantearte eso de llamar antes de entrar.
—¿Qué te
pasa hoy? Tienes un humor de perros.
—Acabas de
despertarme, ¿Qué quieres?
—Sabes de
sobra lo que quiero. –ronroneó y se sentó a horcajadas sobre mí.
—No me
apetece.
—¿Qué no te
apetece? ¿Desde cuándo no te apetece follar, Harry?
—Ahora no
quiero, Mía. La habitación de Erik es la de al lado. –volvió a recostarse a mi lado, cruzada de
brazos.
—Tú no eres Harry Styles.
—¿Entonces
quién soy? –rodé los ojos, no me dejaría en paz. – Joder, sigo siendo el mismo.
—El Harry
de siempre me había visto y antes de que yo pudiera decirle nada ya me habría
quitado la ropa. Y a ti “no te apetece”.
—Mía,
piérdete, ¿sí?
—Esto es todo por _____, ¿verdad? –¿En serio
no se iba ya?
—No, no es
por ella. –bufé y volví a taparme con las sábanas, a ver si ignorándola, se
largaba.
—Eres un
puto borde conmigo, después de las que pasamos.
—-¿Por qué
no vuelves cuando esté de mejor humor a ver si tienes suerte?
—-¿Crees
que puedes decidir cuándo y cómo? Después no me tendrás.
—Genial,
así no hago el esfuerzo.
—Gilipollas
–escupió y por fin, oí la puerta cerrarse. Ahora ya daba igual, no volvería a
dormir. Mi estómago rompió el silencio de la habitación. Resignado me levanté,
los domingos no estábamos obligados a llevar el uniforme, y lo agradecí.
El olor que
emanaba la cocina de la cafetería no era nada agradable, y tan pronto descubrí
lo que había para comer, el hambre se me pasó del golpe.
—¡Eh,
Styles! –oí desde una mesa y descubrí a Sam haciéndome señas.
—¿Qué pasa?
–dije sentándome a su lado.
—¿Has roto
con Mía? –puse los ojos en blanco ante la pregunta.
—-Que yo
sepa, nunca tuvimos nada.
—¡Todo el
internado habla de ello! Desde que vieron a Mía salir tan rápido y tan
malhumorada de tu habitación esta mañana, no se habla de otra cosa.
—¿Algún
rumor más sobre mí que deba saber?
—Dicen que
la has dejado por Selley, ¿Así que vas a lanzarte, eh pillín? –me dio un leve
codazo y después soltó una carcajada.
—Yo y la
palabra relación jamás iremos juntas en la misma frase.
—Estaría
bien que lo hicierais. Sois tal para cual, ella tonta y tú idiota. –rodé los
ojos.
—¿Algún día
hablarás de otra cosa que no seamos ella y yo?
—Hasta que
salgáis juntos no. El internado es cada vez más aburrido, necesita morbo y
vosotros dos podéis dárselo.
—Espera
sentada, guapa. Ah, a todo esto, ¿ya ha vuelto?
—No, sé que
vuelve hoy, pero no sé a qué hora. ¿Por qué? ¿Te lo has replanteado?
—Tenemos un
trabajo de lengua que hacer para mañana.
—Trabajos,
lengua, sí, claro. Mientras dejéis mi cama en paz, podéis “trabajar”
–entrecomilló con los dedos, dicha palabra– donde queráis.
—¿Tú
necesitas sexo o me lo parece a mí?
—No sabes
cuánto hace que no me echan un buen…
—Veamos,
–la interrumpí– ¿desde qué te acostaste conmigo? –sonreí socarronamente. Sí,
éste era e verdadero señor “idiota-prepotente-engreído” Styles.
● _____:
“Si al volver no me encuentras, no te preocupes, he hecho caso a un amigo y me he ido en busca de sexo. Deberías hacer lo mismo. Por cierto, Styles te buscaba, decía algo de un trabajo de lengua. ¿Cuándo pensabas decirme que te lo estabas tirando? Si es que ya no me cuentas nada. Nos vemos mañana a la hora del desayuno en la mesa de siempre. Te quiere, Sam” –leí el mensaje de texto que me había llegado.
—¡Mierda!
–exclamé y salté de la cama, para bajar volando las escaleras hasta el piso de
abajo. – ¡Papá! –exclamé y vi cómo hablaba con los últimos invitados que
quedaban de la reunión en casa después del entierro. –Tengo que volver al
internado, ¡Ya!
—¿Por qué
tanta prisa? Te llevarán mañana a la mañana.
—Imposible,
tiene que ser ahora.
—¿Te das de
cuenta de que si salimos ahora, no llegaremos allí antes de las once?
—¡Me da
igual! Tengo un trabajo que hacer.
—¡Pero qué
cabeza tienes! Haré que dispongan la el coche, recoge tus cosas.
El trayecto
se me hizo más largo de lo que esperaba. Las -23:34- marcaba el reloj de mi
móvil cuando entré corriendo por la puerta. Con la mochila colgada de un hombro
corrí hacia la habitación de Harry, en la cual llamé como una posesa, hasta que
un moreno con cara de fantasma salió de ella.
—¿Quién
eres y cómo osas despertarme? –dijo frotándose los ojos.
—_____
Selley, encantada y todo eso. ¿Está Harry?
—¡______!
–exclamó el rubio que ya conocía, y en un segundo, otras dos miradas
aparecieron sobre el hombro de aquel individuo de ojos miel.
—Está
buscando a Harry. –añadió el moreno con voz ronca.
—No está,
lleva todo el día desaparecido. –me aclaró Niall.
—Gracias, –musité
incómoda por las cuatro miradas clavadas en mí. – Hasta mañana. –me excusé para
escabullirme y volví al pasillo principal. ¿Estará en la habitación de Mía otra
vez? ¿Y si interrumpo? Me fijé de nuevo en la hora, casi las doce. Teníamos lengua
a primera hora. Quizás él ya tenga hecha su parte, como le dije que hiciera
cuando le dejé bien claro “Tú tu parte, yo la mía”. Caminé lentamente hacia mí
habitación, Sam no estaba, por lo que podía quedarme hasta tarde haciendo mi
trozo. Cuál fue la sorpresa que me llevé al entrar en ella.
Styles
estaba dormido sobre mi cama, con un montón de hojas al lado. Dejé caer la
mochila al suelo y cerré lentamente la puerta. Recogí las hojas desperdigadas
por mi cama y las observé una por una. Había acabado el trabajo.
—Soy la
peor compañera del mundo, eh –susurré fijándome en cómo dormía. No parecía el
diablo de siempre con esa carita tan mona de ángel. Dejé sobre el escritorio el
trabajo y empecé a quitarme el uniforme. Me detuve al ver el reflejo de Harry durmiendo
en el espejo. ¡No era capaz de desnudarme delante de él! Cerré los ojos y lo
hice rápidamente intentando olvidar su presencia. Corrí hacia la bolsa que
había dejado en el suelo y rebusqué en ella mi camiseta-pijama.
—¿Dónde
estás? –musité al no encontrarla y entonces oí a Harry.
·En el próximo capítulo·
—¿Y si
ninguno de los dos pierde? –pregunté. –¿Ganas tú?
—Si ninguno
pierde, pues decidís el premio entre vosotros. ¡Yo gano de todas formas! Me
reiré a más no poder durante esta semana. Míralo por el lado positivo Harry –le
pasó un brazo por los hombros al rulos. –si tú ganas, te la llevas a la cama y
ella no puede decirte que no. –A partir de esa parte, parecí perderme. –En
cambio, si Selley gana, tendrás que dejarla en paz, para siempre, y dejar de
amargar su pobre estancia aquí.
—Estás como
una puta cabra. –le espeté.
—Acepto.
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