viernes, 19 de abril de 2013

DIECISÉIS: LA PEOR COMPAÑERA DEL MUNDO.

● _____: 

—Señorita, debe bajar ya, el coche de la familia sale hacia el cementerio en cinco minutos –oí al mayordomo al otro lado de la puerta.
—¡Ya voy! –dije y me levanté de la cama. Observé mi reflejo en el espejo. Otra noche de insomnio reflejada en mi cara. Un color grisáceo se acomodaba bajo mis ojos, y es que esto de huir intentando que los problemas se solucionen por si solos, no funciona para nada.  Y sí, tenía un gran problema y nadie a quién contárselo.
Una vez en el asiento trasero de aquella limusina, barajé entre toda la música de mi lista de reproducción favorita. Seleccioné aleatorio y “Set fire to the rain” comenzó a sonar de mis auriculares.
—Mala elección, Selley. –musité y la dejé sonar. Estaba más que claro que aquella mañana todo estaba en mi contra.
Cientos de personas vestidas de negro esperaban ya en aquel cementerio de Nottingham, que tan pronto mi padre bajó del coche, lo rodearon para darle el pésame. Intentando pasar desapercibida me escabullí entre la gente y me dejé caer a los pies de un gran árbol aún con el reproductor encendido. Entonces recordé la vez en que Harry me había llamado mandona para luego contarme la historia de sus padres. ¿En serio? ¿A cada cosa que hiciera él surcaría mi mente? Subí el volumen de la música con la intención de que no fuese capaz de escuchar ni mis propios pensamientos, y cerré los ojos. Rihanna sonaba ahora con “I love the way you lie”. Me di cuenta de que estaban a punto  de enterrar el ataúd y, como si de un espectáculo se tratase, me acerqué para colocarme en primera fila.
—Ojalá estuvieses aquí, podría contarte todo esto sabiendo que después me dirías la solución correcta. –recité en mi mente. –Si estuvieras aquí ni siquiera tendría estos problemas. No habría conocido a nadie en aquel maldito internado. No. No me arrepiento de haber conocido a algunas personas. Simplemente deberíais haberme dicho la verdad. ¡Siempre te lo he contado todo! ¿Por qué me mentiste? –lloraba, pero por lo menos gritaba en mi mente y no en voz alta. – ¿Por qué me hicisteis vivir una mentira? ¿Desde cuándo? ¡Ahora estarías viva!
Cada montón de tierra que caía sobre aquella tumba de madera era un reproche más hacia ella. Y no le echaba la culpa de sus actos, en absoluto, puesto que ella intentó hacerme feliz a pesar de que le costó la vida. Solo me negaba a decirle adiós tan rápido. No podría compartir con ella ningún momento más de mi vida, ni bueno ni malo. Todos aquellos en los que siempre soñé que ella estaría ahí para apoyarme, ya nunca se harán realidad.
—No estarás en mi graduación, en ninguno de mis próximos cumpleaños, jamás conocerás a tus nietos… –seguí  numerando mentalmente, sorprendida por la última de las opciones.
—¿Tú? ¿Tener hijos? ¿Con quién? ¿Con  Styles? –me pareció oír a la voz de mi conciencia y puse los ojos en blanco. Sin darme tiempo a reprimirme mentalmente un escalofrío recorrió mi espalda y mi corazón se aceleró.

● Harry:
Me revolví bajo las sábanas al notar el aire frío colarse bajo ellas. ¿Era cosa mía o se estaban moviendo? Sentí una mano, suave, recorrerme la zona abdominal y otra mi espalda.
—Louis, como estés intentando despertarme, te llevarás el almohadazo de tu vida. –dije con la voz ronca, por el bruto despertar.
—No soy Louis. –oí una voz femenina y entonces presioné rápidamente el interruptor de la luz. Me di la vuelta aún cegado por ella y me froté los ojos.
—__...¿Mía? –acabé diciendo al encontrarme frente a los ojos azules de la pelirroja.
—¿Ibas a decir _____?
—No iba a decir nada –no la dejé terminar– ¿Qué haces aquí? –pregunté intentando localizar a alguno de los demás, pero no daban señales de vida. – ¿Cómo has entrado?
—La puerta estaba abierta.
—Deberías plantearte eso de llamar antes de entrar.
—¿Qué te pasa hoy? Tienes un humor de perros.
—Acabas de despertarme, ¿Qué quieres?
—Sabes de sobra lo que quiero. –ronroneó y se sentó a horcajadas sobre mí.
—No me apetece.
—¿Qué no te apetece? ¿Desde cuándo no te apetece follar, Harry?
—Ahora no quiero, Mía. La habitación de Erik es la de al lado.  –volvió a recostarse a mi lado, cruzada de brazos.
—Tú no eres Harry Styles.
—¿Entonces quién soy? –rodé los ojos, no me dejaría en paz. – Joder, sigo siendo el mismo.
—El Harry de siempre me había visto y antes de que yo pudiera decirle nada ya me habría quitado la ropa. Y a ti “no te apetece”.
—Mía, piérdete, ¿sí?
 —Esto es todo por _____, ¿verdad? –¿En serio no se iba ya?
—No, no es por ella. –bufé y volví a taparme con las sábanas, a ver si ignorándola, se largaba.
—Eres un puto borde conmigo, después de las que pasamos.
—-¿Por qué no vuelves cuando esté de mejor humor a ver si tienes suerte?
—-¿Crees que puedes decidir cuándo y cómo? Después no me tendrás.
—Genial, así no hago el esfuerzo.
—Gilipollas –escupió y por fin, oí la puerta cerrarse. Ahora ya daba igual, no volvería a dormir. Mi estómago rompió el silencio de la habitación. Resignado me levanté, los domingos no estábamos obligados a llevar el uniforme, y lo agradecí.
El olor que emanaba la cocina de la cafetería no era nada agradable, y tan pronto descubrí lo que había para comer, el hambre se me pasó del golpe.
—¡Eh, Styles! –oí desde una mesa y descubrí a Sam haciéndome señas.
—¿Qué pasa? –dije sentándome a su lado.
—¿Has roto con Mía? –puse los ojos en blanco ante la pregunta.
—-Que yo sepa, nunca tuvimos nada.
—¡Todo el internado habla de ello! Desde que vieron a Mía salir tan rápido y tan malhumorada de tu habitación esta mañana, no se habla de otra cosa.
—¿Algún rumor más sobre mí que deba saber?
—Dicen que la has dejado por Selley, ¿Así que vas a lanzarte, eh pillín? –me dio un leve codazo y después soltó una carcajada.
—Yo y la palabra relación jamás iremos juntas en la misma frase.
—Estaría bien que lo hicierais. Sois tal para cual, ella tonta y tú idiota. –rodé los ojos.
—¿Algún día hablarás de otra cosa que no seamos ella y yo?
—Hasta que salgáis juntos no. El internado es cada vez más aburrido, necesita morbo y vosotros dos podéis dárselo.
—Espera sentada, guapa. Ah, a todo esto, ¿ya ha vuelto?
—No, sé que vuelve hoy, pero no sé a qué hora. ¿Por qué? ¿Te lo has replanteado?
—Tenemos un trabajo de lengua que hacer para mañana.
—Trabajos, lengua, sí, claro. Mientras dejéis mi cama en paz, podéis “trabajar” –entrecomilló con los dedos, dicha palabra– donde queráis.
—¿Tú necesitas sexo o me lo parece a mí?
—No sabes cuánto hace que no me echan un buen…
—Veamos, –la interrumpí– ¿desde qué te acostaste conmigo? –sonreí socarronamente. Sí, éste era e verdadero señor “idiota-prepotente-engreído” Styles.

● _____: 

Si al volver no me encuentras, no te preocupes, he hecho caso a un amigo y me he ido en busca de sexo. Deberías hacer lo mismo. Por cierto, Styles te buscaba, decía algo de un trabajo de lengua. ¿Cuándo pensabas decirme que te lo estabas tirando? Si es que ya no me cuentas nada. Nos vemos mañana a la hora del desayuno en la mesa de siempre. Te quiere, Sam” –leí el mensaje de texto que me había llegado.
—¡Mierda! –exclamé y salté de la cama, para bajar volando las escaleras hasta el piso de abajo. – ¡Papá! –exclamé y vi cómo hablaba con los últimos invitados que quedaban de la reunión en casa después del entierro. –Tengo que volver al internado, ¡Ya!
—¿Por qué tanta prisa? Te llevarán mañana a la mañana.
—Imposible, tiene que ser ahora.
—¿Te das de cuenta de que si salimos ahora, no llegaremos allí antes de las once?
—¡Me da igual! Tengo un trabajo que hacer.
—¡Pero qué cabeza tienes! Haré que dispongan la el coche, recoge tus cosas.
El trayecto se me hizo más largo de lo que esperaba. Las -23:34- marcaba el reloj de mi móvil cuando entré corriendo por la puerta. Con la mochila colgada de un hombro corrí hacia la habitación de Harry, en la cual llamé como una posesa, hasta que un moreno con cara de fantasma salió de ella.
—¿Quién eres y cómo osas despertarme? –dijo frotándose los ojos.
—_____ Selley, encantada y todo eso. ¿Está Harry?
—¡______! –exclamó el rubio que ya conocía, y en un segundo, otras dos miradas aparecieron sobre el hombro de aquel individuo de ojos miel.
—Está buscando a Harry. –añadió el moreno con voz ronca.
—No está, lleva todo el día desaparecido. –me aclaró Niall.
—Gracias, –musité incómoda por las cuatro miradas clavadas en mí. – Hasta mañana. –me excusé para escabullirme y volví al pasillo principal. ¿Estará en la habitación de Mía otra vez? ¿Y si interrumpo? Me fijé de nuevo en la hora, casi las doce. Teníamos lengua a primera hora. Quizás él ya tenga hecha su parte, como le dije que hiciera cuando le dejé bien claro “Tú tu parte, yo la mía”. Caminé lentamente hacia mí habitación, Sam no estaba, por lo que podía quedarme hasta tarde haciendo mi trozo. Cuál fue la sorpresa que me llevé al entrar en ella. 
Styles estaba dormido sobre mi cama, con un montón de hojas al lado. Dejé caer la mochila al suelo y cerré lentamente la puerta. Recogí las hojas desperdigadas por mi cama y las observé una por una. Había acabado el trabajo.
—Soy la peor compañera del mundo, eh –susurré fijándome en cómo dormía. No parecía el diablo de siempre con esa carita tan mona de ángel. Dejé sobre el escritorio el trabajo y empecé a quitarme el uniforme. Me detuve al ver el reflejo de Harry durmiendo en el espejo. ¡No era capaz de desnudarme delante de él! Cerré los ojos y lo hice rápidamente intentando olvidar su presencia. Corrí hacia la bolsa que había dejado en el suelo y rebusqué en ella mi camiseta-pijama.

—¿Dónde estás? –musité al no encontrarla y entonces oí a Harry. 

·En el próximo capítulo·
—¿Y si ninguno de los dos pierde? –pregunté. –¿Ganas tú?
—Si ninguno pierde, pues decidís el premio entre vosotros. ¡Yo gano de todas formas! Me reiré a más no poder durante esta semana. Míralo por el lado positivo Harry –le pasó un brazo por los hombros al rulos. –si tú ganas, te la llevas a la cama y ella no puede decirte que no. –A partir de esa parte, parecí perderme. –En cambio, si Selley gana, tendrás que dejarla en paz, para siempre, y dejar de amargar su pobre estancia aquí.
—Estás como una puta cabra. –le espeté.
—Acepto. 

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