● _____:
La canción
que estaba escuchando en mi reproductor acabó tan pronto llegamos a la mansión
Selley. Lo curioso es que no recordaba que canción era, pues en mi cabeza se
repetía mi canción. La canción que Harry acababa de tocarme, o más bien que yo
me había auto dedicado. «¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué ter comportas así
últimamente?» Mi conciencia no dejaba de hacer preguntas que yo no sabía
responder. A la actitud de las duchas le había echado la culpa del sueño, pero hace
un par de horas estaba completamente despierta y derritiéndome detrás de una
puerta de madera al oír como Harry tocaba el piano. ¿Me gustaba Harry? No, de
eso estaba segura. Que no sea capaz de encontrar respuesta a…
—Señorita
Selley… –la voz de mi mayordomo me sacó de las nubes– Su habitación vuelve a
estar lista, puede subir cuando quiera. –me indicó. Asentí y, tan pronto volví a poner un pié en el
lugar, me tiré en la cama. Ya se me habían olvidado lo que eran los lujos, y me
había acostumbrado al pequeño espacio de la habitación que compartía con Sam,
tanto que ahora me sentía extraña en mi propia habitación. Eso no me impidió corroborar si todo seguía
exactamente igual como lo había dejado antes de irme. En cuanto entré en mi
baño no pude evitar llenar la bañera y despojarme de toda mi ropa, para acabar
sumergiéndome en la espuma. Froté y limpié mi cuerpo con la esponja repetidas
veces, intentando que todo rastro de Harry que aún hubiese en mí desapareciera,
para que con él desapareciesen también todos mis problemas. En vano. Lo único
que necesitaba era poder responder a las preguntas que mi cabeza no dejaba de formular.
Suspiré y observé la luz que emitía mi móvil. La señal de alarma me indicaba
que debía salir ya. Con una toalla alrededor del cuerpo me planté ante mi
armario. ¡Cuánto había echado de menos toda mi ropa! Aquel asqueroso uniforme
era el mismo todos los días, estaba más que aburrida de él, por no decir las
ganas de vomitarle encima que me entraban nada más verlo por las mañanas.
Después de
revisar, con una sonrisa en la cara, toda mi ropa unas tres veces, busqué mi
lencería de color negro, al fin y al cabo, estaba de luto. No dejé que los
recuerdos volviesen a borrar la sonrisa de mi cara. Con una vez había bastado.
Así acabaron llegando los problemas con Styles.
Negué con la cabeza y me enfundé un vestido de
tirantes con falda de gasa negro. El que
cualquier adolescente normal aprovecharía para acompañar con unos taconazos de
infarto. ¿El problema? Yo no era normal. Dentro de mi adorado armario de
zapatos me esperaban mis Martens, negros también.
A mi padre
le daría un paro cardíaco, como otras tantas veces cuando salía. Podría
acostumbrarse, tenía a su pequeña en
casa.
Un colgante
en forma de cruz adornaba mi cuello y un par de pulseras con detalles dorados,
mis muñecas. Me tomé la libertad de colocar en mi dedo anular el anillo de
diamantes de mi madre. Mi sonrisa se
intensificó a medida que bajaba las escaleras. Por un momento me sentí como si
todo volviese a ser como antes, sin conocer a Styles, ni a Sam, ni a Mía ni a
nadie de ese internado.
>FLASHBACK<
—Tienes
cinco segundos para vestirte adecuadamente, o no saldrás de casa. –aseguró mi
padre, señalándome con el dedo índice.
—No seas
así George… –sonreía mi madre,
recostada en el diván. – Está preciosa –añadió mirándome.
—Vas a
dejar que salga a hacer sabe Dios qué, con sabe Dios qué compañías, y aún por
encima, ¿así vestida?
—Te
preocupas demasiado, papá –añadí, con
ganas de irme ya. – Volveré pronto –dije dándole un beso a ambos.
—¡A las
doce en casa! –dijo serio mi padre, cosa que yo iba a tomar a broma.
—Por
supuesto –reí tan pronto puse un pié fuera de casa.
▬
—Solo te
falta el collar de púas de perro. –añadió en cuanto me vio.
—¿Sabes? Yo
también te eché mucho de menos, papá. –me fijé en que no estaba solo, bastantes
de sus socios de empresa estaban ya allí para darle el pésame o simplemente
para intentar ganarse un ascenso por amabilidad. –Tenemos que hablar –tiré de
su brazo hasta su despacho, sin darle oportunidad a rechistar.
—Si es
sobre el internado…
—No, no
tiene nada que ver. Es sobre mamá. –tan pronto lo dije, intuí que él ya sabía
mi pregunta, aun así seguí adelante – Quiero…
–empecé a decir, pero rectifiqué
– Exijo que me digas como murió.
—Creo que no
estás en derecho de exigir nada.
—Me la trae–me
di cuenta de que estaba a punto de utilizar una de las expresiones de Sam, y
volví a rectificar –me da igual lo que creas, es mi derecho. Porque no hay nada
que ocultar, ¿o sí?
—No, no lo
hay –dijo intentando aparentar estar serio, pero a mí no podía engañarme.
—Quiero
saber el motivo, mamá no estaba enferma. Una persona no muere así por así de un
día para otro.
>FLASHBACK<
—Cuando
yo tenía siete años, las cosas empezaron a ir mal en mi familia, el contacto
entre mis padres iba disminuyendo y solo lo disimulaban cuando yo y mi hermana
estábamos cerca. Y aunque yo era muy pequeño, me di cuenta de lo que estaba
pasando. Cuando ya no aguanté más, pregunté a mis padres por qué hacían eso, en
una de nuestras cenas familiares. Y a partir de ahí, no se molestaron en
disimular. Meses después se divorciaron, mi padre se fue de casa sin despedirse
de mí ni de mi hermana, y no he vuelto a saber de él. Mi madre volvió a
casarse, pero no con el indicado. Él era tan… cariñoso, por así decirlo, que
llegó a obsesionarse con ella. Tanto que la separó de nosotros. Mi hermana ya
casi acababa bachillerato, por lo que no tardó en marcharse a estudiar. A mí no
me quedó más remedio que aislarme de todo, no volví a recibir cariño por parte
de mi madre. Pero los celos de mi padrastro seguían creciendo hasta que llegó a
pensar que yo era una amenaza entre mi madre y él.
▬
Recordé
palabra por palabra la historia de Harry. ¿Por qué ahora? Negué con la cabeza,
ya bastantes problemas tenía con él.
—_______,
tu madre fue asesinada, como creo que has podido intuir tú sola. –dijo y me
paralicé.
·En el próximo capítulo·
—¿Querías
saberlo, no? Ahora ya lo sabes todo. El lunes volverás al internado y seguirás
allí los tres meses que quedan. Si meten al asesino entre rejas, bien. Si no,
tomaré medidas.
—¿Pero
volveré a casa igual?
—Por supuesto. Además…
no deberías preocuparte por estos asuntos, al fin y al cabo aun eres la pequeña
de la casa –dijo y lo miré con odio – y tengo entendido que en el internado hay
un tal Styles, que te espera.
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