martes, 16 de abril de 2013

CAPÍTULO QUINCE: FARSA.

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Yo ya lo sabía, o como bien ha dicho él, lo intuía. Pero que te lo digan así de golpe, duele. – ¿El por qué? Celos. –dijo caminando por la habitación, cual película. – Además hay algo que debes saber. Tu madre me era infiel. –soltó repentinamente, añadiendo un peso más a la carga que ahora sujetaba– Pero eso, no debes tenérselo en cuenta, yo también tenía mis líos amorosos extramatrimoniales. Siento decirte esto, pequeña… –dijo con cariño, pero yo recibí ese pequeña como el peor de los insultos.– Pero tu madre y yo ya no nos queríamos y…
—Fingíais delante de mí –le corté, sin dejarlo acabar. Ya conocía la historia. Ahora entendía porque Harry y su relato habían aparecido en mi mente repentinamente.
—Sí –susurró, como si eso le quitase la culpa o le limpiase el alma.– El amante de tu madre le propuso irse a vivir con él. Ella se negó, no habría manera de explicártelo y tú eras tan feliz.
—Sí, ¡Vivía feliz una puta mentira! ¡Toda mi vida ha sido una farsa solo porque no tuvisteis el valor necesario para contarme la verdad! ¡Papá, ya estoy mayorcita!  ¿No teníais ni el más mínimo remordimiento al verme sonreír? Pensando en que tenía una familia de verdad, ¡Y lo único que tenía era un montaje de primera! ¡Una farsa!
—______...
—¡______ mierdas! ¡Mamá está muerta! –me llevé las manos a la cabeza, sentía que me explotaría en cualquier instante.– ¿Quién? ¿Quién es el jodido amante de mamá?
—No… no lo sé. Es lo que nuestro detective privado está intentando averiguar. Tu madre me habló de él, pero nunca me dio una cara, una dirección, ni siquiera un nombre. Cuando ella se negó a residir juntos, este pensó lo peor. Creyó que me seguía queriendo, y por eso se negaba a irse.
—Pero eso no tiene sentido. –dije acercándome a la mesa en la que ahora se había sentado mi padre.
—La mente de un criminal nunca tiene sentido. Lo único que tenemos de él, es esto –dejó caer encima de la mesa una especie de tela, me negué a abrirla. –Si no eres mía, no serás de nadie –recitó mi padre, que había descubierto que no la leería. –Por eso te interné. No porque tú pudieras haberle hecho algo, si no por miedo a que ese psicópata pudiese hacértelo a ti.
—Dios mío –susurré – mi vida se está convirtiendo en una película de miedo.
—¿Querías saberlo, no? Ahora ya lo sabes todo. El lunes volverás al internado y seguirás allí los tres meses que quedan. Si meten al asesino entre rejas, bien. Si no, tomaré medidas.
—¿Pero volveré a casa igual?
—Por supuesto. Además, no deberías preocuparte por estos asuntos, al fin y al cabo aun eres la pequeña de la casa –dijo y lo miré con odio – y tengo entendido que en el internado hay un tal Styles, que te espera. –pasó su brazo por mi hombro y  me miró por el rabillo del ojo, sonrió ante mi segura cara de perplejidad.
—Sam –musité llena de odio y rencor falso.
—Las paredes tienen oídos cariño.
—¡Desembucha! ¿Quién te lo ha contado?
—¿Entonces es cierto? ¿Estás saliendo con ese Styles?
—Oh, esto parece un puñetero interrogatorio típico de padre e hija –susurré – No, no salgo con “ese Styles”.

—Entonces no hagas nada de lo que te puedas arrepentir –caminó hacia la puerta con parsimonia y se detuvo para mirarme por última vez – Y ya sabes, siempre con protección –dijo tan tranquilo, para después marcharse soltando una carcajada y dejándome allí, sin decirme cómo sabía de la existencia de Harry. 

·En el próximo capítulo· 

Me revolví bajo las sábanas al notar el aire frío colarse bajo ellas. ¿Era cosa mía o se estaban moviendo? Sentí una mano, suave, recorrerme la zona abdominal y otra mi espalda.
—Louis, como estés intentando despertarme, te llevarás el almohadazo de tu vida. –dije con la voz ronca, por el bruto despertar.
—No soy Louis. –oí una voz femenina y entonces presioné rápidamente el interruptor de la luz.

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