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Yo ya lo
sabía, o como bien ha dicho él, lo intuía. Pero que te lo digan así de golpe,
duele. – ¿El por qué? Celos. –dijo caminando por la habitación, cual película.
– Además hay algo que debes saber. Tu madre me era infiel. –soltó
repentinamente, añadiendo un peso más a la carga que ahora sujetaba– Pero eso,
no debes tenérselo en cuenta, yo también tenía mis líos amorosos
extramatrimoniales. Siento decirte esto, pequeña… –dijo con cariño, pero yo
recibí ese pequeña como el peor de los insultos.– Pero tu madre y yo ya no nos
queríamos y…
—Fingíais
delante de mí –le corté, sin dejarlo acabar. Ya conocía la historia. Ahora
entendía porque Harry y su relato habían aparecido en mi mente repentinamente.
—Sí
–susurró, como si eso le quitase la culpa o le limpiase el alma.– El amante de
tu madre le propuso irse a vivir con él. Ella se negó, no habría manera de explicártelo
y tú eras tan feliz.
—Sí, ¡Vivía
feliz una puta mentira! ¡Toda mi vida ha sido una farsa solo porque no tuvisteis
el valor necesario para contarme la verdad! ¡Papá, ya estoy mayorcita! ¿No teníais ni el más mínimo remordimiento al
verme sonreír? Pensando en que tenía una familia de verdad, ¡Y lo único que
tenía era un montaje de primera! ¡Una farsa!
—______...
—¡______
mierdas! ¡Mamá está muerta! –me llevé las manos a la cabeza, sentía que me
explotaría en cualquier instante.– ¿Quién? ¿Quién es el jodido amante de mamá?
—No… no lo
sé. Es lo que nuestro detective privado está intentando averiguar. Tu madre me
habló de él, pero nunca me dio una cara, una dirección, ni siquiera un nombre.
Cuando ella se negó a residir juntos, este pensó lo peor. Creyó que me seguía
queriendo, y por eso se negaba a irse.
—Pero eso
no tiene sentido. –dije acercándome a la mesa en la que ahora se había sentado
mi padre.
—La mente
de un criminal nunca tiene sentido. Lo único que tenemos de él, es esto –dejó
caer encima de la mesa una especie de tela, me negué a abrirla. –Si no eres
mía, no serás de nadie –recitó mi padre, que había descubierto que no la
leería. –Por eso te interné. No porque tú pudieras haberle hecho algo, si no
por miedo a que ese psicópata pudiese hacértelo a ti.
—Dios mío
–susurré – mi vida se está convirtiendo en una película de miedo.
—¿Querías
saberlo, no? Ahora ya lo sabes todo. El lunes volverás al internado y seguirás
allí los tres meses que quedan. Si meten al asesino entre rejas, bien. Si no,
tomaré medidas.
—¿Pero
volveré a casa igual?
—Por
supuesto. Además, no deberías preocuparte por estos asuntos, al fin y al cabo
aun eres la pequeña de la casa –dijo y lo miré con odio – y tengo entendido que
en el internado hay un tal Styles, que te espera. –pasó su brazo por mi hombro
y me miró por el rabillo del ojo, sonrió
ante mi segura cara de perplejidad.
—Sam –musité
llena de odio y rencor falso.
—Las
paredes tienen oídos cariño.
—¡Desembucha!
¿Quién te lo ha contado?
—¿Entonces
es cierto? ¿Estás saliendo con ese Styles?
—Oh, esto
parece un puñetero interrogatorio típico de padre e hija –susurré – No, no
salgo con “ese Styles”.
—Entonces
no hagas nada de lo que te puedas arrepentir –caminó hacia la puerta con
parsimonia y se detuvo para mirarme por última vez – Y ya sabes, siempre con
protección –dijo tan tranquilo, para después marcharse soltando una carcajada y
dejándome allí, sin decirme cómo sabía de la existencia de Harry.
·En el próximo capítulo·
Me revolví
bajo las sábanas al notar el aire frío colarse bajo ellas. ¿Era cosa mía o se
estaban moviendo? Sentí una mano, suave, recorrerme la zona abdominal y otra mi
espalda.
—Louis,
como estés intentando despertarme, te llevarás el almohadazo de tu vida. –dije
con la voz ronca, por el bruto despertar.
—No soy Louis. –oí una
voz femenina y entonces presioné rápidamente el interruptor de la luz.
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