● _____:
—Igual de perra que siempre. –musitó mi compañera
mientras a la hora de la cena tomábamos asiento en nuestra antigua mesa, para
variar, y poder hablar sin la continua mirada de los jugadores.
—Eso hasta yo lo tenía asimilado.
—Pues aún no has visto nada. Espera a que entre
moviendo las caderas y pisando fuerte con los tacones.
—Eso ya lo vivo todos los días cuando aparece Mía.
–ironicé.
La puerta se abrió mientras hablábamos y todo el
mundo se giró para comprobar si era Catharine. Pero Liam, Niall, Louis y Zayn
entrando, hicieron que volviesen las cabezas a sus respectivos platos.
—Harry no está. –giró la cabeza de nuevo,
mirándome. A veces Sam era mucho más guapa callada. Aunque yo sabía de sobra
que solo lo hacía porque conocía lo mal que se me daban disimular los ataques
de celos. Me limité a encogerme de hombros. Pronto tuvo que retirar lo que
había dicho, este entraba por la puerta y se dirigía hacia la encargada del
comedor.
Todo el barullo de gente acalló segundos después.
Todo lo que podía percibirse era el ligero paso de aquella rubia haciendo sonar
sus tacones. Seguí sus pasos, como la mayoría de personas que había en el
comedor, hasta que se colocó justo después de Harry, a la cola.
Algo en el interior de mi pecho se desquebrajó
cuando el castaño se dio la vuelta.
Su faceta de sorpresa, su sonrisa inclinándose
hacia un lado y palabras que, esta vez, no pude oír, ya que estaba
completamente centrada recordando la primera vez que me encontré con él.
Exactamente de esta misma manera y Harry había hecho exactamente los mismos
gestos y juraba que le estaba diciendo lo mismo. Aquello que había empezado a
desquebrajarse en mi pecho, acabó por romperse completamente.
—¿____? –la voz de Sam sonó demasiado lejos para
conseguir que apartase la vista de la sonrisa de ambos.
—Tengo que salir de aquí. –solo conseguí decirlo
con un ápice de voz.
—¿Qué? –ya no hizo falta que lo repitiese, yo ya
estaba cerrando la pesada puerta del comedor al salir.
«¿Sabes por qué sucede esto Selley?» Dejé que mi
cerebro me recordase el por qué estaba así. «Te has ilusionado como una niña
pequeña se ilusiona con un caramelo.»
Eso era cierto. «Deberías haber tenido claro que esto pasaría en el
mismo momento en el que decidiste romper la regla de no acercarte a menos de
tres metros de él.»
Presioné mi sien con los dedos mientras colgaba mi
móvil del oído, rezando porque respondiese lo más pronto posible, antes de que
mi voz se quebrase.
«¿Iba a llorar por Harry?»
Esa pregunta resonó en mi mente con un tono
sarcástico.
«Sí, era lo que estaba a punto de hacer.»
● Harry:
—¡Harry! –me obligué a sonreír a Catharine cuando
esta apareció al darme la vuelta.– Cuanto tiempo.
—Sí. –la última vez que había venido al instituto
habíamos tenido nuestro encontronazo en el club.
—¿Quieres enseñarme el campus después de cenar?
–sonrió, mostrando su perfecta hilera de dientes blancos.
—Creo que ya lo conoces todo. –alcé el ceño.
—Sí, pero no en la oscuridad. –guiñó un ojo
intentando incitarme a que accediera. Me daba verdadera pena que no supiera que
eso, por algún motivo, ahora ya no funcionaba.– No voy a dejar que te niegues
de todas formas.
—De acuerdo. –rodé los ojos ante su insistencia.–
Una vuelta rápida, y volvemos.
—¡Gracias! –sabía que en el momento en el que
aceptara, se colgaría de mi brazo como un koala. Hice una seña a los chicos,
que me esperaban en la mesa, y salimos de allí. La llevé al sótano, para salir
por la puerta que daba al campus trasero, donde se encontraba el polideportivo
y el club.
—¿Por qué has venido al internado? –caminamos por
el lateral del edificio hacia la parte delantera.
—Quería hacerle una visita a mi padre. –la miré
alzando el ceño.– Y quizás…pasar un buen fin de semana. –volvió a hacer
aparecer su gran sonrisa y sus ojos brillaron de lujuria en el oscuro de la
noche.
—¿En tu instituto italiano privado para señoritas
no os enseñan a divertiros? –vacilé. Su brazo seguí enroscado al mío cual pitón
intentando ahorcar a su presa.
—¡No hay ni un solo hombre! ¿¡Ves algo de diversión
a eso!?
—Lo que veo es que las mujeres no sabéis vivir sin
los hombres. –bromeé.
—Idiota, prepotente, engreído. –susurró y una
punzada de dolor acompañada de recuerdos atravesó mi mente.
«Los recuerdos nunca mueren, Styles.»
—Casi llegamos al campus delantero, luego volvemos,
¿vale? –asintió y forzó más su agarre, como si eso lo impidiese.
Las luces de las farolas que decoraban el borde del
camino de grava hacían de la zona delantera un lugar mucho más iluminado que el
anterior camino que habíamos recorrido.
—¿Qué pasa allí? –señaló bajo los dos grandes pinos
que bordeaban el claro donde normalmente se veían perfectamente las estrellas.
Ni siquiera había reparado en el lugar ni en lo que sucedía hasta que seguí su
dedo.
—Ah. Solo es…Selley. La nueva.
—¿Es guapa?
—Joder si no. –musité.
—¿Qué?
—Sí, es bastante guapa.
—¿Con quién está? Me parece demasiado mayor para
ser un alumno.
—Es…el señor Fogg. –mis labios se curvaron en una
mueca a la vez que pronunciaba su nombre.– Profesor de literatura.
—¿Ella es de esas a las que les gusta enrollarse
con los profesores?
—No. –negué en rotundo.– Solo se llevan bien. No
son nada. No salen juntos.
—Por tu tono de voz parece que eres tú el que
intenta convencerse de ello. –se burló y solté un gruñido, lo más parecido a
una respuesta que podía darle en ese momento. Volví a emprender el paso a la
cafetería, esta vez más rápido que antes. Por lo menos me libré de sus
inoportunas preguntas durante el tramo de camino, hasta estar de nuevo ante
aquellas puertas.
—Ya hemos llegado. –sonreí lo más auténticamente
que en aquel momento era capaz.
—Pareces enfadado…
—Estoy perfectamente. –le corté.
—Más que enfadado, celoso. –sonrió de lado y la
ignoré.
—Voy a entrar con los chicos, ¿vienes o te vas a tu
habitación?
—Me voy. –le sonreí a modo de despedida con
intención de entrar.– Espera. –volví a mirarla. Estaba entrelazando sus dedos y
parecía nerviosa.– ¿Puedo hacerte una pregunta personal? –me miró como si ahora
yo le produjese auténtico pavor.
—Adelante.
—¿Quién ha sido la última persona con la que te has
acostado? –sus mejillas se encendieron mientras yo volvía a sumirme en los
recuerdos de aquella noche. Hace un mes.
—¿Acostado o enrollado?
—La última persona a la que te has llevado a la
cama.
—A ____.
–susurré su nombre.– A ____ Selley.
·En el próximo capítulo·
—¿Tienes buena puntería? –asentí. No tenía “buena
puntería” tenía un maldito don. Aunque también era lo único que se me daba
realmente bien.– Genial. Pues la cuestión es coger un globo ¡y dar en las
partes nobles de los demás!
—Lo que Sam quiere decir… –recibió un codazo de
Aaron, un jugador del equipo.– Es que tienes que coger un globo y mojar lo
máximo posible a los del equipo contrario.
—Esa parte ya la había
pillado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario