lunes, 15 de julio de 2013

TREINTA Y CUATRO: ESTAMOS EN PAZ. [M]

● _____:

Completamente pegada a aquella puerta, cerraba los ojos, intentando apreciar solo el sonido de aquella canción. Pero no podía evitar que mi mente lanzase miles de recuerdos diferentes. La música de piano amansa a las fieras pero hace rebeldes todas esas menciones. Mi madre tocándome el piano, Harry tocándome el piano, lágrimas, besos, una huida de todo y todos… Contuve la respiración y mi cerebro dejó de torturarme durante el segundo que pude disfrutar plenamente de aquella melodía. Mi, todavía, canción. Y la que podía asegurar ser mi favorita.
Pero ahora me hacía daño, retrocedí un paso, escucharla sabiendo que ahora esas notas no son tocadas para mí, duele. Pasar de todo a nada. Retrocedí otro paso.
Nuevas lágrimas naciendo en mis ojos. Todo se empezaba a volver borroso, pero lo que realmente yo veía confuso eran los impulsos que me mandaba el corazón, completamente opuestos a los que mandaba el cerebro. Y cuando colisionaban se jodían las cosas, y estaban en topetazos constantes.
Automáticamente dejé de escuchar todo lo que había a mi alrededor. Tenía la especialidad de meterme en la boca del lobo y salir corriendo de allí era la mejor opción a barajar. Mis piernas no reaccionaron como deberían, así que me conformé con el paso rápido.
—Así que eres tú la que escucha detrás de la puerta.
No avancé más, y no por decisión propia, sino que mis piernas decidieron ponerse en huelga en el peor momento. No quería mirarlo, no quería, n… Acabé plantada delante de él, mientras ambos nuestros iris clavaban sus miradas el uno en el otro.
«¡Bien! Tan valiente has sido al plantarle cara, pues ahora háblale.»
Gritaba interiormente a mi subconsciente mientras buscaba las palabras exactas.
—¿Vas a decir algo? –alzó el ceño, esperando quizás alguna respuesta. Una que no llegaría. – Me lo imaginaba. –pasó por mi lado y siguió caminando por el pasillo.
—Harry. –dejé de escuchar sus pasos a mis espaldas. Y me odié por pensar siempre en alto. Mientras maldecía, volví a tenerlo delante de mí.
—¿Qué? –preguntó, no de la manera borde en que pensé que lo haría.
«Abrázalo.»
Ordenó mi cerebro, ya que palabras últimamente no era capaz de pronunciarlas. Y eso hice. Todo era como un maldito recorrido que no paraba de repetirse.
—¿______? –interrumpió  mis pensamientos, cuando me separé de su cuerpo y sus brazos no tuvieron más remedio que aflojar la sujeción a mi espalda.
—Quería un abrazo. –me encogí de hombros, restándole importancia. Siempre con la última de mis costumbres, llevar la mirada baja. Alzó mi barbilla con ambas manos y se inclinó hacia delante para rozar mis labios con los suyos, y luego fundirlos. Mis ojos deberían haberse abierto como platos, sin embargo, se cerraron.
—¿Harry? –pregunté confusa, esta vez yo, cuando se separó. No me equivocaba con lo del recorrido. Y este empezaba una y otra vez. “Enfadados, gritos, traiciones, beso, enfadados, gritos, traiciones, beso…” Y así continuamente. Y realmente empezaba a cansarme de nuestro juego. Aunque eso era algo que yo no admitiría nunca, puesto que sabía que me ahorraría una discusión y miles de dolores de cabeza.
—Tú querías un abrazo y yo un beso. Estamos en paz. –intentó ahora él quitarle importancia, para luego verlo desaparecer por el pasillo.
[ … ]
—Mierda, Sam no está. –recordé al entrar en la habitación compartida y no verla sentada a lo indio en la cama, como siempre.– ¿Y ahora qué hago yo toda la tarde?
Era mi última semana de paz, por así llamarla. Para la siguiente se agolpaban todos los exámenes juntos, y entonces sí que no podría hacer otra cosa que mantener la cabeza dentro de los libros las veinticuatro horas.
—¡Hola ____! –cuando volví a salir de la habitación, caminando por los pasillos, un grupo de chicos me sonrió. Y a la mayoría no los conocía, seguramente fuese obra de Sam. Me obligué a sonreírles de vuelta, y seguir andando. Esto de actuar como una “rompecorazones” no era para mí. ¿De dónde sacaba Sam esas ideas? Aun así podía haberme ido con ella y los jugadores, así no pasaba la tarde sola.
«Sola no, la pasabas debajo del cuerpo de uno de esos tíos ebrios intentando propasarse.»
Por primera vez, mi conciencia tenía razón. Emití algo parecido a un gruñido y cerré los ojos mientras me masajeaba la sien, luego embestí contra algo, y acabé en el suelo.
—Eso de caminar con los ojos cerrados no es muy útil, ¿eh? –¡era increíble! ¿¡Qué le pasaba a todo el mundo conmigo esta semana!? Ya me había chocado y caído con casi todo el mundo.
—Si me ayudas a levantarme, igual te perdono que me hayas roto una pierna.
—No exageres. –tan pronto acepté la mano del señor Fogg, tiró de mí hacia arriba.– Tampoco fue culpa mía que te guste jugar a los ciegos por el pasillo.
—De todos modos, yo acabé en el suelo, por lo que soy la víctima. Y te condeno a hacerme compañía durante toda la tarde.
—Oh, ¿No hay una condena un poco menos insufrible? –me guiñó un ojo y lo miré entrecerrando los míos.
—Pues sí, póngame un diez en su materia.
—Casi que prefiero pasar toda la tarde contigo. –carcajeó y se ganó un golpe en el hombro.
—Ya, olvídalo todo. –me adelanté por el pasillo.– Pero conseguiré ese maldito diez. –lo señalé mientras caminaba
—¡Eh, espera! –caminó hasta estar a mi lado.– Lo decía de broma, ¿a dónde quieres ir?
—Ahora vienes, ¿no?  –me crucé de brazos.– Vete a poner dieces por ahí.
—Supongo que eso deja el lugar a mi elección. –lo ignoré, caminando más rápido. Por suerte, era buena actriz, y no se me escapaba una risa floja al fingir un enfado.  Sentí sus pasos detrás de mí durante todo el camino.– ¿Ah sí, con que esas tenemos? ¿Vas a comportarte como una malcriada? Tú lo has querido, Selley. –no tardó en cogerme cual saco de patatas. No sabía si golpear su espalda o cubrirme la falda para no ir mostrando ninguna obscenidad por ahí. Todo el mundo se nos quedaba mirando, por lo que opté por la segunda opción. Llevé las manos a la parte trasera de mi falda y preparé mi tono de indignación.
—Voy a acusarte por secuestro. –refunfuñé.
—Y yo a ti por soborno.
—Bájame.
—No.
Salimos por la puerta principal, y el profesor siguió caminando. Por suerte, no había tanta gente como en el pasillo principal, y aún más suerte era que la gente normalmente se reunía en la parte trasera del campus, en los alrededores del club. Así nadie más presenciaría mi rapto.
—¿Qué vas a esconderme bajo tierra entre los árboles para que nadie encuentre nunca mi cadáver?  –pregunté, fingiendo un tono de arrogancia. Rodé los ojos a pesar de que él no pudiese verlo.
—¡Mira que eres malcriada y fantasiosa! En realidad solo iba a hacer esto.
—¿El qu…–no me dio tiempo a acabar la frase. Caí en la fuente del internado.  Sentada y con el chorro cayéndome encima, lo miré irónico.– Gracias, creo que me hacía falta una ducha de agua fría. –volví a rodar los ojos y me levanté, goteando agua, para salir de allí.
—¿Ya no estás enfadada? –sonrió. En realidad nunca lo había estado, pero la venganza sería dulce.
—¿Yo? ¡Qué va! ¿Cómo puedes pensar eso de mí? –fingí indignación.– Y para que lo veas…–me acerqué a él y lo abracé.– Fíjate cuánto te quiero que te comparto hasta mi mojadura.
—Eres de lo que no hay, Selley. –rodeó mi cintura y me atrajo más a él.
● Harry:
—¿Pero qué? –mis cuatro amigos miraron la escena, por encima de las tías que tenían sobre su regazo. Mía, que estaba sentada a horcajadas sobre mí, me impedía la visión.
—¿Qué pasa?  –pregunté, pero fui ignorado.
—¿Está chorreando agua? –preguntó incrédulo, Niall.
—¿Quién está chorreando agua?  –volví a ser excluido.
—¿Y él la sigue riéndose? ¿Qué coño…?
—¡Queréis hacerme caso de una vez, joder!  –dije rodando los ojos.
—¿Por qué no lo ves tú mismo? –Mía se giró hacia un lado, mirando a sus espaldas, y dejándome la vista libre para ver a la enana de Selley caminar maldiciendo, y chorreando agua, hacia su habitación, seguida del profesor de literatura, riéndose a más no poder. Esta exclamaba cosas como una loca, pero desde el banco en el que estábamos no llegábamos a oírlas. Apreté los puños con rabia, los que en seguida fueron recubiertos por las manos de piel suave y tersa de Mía.
—Ignórala, ¿sí? –me sonrió y me obligué a mirarla, aunque mis pupilas volvieron a clavar la vista en Selley, de reojo.
—Sí.

«No.»

·En el próximo capítulo· 
—¡______! –como loca, una morena abrió la puerta de golpe, para luego reprimirse. Rápidamente solté el cuello del señor Fogg.– Lo siento si interrumpo. –me miró, con una mezcla de ironía y sarcasmo.– Y hola, señor Fogg.
—Hola a ti también, señorita Morrison. 

3 comentarios:

  1. *-* ES JODIDAMENTE PERFECTO *-* El señor Fogg tiene algo que.... ME VUELVE LOCA *-* Sus bromas, su forma de ser... *-* Y Harry... *-* Harry es Harry *-* Por favor sube otro capitulo no puedo soportarlo *-* SIGUIENTE YAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!

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  2. Hola soy la nueva lectora, que comente en el foto la primera, por fin la leo hahahaha.
    Mira tu novela no me ha dejado dormir, empece a leerla a las 2 de la mañana, y no comente porque tenia sueño y no podia, por eso comento ahora. ^^
    Me encanta tu novela, es perfecta.
    Woaw que ideas tiene Sam hahahah.
    ñeñeñeñeñeñeñeñeñeñeñeeñ me encanta como escribes, tu estas hecho para esto, enserio me encanta o mas de eso.
    Quiero siguiente, no tardes que me da un heart attack hahaha *-* xD

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  3. Cielo, siguiente cuanto antes. Me tienes super, super enganchada asdfg.
    Te quiero<3

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