● _____:
Completamente
pegada a aquella puerta, cerraba los ojos, intentando apreciar solo el sonido
de aquella canción. Pero no podía evitar que mi mente lanzase miles de
recuerdos diferentes. La música de piano amansa a las fieras pero hace rebeldes
todas esas menciones. Mi madre tocándome el piano, Harry tocándome el piano,
lágrimas, besos, una huida de todo y todos… Contuve la respiración y mi cerebro
dejó de torturarme durante el segundo que pude disfrutar plenamente de aquella
melodía. Mi, todavía, canción. Y la que podía asegurar ser mi favorita.
Pero ahora
me hacía daño, retrocedí un paso, escucharla sabiendo que ahora esas notas no
son tocadas para mí, duele. Pasar de todo a nada. Retrocedí otro paso.
Nuevas
lágrimas naciendo en mis ojos. Todo se empezaba a volver borroso, pero lo que
realmente yo veía confuso eran los impulsos que me mandaba el corazón,
completamente opuestos a los que mandaba el cerebro. Y cuando colisionaban se
jodían las cosas, y estaban en topetazos constantes.
Automáticamente
dejé de escuchar todo lo que había a mi alrededor. Tenía la especialidad de
meterme en la boca del lobo y salir corriendo de allí era la mejor opción a
barajar. Mis piernas no reaccionaron como deberían, así que me conformé con el
paso rápido.
—Así que
eres tú la que escucha detrás de la puerta.
No avancé
más, y no por decisión propia, sino que mis piernas decidieron ponerse en
huelga en el peor momento. No quería mirarlo, no quería, n… Acabé plantada
delante de él, mientras ambos nuestros iris clavaban sus miradas el uno en el
otro.
«¡Bien! Tan
valiente has sido al plantarle cara, pues ahora háblale.»
Gritaba
interiormente a mi subconsciente mientras buscaba las palabras exactas.
—¿Vas a
decir algo? –alzó el ceño, esperando quizás alguna respuesta. Una que no
llegaría. – Me lo imaginaba. –pasó por mi lado y siguió caminando por el
pasillo.
—Harry.
–dejé de escuchar sus pasos a mis espaldas. Y me odié por pensar siempre en
alto. Mientras maldecía, volví a tenerlo delante de mí.
—¿Qué?
–preguntó, no de la manera borde en que pensé que lo haría.
«Abrázalo.»
Ordenó mi
cerebro, ya que palabras últimamente no era capaz de pronunciarlas. Y eso hice.
Todo era como un maldito recorrido que no paraba de repetirse.
—¿______?
–interrumpió mis pensamientos, cuando me
separé de su cuerpo y sus brazos no tuvieron más remedio que aflojar la
sujeción a mi espalda.
—Quería un
abrazo. –me encogí de hombros, restándole importancia. Siempre con la última de
mis costumbres, llevar la mirada baja. Alzó mi barbilla con ambas manos y se
inclinó hacia delante para rozar mis labios con los suyos, y luego fundirlos.
Mis ojos deberían haberse abierto como platos, sin embargo, se cerraron.
—¿Harry?
–pregunté confusa, esta vez yo, cuando se separó. No me equivocaba con lo del
recorrido. Y este empezaba una y otra vez. “Enfadados, gritos, traiciones,
beso, enfadados, gritos, traiciones, beso…” Y así continuamente. Y realmente
empezaba a cansarme de nuestro juego. Aunque eso era algo que yo no admitiría
nunca, puesto que sabía que me ahorraría una discusión y miles de dolores de
cabeza.
—Tú querías
un abrazo y yo un beso. Estamos en paz. –intentó ahora él quitarle importancia,
para luego verlo desaparecer por el pasillo.
[ … ]
—Mierda, Sam
no está. –recordé al entrar en la habitación compartida y no verla sentada a lo
indio en la cama, como siempre.– ¿Y ahora qué hago yo toda la tarde?
Era mi
última semana de paz, por así llamarla. Para la siguiente se agolpaban todos
los exámenes juntos, y entonces sí que no podría hacer otra cosa que mantener
la cabeza dentro de los libros las veinticuatro horas.
—¡Hola
____! –cuando volví a salir de la habitación, caminando por los pasillos, un
grupo de chicos me sonrió. Y a la mayoría no los conocía, seguramente fuese
obra de Sam. Me obligué a sonreírles de vuelta, y seguir andando. Esto de
actuar como una “rompecorazones” no era para mí. ¿De dónde sacaba Sam esas
ideas? Aun así podía haberme ido con ella y los jugadores, así no pasaba la
tarde sola.
«Sola no,
la pasabas debajo del cuerpo de uno de esos tíos ebrios intentando propasarse.»
Por primera
vez, mi conciencia tenía razón. Emití algo parecido a un gruñido y cerré los
ojos mientras me masajeaba la sien, luego embestí contra algo, y acabé en el suelo.
—Eso de
caminar con los ojos cerrados no es muy útil, ¿eh? –¡era increíble! ¿¡Qué le
pasaba a todo el mundo conmigo esta semana!? Ya me había chocado y caído con
casi todo el mundo.
—Si me
ayudas a levantarme, igual te perdono que me hayas roto una pierna.
—No
exageres. –tan pronto acepté la mano del señor Fogg, tiró de mí hacia arriba.–
Tampoco fue culpa mía que te guste jugar a los ciegos por el pasillo.
—De todos
modos, yo acabé en el suelo, por lo que soy la víctima. Y te condeno a hacerme
compañía durante toda la tarde.
—Oh, ¿No
hay una condena un poco menos insufrible? –me guiñó un ojo y lo miré
entrecerrando los míos.
—Pues sí,
póngame un diez en su materia.
—Casi que
prefiero pasar toda la tarde contigo. –carcajeó y se ganó un golpe en el hombro.
—Ya,
olvídalo todo. –me adelanté por el pasillo.– Pero conseguiré ese maldito diez.
–lo señalé mientras caminaba
—¡Eh,
espera! –caminó hasta estar a mi lado.– Lo decía de broma, ¿a dónde quieres ir?
—Ahora
vienes, ¿no? –me crucé de brazos.– Vete
a poner dieces por ahí.
—Supongo
que eso deja el lugar a mi elección. –lo ignoré, caminando más rápido. Por
suerte, era buena actriz, y no se me escapaba una risa floja al fingir un enfado.
Sentí sus pasos detrás de mí durante
todo el camino.– ¿Ah sí, con que esas tenemos? ¿Vas a comportarte como una
malcriada? Tú lo has querido, Selley. –no tardó en cogerme cual saco de
patatas. No sabía si golpear su espalda o cubrirme la falda para no ir
mostrando ninguna obscenidad por ahí. Todo el mundo se nos quedaba mirando, por
lo que opté por la segunda opción. Llevé las manos a la parte trasera de mi
falda y preparé mi tono de indignación.
—Voy a
acusarte por secuestro. –refunfuñé.
—Y yo a ti
por soborno.
—Bájame.
—No.
Salimos por
la puerta principal, y el profesor siguió caminando. Por suerte, no había tanta
gente como en el pasillo principal, y aún más suerte era que la gente
normalmente se reunía en la parte trasera del campus, en los alrededores del
club. Así nadie más presenciaría mi rapto.
—¿Qué vas a
esconderme bajo tierra entre los árboles para que nadie encuentre nunca mi
cadáver? –pregunté, fingiendo un tono de
arrogancia. Rodé los ojos a pesar de que él no pudiese verlo.
—¡Mira que
eres malcriada y fantasiosa! En realidad solo iba a hacer esto.
—¿El qu…–no
me dio tiempo a acabar la frase. Caí en la fuente del internado. Sentada y con el chorro cayéndome encima, lo
miré irónico.– Gracias, creo que me hacía falta una ducha de agua fría. –volví
a rodar los ojos y me levanté, goteando agua, para salir de allí.
—¿Ya no
estás enfadada? –sonrió. En realidad nunca lo había estado, pero la venganza
sería dulce.
—¿Yo? ¡Qué
va! ¿Cómo puedes pensar eso de mí? –fingí indignación.– Y para que lo veas…–me
acerqué a él y lo abracé.– Fíjate cuánto te quiero que te comparto hasta mi
mojadura.
—Eres de lo
que no hay, Selley. –rodeó mi cintura y me atrajo más a él.
● Harry:
—¿Pero qué?
–mis cuatro amigos miraron la escena, por encima de las tías que tenían sobre
su regazo. Mía, que estaba sentada a horcajadas sobre mí, me impedía la visión.
—¿Qué
pasa? –pregunté, pero fui ignorado.
—¿Está
chorreando agua? –preguntó incrédulo, Niall.
—¿Quién
está chorreando agua? –volví a ser
excluido.
—¿Y él la sigue
riéndose? ¿Qué coño…?
—¡Queréis
hacerme caso de una vez, joder! –dije
rodando los ojos.
—¿Por qué
no lo ves tú mismo? –Mía se giró hacia un lado, mirando a sus espaldas, y
dejándome la vista libre para ver a la enana de Selley caminar maldiciendo, y
chorreando agua, hacia su habitación, seguida del profesor de literatura,
riéndose a más no poder. Esta exclamaba cosas como una loca, pero desde el
banco en el que estábamos no llegábamos a oírlas. Apreté los puños con rabia,
los que en seguida fueron recubiertos por las manos de piel suave y tersa de
Mía.
—Ignórala,
¿sí? –me sonrió y me obligué a mirarla, aunque mis pupilas volvieron a clavar
la vista en Selley, de reojo.
—Sí.
«No.»
·En el próximo capítulo·
—¡______! –como loca, una morena abrió la puerta de
golpe, para luego reprimirse. Rápidamente solté el cuello del señor Fogg.– Lo
siento si interrumpo. –me miró, con una mezcla de ironía y sarcasmo.– Y hola,
señor Fogg.
—Hola a ti también, señorita Morrison.
*-* ES JODIDAMENTE PERFECTO *-* El señor Fogg tiene algo que.... ME VUELVE LOCA *-* Sus bromas, su forma de ser... *-* Y Harry... *-* Harry es Harry *-* Por favor sube otro capitulo no puedo soportarlo *-* SIGUIENTE YAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!
ResponderEliminarHola soy la nueva lectora, que comente en el foto la primera, por fin la leo hahahaha.
ResponderEliminarMira tu novela no me ha dejado dormir, empece a leerla a las 2 de la mañana, y no comente porque tenia sueño y no podia, por eso comento ahora. ^^
Me encanta tu novela, es perfecta.
Woaw que ideas tiene Sam hahahah.
ñeñeñeñeñeñeñeñeñeñeñeeñ me encanta como escribes, tu estas hecho para esto, enserio me encanta o mas de eso.
Quiero siguiente, no tardes que me da un heart attack hahaha *-* xD
Cielo, siguiente cuanto antes. Me tienes super, super enganchada asdfg.
ResponderEliminarTe quiero<3