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Suspiré al descubrir que solo había dicho algo incomprensible en sueños. Maldije en bajo haber olvidado la camiseta en casa, con las prisas. Resignada me acerqué a la cama y separé las sábanas. Intenté cubrir a Harry con ellas sin despertarlo y luego me metí yo bajo estas, colocándome lo más lejos de él posible.
—Bien
Harry, considérate afortunado de que te deje dormir aquí, se bueno y no te
acerques mucho, ¿sí? –susurré. –Buenas noches. –Observé su sonrisa antes de
apagar la luz y que todo se oscureciese.
[…]
El molesto
sonido de siempre, proveniente de la alarma de mi IPhone resonó por toda la
habitación, esta vez acompañado de la alarma de otro móvil. Poco después de que
yo apagase a tientas el dichoso ruidito, desapareció también el otro. Me
desperecé hasta que caí en la cuenta de que estaba con Harry, de que yo estaba en ropa interior y de que su
brazo me aferraba a él como si su vida dependiese de ello. Lo miré por el
rabillo del ojo, y por suerte, había vuelto a dormirse después de apagar la
alarma. Vale, el uniforme descansaba en la silla del escritorio, ¡me sobraba
tiempo para correr y vestirme antes de que Harry pudiese pestañear! O eso
creía. Volví a cerciorarme de que seguía completamente dormido y conté hasta
tres mentalmente, para luego separar su brazo de mi cintura. Él se quejó, y se
desperezó. ¡Oh venga ya, no te despiertes ahora! Se volvió cara otro lado y
solté el aire de golpe para después salir disparada de la cama, y coger mi
falda lo más rápido que pude. Antes de que pudiese abrochar el segundo botón,
lo oí ronronear.
—¡Mierda!
–maldije mentalmente e intenté abotonarlo más rápido, pero con las prisas las
cosas siempre salen mal. Me fijé en que únicamente se había movido, y ahora
miraba hacia mí, pero seguía dormido. Cuando por fin el dichoso botoncito
decidió hacerme caso y se quedó dentro de su hueco, alcancé la camisa. Aunque
no tardé en sentir una mano colarse bajo mi falda y apretar una de mis nalgas.
—Buenos
días, Selley. –dijo con voz ronca y seria, como si tocar algo no debido fuese
lo más normal del mundo.
—Buenos
–dije revolviéndome, para intentar que quitase su mano de ahí– días. –rematé,
consiguiéndolo. Y me separé lo máximo posible de él. Acabé de colocarme la
camisa bajo la mirada socarrona que me echaba apoyado en el marco de la puerta.
– Puedes dejar de mirar cuando quieras. –dije acabando de colocarme bien las
medias frente al espejo.
—No, desde
aquí hay muy buenas vistas. –dijo egocéntricamente y sonreí, este era el Harry
que había conocido, el que odiaba con todo mi ser y no el que me hacía que mis
terminaciones nerviosas se acelerasen.
—Eh, Harry.
—¿Qué?
—Gracias
por hacer mi parte del trabajo, te lo compensaré–
—Ya sé lo
que… –me cortó, pero yo volví a cortarle a él.
—De manera
no sexual. –acabé mi frase y me dirigí a él con la mochila ya colgada de un
hombro.
—¿Estoy
guapo? –preguntó con una sonrisa ególatra. Le revolví el pelo más de lo que ya
estaba.
—Ahora sí.
–añadí y salí de la habitación soltando una carcajada. Entonces me di cuenta de
que todas las tías de aquel pasillo me miraban con cara de perra en celo. Cosa
que no entendí hasta que caí en que Harry acababa de salir detrás de mí, de mi
habitación, y que seguramente todas pensarían que yo y él nos habíamos
acostado. Hecho que seguramente no le gustaría a Mía. Negué con la cabeza
ignorando las miradas de las demás tías, quizás si caminaba algo distanciada de
él… Acto imposible, ya que Harry se
acercó por detrás, pasando un brazo por mi hombro y pegando sus labios a mi
oído, con intención de susurrar algo.
—¿Justo
ahora Styles? –le reproché en mi mente – ¿Justo a tres metros de la cafetería,
dónde estaba todo el mundo entrando y saliendo?
Si
intentaba evitar que la gente pensara que yo había caído en sus redes, él me lo
hacía difícil.
—Si vuelves
–susurró por fin– a irte a algún sitio, sin despedirte de mí, iré a buscarte y te traeré de vuelta a
rastras, ¿entendido? –remató y se separó de mí para entrar en la cafetería.
Después de quedarme como una boba en medio del pasillo, entré detrás de él.
—Extraño.
–musitó Sam, cuando nos sentamos frente a ella.
—¿Qué te
pasa ahora, Morrison? –dijo él, no sin antes revolverle el pelo.
—Ella –dijo
señalándome–no quiere acostarse contigo. Tú –dijo señalándolo ahora a él– no
dejas de acosarla, para después follarte a otras. ¿¡Qué clase de relación tenéis
vosotros!?
—Ninguna.
–dijimos sorprendentemente al unísono, y Sam no tardó en sonreír de lado y
echar una carcajada.
—¡Aprovechasteis
esta noche que yo no estaba para copular!
—¿Qué? ¡No!
¿Cómo puedes pensar eso? –me defendí.
—Porque es
lo más lógico. Me alegra que me hayáis echo caso y le deis algo de morbo al
internado.
—El día que
dejes de hablar de ______ y de mí, y aun por encima de relacionarnos
sexualmente, juro que celebraré una fiesta. –añadió Harry, intentando librarnos
de aquel interrogatorio.
—Ya veo, entonces,
si no os habéis acostado, hagamos una apuesta.
—¿Para qué?
–refunfuñé, esto no tenía buena pinta.
—Calla y
escucha. –me dijo– Acabo de descubrir qué os pasa, ¡miraos! Si es que el que no
se dé de cuenta… Bah, la cosa, queda así: Tenéis que fingir ser mejores amigos
durante toda esta semana.
—¿Mejor
amigo de ella? –rió irónico señalándome con la cabeza y yo lo miré
entrecerrando los ojos. ¿Esto era una especie de concurso para ver quién era
más bipolar de los tres?
—Sí, mejor
amigo. –continuó la morena. –Y ya sabes cómo son los mejores amigos. –sonrió
socarronamente. – Siempre están juntos.
—¡Venga ya
Sam! –exclamé, era una broma, lo que decía no tenía sentido. –Yo no puedo
llevarme bien con él un día entero sin discutir. ¿Pretendes que estemos siempre
cerca?
—No, eso
sería complicar las cosas. Porque no podéis tener sexo juntos.
—Esa parte
me gusta. –admití y a Harry se le escapó una sonrisa por la comisura de sus
labios.
—¿Y qué
ganamos con esto? –se interesó el rulos. No íbamos a ganar nada, todo lo que
había dicho Sam desde que llegamos no tenía pies ni cabeza.
—Está bien,
si ______ discute contigo antes del final de esta semana, Styles, tú ganas.
–dijo mirándolo, antes de clavar su mirada miel en mí y sonreír. –En cambio, si
es Harry el que no aguanta y te grita o discute contigo, _______ tú ganas.
—¿Y si
ninguno de los dos pierde? –pregunté. –¿Ganas tú?
—Si ninguno
pierde, pues decidís el premio entre vosotros. ¡Yo gano de todas formas! Me
reiré a más no poder durante esta semana. Míralo por el lado positivo Harry –le
pasó un brazo por los hombros al rulos. –si tú ganas, te la llevas a la cama y
ella no puede decirte que no. –A partir de esa parte, parecí perderme. –En
cambio, si Selley gana, tendrás que dejarla en paz, para siempre, y dejar de
amargar su pobre estancia aquí.
—Estás como
una puta cabra. –le espeté.
—Acepto.
–dijo y creí haber oído mal.
—Vamos
______, solo será un juego. –rió Sam.
—Tus
delirios de chiflada no van a convencerme esta vez.
—¿Tienes
miedo a perder? –rieron los dos igual de sarcásticos, parecía que lo habían
ensayado.
—Acepto.
–acabé por añadir, sorprendiéndolos. No iba a perder, porque sin darse cuenta,
Sam me había dado la solución a todos mis problemas.
[ … ]
—¿Y hoy?
¿Por qué no? –pregunté al señor Gaffigan, que pretendía irse de nuevo,
dejándonos a mí y a Harry ensayar solos.
—Señorita
Selley, a menos que quiera organizar usted el festival de este domingo, debo
encargarme yo, así que si hace el favor de dejar de quejarse y entrar al salón
con su compañero de una vez, se lo agradecería. –añadió para luego dejarme sola
en el pasillo.
—Lo odio,
lo odio, lo odio, lo odio. –reiteré entrando en el salón de actos, donde Harry
ya estaba sentado en el borde del escenario.
—¿Alguien
viene de mala leche? –rió al verme roja de la ira.
—Tenemos
que volver a ensayar solos. –bufé– ¿Qué toca hoy?
—Estamos
casi al final, acto tres, Isabella está con Bruno en el apartamento de Sharon,
ambos están enamorados y chorradas de esas. Pero Bruno lo disimula e Isabella
se muere por sacarlo a la luz, si no fuera porque es el novio de su mejor
amiga.
—Ya, ya
recuerdo.
—Más o
menos como la vida real, andas las veinticuatro horas detrás mía y te mueres
por mí. –soltó y lo miré, descargando toda mi ira en él.
—¡Styles
eres…!
—Eh –me
detuvo– cuidado con lo que gritas, no vaya a ser que esta noche la tengas que
pasar en mi cama. –dijo guiñándome un ojo y entonces recordé la apuesta.
Maldije en bajo y subí a aquel escenario. Conseguí relajarme para interpretar
bien aquel acto, hasta que después de varios intentos, conseguí hacerlo sin
ningún fallo. A pesar de lo torpe que hoy estaba, Harry aún no había perdido la
paciencia, y se encontraba de lo más tranquilo del mundo apoyado en la cola del
piano, que todavía seguía allí. Entonces una melodía sonó en mi cabeza, y
aprovechando que estábamos tomándonos un descanso, me acerqué a él. ¿Estaba
segura de querer preguntárselo?
—Harry,
tengo que pedirte un favor. –dije seria, y conseguí que clavase su mirada verde
en la mía. ¿Lo haría? Después de lo que pasó, ¿volvería a hacerlo? Solo me
quedaba probar, ¿y si me decía que no?
—¿Cuál?
–interrumpió mis pensamientos y disipé las dudas antes de que consiguiesen
echarme atrás.
—Tócame el
piano. –solté sin pensarlo más. Una mueca extraña se dibujó en mi cara,
seguramente temiendo la respuesta.
—¿Que te
toque el piano?
—Sí. Quiero
escuchar… –intenté decir, pero no quería decirle que lo había estado
escuchando. – No conozco la canción, la tocabas el día en que yo volví a casa.
–intenté explicarle y pareció entenderme cuando se sentó en el banco que había
frente al piano, haciéndome un hueco al lado derecho. Me senté a su lado, ¿de
verdad iba a volver a tocarme el piano? Movió los dedos ágilmente sobre las
teclas, respondiendo a mi pregunta. La misma canción que había escuchado días
atrás salía de aquel instrumento. La melodía volvió a resonar en mi cabeza, y
entonces recordé aquella pregunta, “¿Por qué Harry me toca a mí?” Lo observé
cuando sus manos comenzaron a moverse más lento, anunciando el final de la
canción. Tenía los ojos cerrados, ¿volvía a confiar en mí? Los abrió lentamente
entretanto pulsaba los últimos acordes. Mientras mi mirada se encontraba con la
suya, colocó mis manos sobre el piano, en las teclas donde anteriormente habían
estado las suyas. Las cubrió con sus manos, pues estas eran el doble de
grandes, y lentamente la canción volvió a sonar. Esta vez por parte de ambos.
Acabé sentada sobre sus piernas y con su mandíbula apoyada en mi cuello
mientras la parte rápida de la canción sonaba perfectamente. Me asombré al ver
cómo era capaz de tocar aun con mis manos bajo las suyas sin un solo error. Sus
manos se detuvieron al final de la melodía, junto con las mías. Lo miré sobre
el hombro y entrelazó nuestros dedos. Y ese pequeño detalle me dio valor. Valor
para preguntarle lo que tanto tiempo había querido hacer.
—Harry.
–susurré.
—¿Sí? –dijo
más cerca de mis labios de lo planeado. Pero ahora no era momento de echarse
atrás.
—¿Qué
sientes cuando me tienes cerca?
·En el próximo capítulo·
Aquella
frase volvió a resonar en mi cabeza saliendo de sus labios. Y entonces, por una
vez en la vida hice caso a mi cerebro. No sabía si era lo correcto o no, pero
sí lo que me convenía.
Holaaaa me encanta tu noevla es genial espero el siguiente. Este es mi Tuenti por si quieres avisarme por ahi lydia styles besos xxx
ResponderEliminarEsta novela me tiene enganchada.Estoy deseando leer el proximo capitulo!
ResponderEliminarYa podéis encontrar el siguiente capítulo :)
ResponderEliminarLydia, tan pronto me aceptes, te avisaré con cada capítulo ^^